Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Del brindis con capa a la irrelevancia política: el fundador que acabó siendo un estorbo para Abascal.
EL PRINCIPIO DEL FIN
El 12 de octubre de 2025, mientras Felipe VI presidía el desfile de la Fiesta Nacional, Santiago Abascal decidía no acudir. Rechazaba lo que consideraba un acto de “blanqueamiento” del Gobierno de Pedro Sánchez. Aquel gesto de insumisión calculada pretendía reafirmar la pureza ideológica del líder ultra. Pero en la tribuna de autoridades, bajo los focos, había un rostro incómodo: Javier Ortega Smith. El abogado de los Abascal, el padrino de una de sus hijas, el cofundador del partido, el hombre que durante años gritó “ni un paso atrás” mientras soñaba con ser vicealcalde de Madrid.
Aquella foto fue una declaración de guerra interna. Ortega Smith desobedeció el guion del culto, y eso en Vox es anatema. A partir de ahí, su caída fue rápida. Perdió la portavocía adjunta en el Congreso, su voz en los medios y su papel de hombre fuerte en Madrid. Quedó reducido a concejal sin rumbo, aferrado a su acta y a un discurso cada vez más hueco.
El divorcio fue tan público como inevitable. Abascal, que antaño lo llamó “amigo, compañero y compadre”, decidió borrarlo del mapa. En su lugar, una nueva hornada de jóvenes ultras —Figaredo, Quero, Rocío de Meer— tomaba el relevo bajo un mismo dogma: disciplina absoluta. En Vox ya no caben los veteranos con criterio propio, solo los que asienten.
El partido ha cambiado de piel, pero no de esencia. Del romanticismo castrense de los primeros años —banderas, fusiles, cacerías— se ha pasado a una maquinaria de poder más fría y controlada. Y en ese engranaje, Ortega Smith es una pieza que chirría. Su fidelidad personal a Abascal ya no compensa su falta de utilidad política.
EL FUNDADOR CONVERTIDO EN FANTASMA
Ortega Smith representa la tragedia clásica del militante que confunde el fanatismo con el mérito. Fue secretario general, vicepresidente y rostro mediático de un partido que prometía “devolver España a los españoles”. Hoy, es solo un eco.
Su gran error fue creer que podía actuar por libre. Acudió a la presentación del think tank Atenea, del también defenestrado Iván Espinosa de los Monteros, y se atrevió a respaldar las críticas de Juan García-Gallardo sobre el autoritarismo interno de Vox. En un partido que exige obediencia ciega, ese tipo de gestos equivalen a firmar la propia sentencia política.
Intentó maquillarlo hablando de “coaliciones de salvación nacional” con el PP, pero el mensaje sonó a traición. La dirección lo interpretó como una rendición ante la derecha tradicional, justo cuando Abascal insiste en su papel de alternativa “patriótica” frente al sistema.
En los pasillos del Ayuntamiento de Madrid, sus propios concejales lo explican con una metáfora futbolística: “Se mueve el banquillo”. El hombre que creía tener mando en plaza ahora no tiene ni equipo. Le consuelan diciendo que así tendrá más tiempo para “centrarse en la ciudad”. Traducido al castellano político: lo están apartando sin escándalo.
Ni siquiera sus mensajes en redes, llenos de fotos con Monasterio y Espinosa de los Monteros —los otros dos caídos del altar— logran revertir la imagen de declive. Habla de “no olvidar de dónde venimos” mientras el partido ya diseña un futuro sin él. La estructura que ayudó a construir lo ha devorado.
Ortega Smith fue el retrato perfecto de un partido en auge: testosterona, épica y resentimiento. Ahora es el retrato de su agotamiento: un hombre solo, que defiende una pureza ideológica que su propio partido ha convertido en mercancía electoral.
Vox nació para combatir a los “enemigos de España”, pero hoy devora a los suyos con la misma furia. Y en esa hoguera de vanidades, Ortega Smith ya no es el general, sino la leña.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir