Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La derrota socialista no es solo electoral. Es cultural, emocional y política. Mientras Moreno destruye servicios públicos sin castigo, el PSOE sigue haciendo campañas como si Andalucía fuese la de hace veinte años.
Por Javier F. Ferrero
EL PARTIDO QUE DEJÓ DE ESCUCHAR
Hay algo especialmente demoledor en los resultados andaluces del 18 de mayo. No es solo que el PSOE haya vuelto a perder. Ni siquiera que María Jesús Montero haya perforado el peor suelo electoral de la historia reciente socialista en Andalucía. Es algo más profundo. Más incómodo. El PSOE ya no entiende Andalucía. Y quizá lo peor es que todavía no lo sabe.
Porque uno puede perder unas elecciones por desgaste, por contexto internacional, por una mala campaña o por un rival fuerte. Lo que le ha ocurrido al socialismo andaluz es distinto. Lo que estamos viendo es la ruptura de un vínculo histórico entre un partido y una parte enorme de la sociedad que durante décadas se reconoció en él. Ya no ocurre. Ya no se miran igual.
Y eso tiene consecuencias brutales.
El dato es devastador: el PSOE pasa de 30 a 28 diputados pese a aumentar en unos 59.000 votos respecto a 2022. La participación sube casi nueve puntos. Había movilización progresista. Había electorado dispuesto a votar contra Moreno Bonilla. Pero esa energía no fue al PSOE. Se fue a otro lugar. A Adelante Andalucía. Ahí está el problema real.
Durante semanas, Ferraz y el aparato socialista repitieron la misma idea: que estas elecciones eran un “referéndum sobre la sanidad”. Y, sinceramente, tenían motivos para intentarlo. Andalucía vive un deterioro obsceno de la sanidad pública. Listas de espera disparadas. Saturación en atención primaria. Privatización silenciosa. Derivaciones masivas a clínicas privadas. Profesionales agotadas y agotados. La situación es tan evidente que incluso el CIS andaluz situaba la sanidad como el principal problema de la comunidad.
Y aun así Moreno gana.
Ese es el dato político más importante de toda la noche electoral. Mucho más que los escaños.
Porque significa que el sufrimiento social ya no se traduce automáticamente en castigo político. Y eso debería aterrar a cualquiera que crea en la democracia social. La gente puede pasar meses esperando una prueba médica y aun así votar al mismo gobierno que deteriora el sistema. Puede ver cómo se precariza la educación pública y seguir premiando al responsable. Puede asumir el deterioro como si fuese meteorología. Como si no hubiese responsables.
Ahí el PSOE no ha sabido leer nada.
Han hecho una campaña vieja para una sociedad distinta. Una campaña diseñada desde despachos. Demasiado racional. Demasiado institucional. Demasiado convencida de que señalar problemas basta para movilizar. Ya no basta. Hace tiempo que no basta.
MORENO OCUPÓ EL CENTRO Y EL PSOE SE QUEDÓ SIN RELATO
Hay una escena bastante simbólica en todo esto. Mientras el PSOE seguía hablando como el viejo partido de gobierno andaluz, Juanma Moreno llevaba años apropiándose de los símbolos históricos del autonomismo andaluz y construyendo una imagen de gestor moderado. Y lo más increíble es que le ha funcionado incluso mientras deterioraba servicios públicos esenciales.
Eso debería estudiarse con calma.
Porque Moreno no gobierna desde el conflicto. Gobierna desde la anestesia. Desde una especie de moderación performativa donde nunca parece responsable de nada. Nunca grita. Nunca tensiona. Nunca parece ultra. Aunque necesite a Vox. Aunque su partido lleve años normalizando discursos reaccionarios. Aunque Andalucía se convierta poco a poco en un laboratorio de privatización y precariedad institucional.
Y mientras tanto el PSOE aparece como una estructura cansada. Muy pesada. Muy aparatosa.
La candidatura de María Jesús Montero era presentada como un golpe de autoridad. La gran figura estatal que iba a recuperar Andalucía. La realidad fue otra. Una campaña fría, poco callejera, encerrada en mítines oscuros y escenarios controlados. Casi burocrática. Como si el partido tuviese miedo incluso de exponerse demasiado a la gente.
No creo que sea casualidad.
Montero representa exactamente aquello que una parte creciente de la sociedad identifica con la vieja política profesionalizada: décadas de aparato, gestión técnica, disciplina orgánica y desconexión emocional. Y eso pesa muchísimo más de lo que muchos analistas admiten.
Porque hoy la política también funciona como identificación cultural. La gente vota a quien siente cercano. A quien habla como ella. A quien parece entender su vida cotidiana. Incluso aunque luego aplique políticas perjudiciales. El PSOE sigue creyendo que la autoridad institucional genera confianza automáticamente. Pero llevamos años viendo que eso ya no ocurre.
Y entonces apareció Adelante Andalucía.
Un partido pequeño. Andaluz. Con lenguaje simple. Sin solemnidad permanente. Capaz de conectar con votantes jóvenes, abstencionistas y sectores desencantados que no soportan ni al PP ni a la izquierda institucional clásica. Pasaron de dos a ocho diputados. Rozaron el 10% de los votos. Le quitaron espacio político tanto a Vox como al PSOE y a Por Andalucía.
Eso debería hacer saltar todas las alarmas en Ferraz.
Porque demuestra que sí había ganas de movilización progresista. Sí había cabreo. Sí había espacio político. Lo que no había era confianza en el PSOE como vehículo de cambio. Y esa diferencia es gigantesca.
Durante años el socialismo andaluz sobrevivió porque era percibido como parte natural de Andalucía. Como una estructura casi orgánica del territorio. Eso murió. Moreno ha ocupado parte de ese espacio simbólico mientras el PSOE se convertía en una maquinaria electoral cada vez más centralizada y menos emocional.
Y hay algo todavía más duro. El PSOE ni siquiera parece entender por qué le ocurre esto. Sigue interpretando cada derrota como un problema de liderazgo, de estrategia comunicativa o de participación. Pero el problema es mucho más profundo. Tiene que ver con la pérdida de credibilidad histórica. Con décadas de institucionalización. Con haber dejado de parecer útil para transformar la vida de la gente.
La tragedia del PSOE andaluz no es haber perdido Andalucía. La tragedia es que ya no sabe cómo volver a hablarle.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Netanyahu ya no disimula: Gaza se ocupa por porcentajes
Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
👉 El artículo completo puede leerse en el primer comentario.
Y si quieres ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no baja la cabeza:
donorbox.org/aliadas
Contra el racismo institucional: Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le contestó con una palabra incómoda, pruebas
Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
El artículo completo puede leerse en el primer comentario 👇
Y si queréis ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no agacha la cabeza: Donorbox.org/aliadas
Aimar Bretos toma ‘Hoy por hoy’ mientras la SER intenta vender normalidad donde huele a crisis
La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
👉 Artículo completo en el primer comentario.
💥 Puedes ayudarnos a seguir haciendo periodismo incómodo en Donorbox.org/aliadas.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir