Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La propaganda pretende invertir la historia para despojar a las y los palestinos de su tierra y su memoria.
MITO DEL RETORNO Y LA INDIGENEIDAD
El 12 de julio de 2025 colgó en la Ciudad Vieja ocupada un letrero en inglés que resumía un programa político: Make Gaza Jewish Again. Semanas después, el Gobierno aprobó planes para tomar Gaza capital y, en paralelo, reactivar el proyecto E1 en Cisjordania. A comienzos de agosto de 2025, Benjamín Netanyahu se declaró en misión “histórica y espiritual” para expandir fronteras. Las fechas importan porque muestran método: julio, agosto, aprobación tras aprobación, y una promesa explícita de anexión.
Para justificarlo, se recicla el viejo relato del “retorno”. Europa lo usó una y otra vez. Francia dijo “volver” a la herencia romana al ocupar Argelia en 1830. Italia invocó Roma para invadir Libia en 1911. El nazismo vendió su avance hacia el este como regreso a espacios poblados por germanos. En esa tradición, el sionismo europeo presentó la colonización de Palestina como retorno a una “tierra antigua”. El truco no fue nuevo. La coartada sentimental enmascara una operación material: sustituir población y erigir soberanía donde ya existía un pueblo.
Se confunde además indigeneidad con teología. La Biblia narra conquistas, no títulos de propiedad. La propia historia de la región es la de una mayoría autóctona que siguió siéndolo tras la conquista árabe del siglo VII. La arabización y la conversión al islam fueron procesos largos (en torno a cinco siglos para que la mayoría se hiciera musulmana), no un trasplante demográfico masivo. En el siglo XI, cuando llegan las Cruzadas, la población era mayoritariamente local y de habla árabe. En 1919, David Ben-Gurión e Yitzhak Ben-Zvi escribieron que gran parte del campesinado palestino descendía de antiguos habitantes hebreos que, con los siglos, se convirtieron primero al cristianismo y después al islam. Si la memoria histórica sirve, debe servir para todas y todos, no solo para quien empuña el fusil.
El argumento genético cierra el círculo de ficciones. Aun si se probara una conexión parcial con comunidades antiguas, eso no otorga derecho a colonizar en 1948, en 1967 o en 2025. Las y los estadounidenses blancos tienen ancestros europeos y nadie concede por eso licencia para recolonizar Europa. La antigüedad no legitima el despojo presente.
EXCEPCIONALISMO FALSO Y PRÁCTICAS DE APARTHEID
La otra coartada afirma que esto no sería “colonial” porque no habría metrópoli. La historia desmiente esa ingenuidad. El Imperio británico patrocinó la colonización sionista desde finales del siglo XIX y la consolidó en el Mandato (la Declaración Balfour de 1917 lo deja escrito). En los proyectos europeos de asentamiento fue habitual mezclar procedencias: Irlanda fue colonizada por escoceses, ingleses, alemanes y hugonotes; el sur de África por neerlandeses y hugonotes; el norte de África por franceses, españoles, italianos, suizos o malteses. La mezcla no niega el patrón. Lo confirma.
Otra línea defensiva repite que el sionismo fue “liberación nacional”, no colonialismo. Tampoco hay novedad. Las colonias de poblamiento en América del Norte proclamaron independencia para asegurar la propiedad arrebatada a pueblos originarios. Las y los bóers libraron guerras para su “autodeterminación” frente a Londres mientras sostenían la supremacía blanca. La retórica emancipadora no desactiva la estructura de dominación. La reproduce.
Cuando se mira la arquitectura institucional, el parentesco salta a la vista. Sudáfrica levantó desde 1959 diez bantustanes “independientes” para despojar de ciudadanía a la mayoría negra y preservar el poder blanco. Israel fragmenta desde hace décadas a las y los palestinos con áreas A, B y C, bloques de colonias, vallas y un sistema diferenciado de derechos. El relanzamiento del plan E1 en 2025 endurece ese tablero porque corta acceso a Jerusalén Este y desplaza a comunidades beduinas. Su objetivo declarado por altos cargos es “enterrar la idea de un Estado palestino”. No es seguridad, es ingeniería demográfica con fecha y firma.
Tras octubre de 2023, la ofensiva comunicativa se aceleró. Fichas, “factsheets” y columnas repiten que llamar colonial a Israel es “falso” porque, dicen, un pueblo habría vuelto a su hogar para convivir en dos Estados. La realidad de 2025 es otra: anexión de facto, asentamientos en expansión, un asedio que usa el hambre como arma y uniformes con mapas de una “Gran Israel” cosidos en el pecho. La propaganda convierte a las y los palestinos en colonizadores de su propio país y borra las raíces coloniales del sionismo. El mundo religioso cristiano (primero católico con su teología antijudía, después protestante con su milenarismo) aportó durante siglos el mito legitimador de una “promesa” divina. El capitalismo actual provee el andamiaje económico y militar que la hace efectiva.
Las fechas ayudan a desmontar el espejismo. Siglo VII, conquistas sin reemplazo masivo. Siglo XI, cruzadas. Siglo XVIII, Catalina II poblando territorios otomanos con colonos variados. 1897, una Odesa mayoritariamente no rusa. 1917, patrocinio británico escrito. 1919, texto de Ben-Gurión y Ben-Zvi sobre la continuidad local. 1967, ocupación de Cisjordania, Jerusalén Este y Golán. 12 de julio de 2025, el lema que lo dice todo desde un balcón en Jerusalén. Agosto de 2025, luz verde para E1 y para tomar Gaza capital. Cronología, no metáforas: paso a paso, un proyecto de asentamiento que nunca dejó de serlo.
Queda la pregunta ética y política. ¿Qué significa “autodefensa” cuando se gobierna con muros, puestos de control, cortes de agua y hambre planificada? ¿Qué significa “indigeneidad” cuando se niega a las y los palestinos incluso el derecho a nombrar a sus antepasados hebreos o cananeos como parte de su historia? Nombrar no basta, pero es urgente. Llamarlo por su nombre abre la puerta a lo que más teme cualquier régimen de apartheid: la igualdad de derechos, la reparación y el fin del privilegio armado.
La “Gran Israel” no es destino ni profecía, es un programa de anexión en curso que exige, hoy, un alto definitivo y justicia para las y los despojados.
Síguenos en Telegram: https://t.me/SpanishRevolution
Apoya nuestro trabajo: https://donorbox.org/aliadas
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir