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Mientras te endeudas de por vida, hay quienes convierten tu necesidad de techo en su vía rápida hacia la jubilación anticipada.
LA VIVIENDA COMO PRODUCTO FINANCIERO, NO COMO DERECHO
Hay una mentira tan repetida que ya casi no molesta: “El mercado regula solo”. Esa idea ha servido durante décadas para justificar precios imposibles, desalojos disfrazados de renovaciones y una precariedad habitacional que ya se acepta como parte del paisaje. Pero la última estadística de Fotocasa dinamita incluso esa fachada de “normalidad”.
En mayo de 2025, el precio medio de la vivienda en España subió un 14,8 % respecto al año anterior. Es la mayor subida interanual jamás registrada. Solo en ese mes, el incremento fue del 4 %. Y aunque en la televisión te lo pinten con gráficos de colores y caritas sonrientes, lo que hay detrás es una maquinaria diseñada para expulsarte de tu barrio y convertir tu salario en una cadena perpetua hipotecaria.
El metro cuadrado se paga hoy a 2.635 euros. Una vivienda de 80 m² cuesta ahora 27.246 euros más que hace un año. ¿Te subieron el sueldo en esa proporción? A nadie. Pero los fondos de inversión no necesitan nómina. Solo necesitan que tú no puedas competir.
La responsable de Estudios de Fotocasa lo llama “momento histórico” y habla sin rubor de “repunte migratorio” y “tipos hipotecarios más ventajosos”. Es decir: culpan a quien huye de la guerra o busca trabajo, y a ti por atreverte a financiar una casa. Pero ni una palabra sobre las socimis que no pagan impuestos, los pisos turísticos que destruyen comunidades, o los ayuntamientos que venden suelo público al mejor postor.
El derecho a la vivienda no se ha evaporado: ha sido subastado, ladrillo a ladrillo, por los mismos que después te piden comprensión desde el telediario.
UNA ECONOMÍA BASADA EN LA EXCLUSIÓN
Los datos no mienten: 49 de las 50 capitales de provincia han subido de precio. Y en 30 de ellas, el aumento supera el 10 %. Castellón (20,8 %), León (19,9 %), Tenerife (19,9 %) y Valencia (15,1 %) encabezan una lista que parece redactada por Blackstone. La excepción es Girona, con un -0,2 %. En la era del algoritmo, eso no es un descuido: es una condena planificada.
Y mientras tanto, en la cima del disparate:
- San Sebastián: 6.784 €/m²
- Madrid: 6.011 €/m²
- Barcelona: 5.083 €/m²
- Palma de Mallorca: 4.957 €/m²
Todas estas ciudades tienen algo en común: han sido invadidas por la lógica de la inversión, no de la vida.
La vivienda se ha convertido en la gallina de los huevos de oro de la banca, las aseguradoras, las promotoras y los fondos extranjeros. Tú solo estás aquí para pagar, alquilar, o marcharte.
Baleares supera por primera vez los 5.000 €/m². Pero no es un récord. Es una frontera ideológica. Una línea que separa a quienes poseen suelo y a quienes lo pisan. A quienes invierten desde un despacho en Luxemburgo y a quienes buscan alquiler en Milanuncios.
NO ES NATURAL: ES POLÍTICO
No es una casualidad que el precio de la vivienda suba en plena crisis del coste de vida, con la inflación disparada, los sueldos congelados y los tipos de interés estrangulando a quienes tienen hipoteca. No es el mercado «en ebullición». Es una decisión política.
Porque se podrían poner límites al precio de los alquileres, como han hecho en Berlín o Lisboa. Se podrían prohibir los pisos turísticos en zonas tensionadas. Se podría construir parque público de vivienda, no dejarlo al albur de constructoras amigas. Pero no se hace.
Y cuando alguien lo intenta —como ocurrió con la ley estatal de vivienda— se le vacía de contenido hasta dejarlo en papel mojado. El resultado: cientos de miles de personas atrapadas entre pagar lo que no tienen o irse donde no quieren.
El artículo 47 de la Constitución española dice: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho”.
¿Alguien puede leer esto en voz alta sin reírse?
Porque no es una exageración: hoy, en el Estado español, sale más rentable comprar cinco pisos y alquilarlos que trabajar 40 años. Y eso no es eficiencia. Es indecencia.
Mientras tú haces malabares para pagar el alquiler, hay quienes viven de que no llegues a fin de mes. No es el mercado. Es el sistema.
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