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Tras los negacionistas de la pandemia, de la nieve o incluso de los pájaros, nos encontramos con los sorprendentes negacionistas de los volcanes.
Estos últimos meses hemos tenido que tragarnos a un tipo de gente que, creyendo ir contracorriente, en realidad van contra la lógica. Los negacionistas de la pandemia o de la COVID-19 creen que la enfermedad infecciosa causada por el virus SARS-CoV-2 y la pandemia no son reales o la gravedad de las mismas no es elevada.
Unos afirman que el virus fue creado en el laboratorio chino de Wuhan donde comenzó el brote y otros como el cantante Miguel Bosé piensan que la pandemia fue “la gran mentira de los gobiernos” y una estrategia de Bill Gates para inyectar microchips a la humanidad y poder controlarla por medio de la red de telefonía 5G.
Algunos van más allá y vinculan la pandemia a las compañías farmacéuticas a las que acusan de criticar la hidroxicloroquina para vender sus productos e incluso afirman que patentaron el virus.
Negacionistas de la nieve
Tras el paso de la borrasca Filomena en enero y la llegada de la nieve a lugares donde no es habitual y en cantidades nunca vistas, los negacionistas de la nieve inundan las redes sociales armados con sus mecheros.
Según estos negacionistas la nieve no es nieve, sino plástico, ya que al acercar el mechero a una bola de nieve no se derrite sino que se mancha de negro. Amparados en «la prueba del mechero», la red se ha llenado de vídeos.
Antes de que estos vídeos se hiciesen demasiado virales, el científico y biólogo Álvaro Bayón dedicó un hilo en Twitter a explicar ese fenómeno. «Empecemos por el principio. Usamos un mechero de butano o de gasolina, y usamos nieve previamente apelmazada. Esas dos variables son relevantes», comienza diciendo.
El científico ha explicado por separado el fenómeno de que una bola de nieve se manche de negro y por otro lado el tema de que no se derrita. Según Bayón, al usar un mechero estamos quemando un combustible (butano o gasolina), que contiene una interesante cantidad de impurezas que, al quemarse, forman hollín, un hollín que se deposita sobre la superficie y hace que se ponga negro.

En relación al tema de por qué no se derrite, el biólogo explica que «el agua (incluso congelada) tiene un alto calor específico. Si la bola de nieve está apelmazada (eliminas el aire que hay entre los copos de nieve), el hielo está en contacto con… bueno, con más hielo».
Tremendo tener que explicar esto. Sin embargo, hay muchos más: desde negacionistas del holocausto a negacionistas de los pájaros (no es broma), el negar la realidad se ha convertido en una inútil (y en ocasiones peligrosa) subversión de la lógica.
Pero hay un negacionismo que nos ha sorprendido: los negacionistas de los volcanes.
Negacionistas de los volcanes
La Guardia Civil ha evacuado a 5.000 personas afectadas por el nuevo volcán de La Palma (Canarias), que ha entrado en erupción este domingo a las 15.12, hora local, en Montaña Rajada, en la zona forestal de Cabeza de Vaca, en El Paso.
El nivel de emergencia ha pasado a semáforo rojo en la isla a las 17.00, hora local, y afecta a los municipios de Tazacorte, El Paso, Fuencaliente, Mazo y Los Llanos de Aridane, con unas 35.000 personas en total. Ya han sido evacuados vecinos de la zona de Alcalá y El Paraíso, y se ha iniciado la evacuación de barrios de El Paso, Los Llanos de Aridane y Tazacorte, en previsión del avance de la lengua de lava.
Las autoridades creen que en total podrían ser evacuadas hasta 10.000 personas y recomiendan a la población que cierren todas las ventanas y puertas exteriores, bajen las persianas y cierren los suministros de agua, gas y electricidad y que se dirijan a los puntos de reunión establecidos.
Un desastre de consecuencias aún no conocidas que, por extraño que parezca, hay gente que no se cree.
«Soy una persona de mente abierta que ha visto casi de todo, pero los negacionistas de los volcanes me ha pillado por sorpresa», comenta el usuario Larry Walters en Twitter, que ha recopilado una serie de comentarios de gente que no confía en que existan los volcanes. Una nueva locura que, de momento, preferimos tomarnos con humor.
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