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Convertir el dolor en negocio: la madre de los niños asesinados por José Bretón intenta frenar la publicación del libro sobre el crimen
El asesinato de Ruth y José, de seis y dos años, a manos de su padre, José Bretón, en 2011 fue uno de los crímenes más brutales y mediáticos de las últimas décadas en España. Ahora, ese dolor vuelve a abrirse en canal. Ruth Ortiz, madre de los dos menores, ha denunciado ante la justicia la publicación del libro El odio, de Luisgé Martín, donde Bretón admite públicamente por primera vez que mató a sus hijos. La editorial Anagrama, que había planeado lanzar el libro el 26 de marzo, ha paralizado temporalmente la distribución tras recibir un requerimiento legal de la familia.
Ruth Ortiz argumenta que el libro vulnera los derechos de sus hijos y su propia intimidad, al hacer públicos detalles privados del crimen y de la vida familiar sin su consentimiento. La abogada de Ortiz ha presentado un escrito a la Audiencia Provincial y a la Fiscalía de Córdoba, detallando cómo la publicación del libro ha provocado una nueva ola de dolor y daño psicológico para ella y su entorno. No es solo una cuestión legal: es una cuestión moral. ¿Hasta qué punto está justificado explotar una tragedia para convertirla en un producto editorial?
El libro se basa en las conversaciones que Luisgé Martín mantuvo con Bretón durante varios años, incluyendo alrededor de 60 cartas, llamadas telefónicas y encuentros presenciales. En él, Bretón confiesa públicamente su culpabilidad y pide perdón por el crimen. Pero Martín decidió no hablar con Ruth Ortiz ni pedirle permiso para escribir el libro. El autor admite en el texto que fue una decisión consciente: “No me habría atrevido a mortificarla con indagaciones”. Pero no pareció preocuparle el efecto devastador que tendría la publicación de esos detalles en la vida de Ruth y su familia.
Lo más grave es que el libro no solo explora la mente de un asesino, sino que lo hace a costa de la privacidad y el sufrimiento de las víctimas. Se convierte en un ejercicio de explotación emocional y comercial de una tragedia irreparable. La propia Fiscalía ha reconocido que la publicación de la obra podría constituir una vulneración de los derechos fundamentales de la familia, especialmente de los menores asesinados, y ha trasladado el caso a la Fiscalía de Barcelona, donde está radicada la editorial Anagrama.
EL NEGOCIO DE LOS CRÍMENES: ENTRE EL MORBO Y LA ÉTICA
El crimen de José Bretón fue ampliamente cubierto por los medios de comunicación, pero lo que plantea El odio va mucho más allá de la simple narración periodística. La obra explora en detalle el proceso mental del asesino, las circunstancias del crimen y las cartas que intercambió con el autor, desgranando cada matiz de su confesión. Esto no es información de interés público, es espectáculo morboso disfrazado de literatura.
El negocio del “true crime” ha crecido de manera exponencial en los últimos años. Documentales, series, libros y podcasts han convertido los asesinatos en una fuente de entretenimiento. Plataformas como Netflix o HBO han alimentado esta fiebre por el morbo, en la que el sufrimiento de las víctimas y sus familias queda reducido a un subproducto de consumo. Pero este caso va un paso más allá: aquí no estamos ante un documental frío sobre un caso criminal, sino ante un texto escrito en colaboración directa con el propio asesino. El libro le da voz y espacio a José Bretón para que se explique, pida perdón y se humanice. ¿Para qué? ¿Para redimirlo ante la opinión pública? ¿Para vender más ejemplares?
Luisgé Martín defiende que su intención era “comprender la mente de un asesino”. Pero esa supuesta exploración psicológica tiene un precio: el dolor y la revictimización de Ruth Ortiz y su familia. Al centrarse exclusivamente en la perspectiva de Bretón, el libro construye un relato que podría interpretarse como una justificación del crimen o, al menos, una humanización de un asesino condenado por doble asesinato con premeditación. Ese relato, con Bretón como protagonista, coloca a Ruth Ortiz y a sus hijos en un segundo plano, reduciéndolos a meros elementos narrativos en la historia del criminal.
La estrategia de la editorial Anagrama también merece un análisis crítico. El libro estaba listo para salir a las librerías el 26 de marzo, pero solo tras la denuncia de Ortiz y la presión mediática, la editorial decidió paralizar temporalmente la publicación mientras consultaba a sus abogados. ¿Qué esperaba Anagrama? ¿Qué no habría consecuencias legales? ¿Que Ruth Ortiz se quedaría callada mientras se lucraban con la historia del asesinato de sus hijos? La decisión de lanzar el libro demuestra una estrategia comercial calculada y profundamente inmoral.
José Bretón fue condenado en 2013 a 40 años de cárcel (20 años por cada asesinato), de los cuales cumplirá un máximo de 25 años. Saldrá de prisión en 2036. Bretón ya había confesado en privado el crimen en 2016, en el marco de un taller de justicia restaurativa. Que ahora decida hacer pública su confesión a través de un libro solo añade una capa más de manipulación y control sobre la narrativa del crimen. El asesino, desde la cárcel, sigue teniendo poder para influir en cómo se cuenta la historia de sus hijos.
El negocio del morbo y el dolor tiene límites. Darle una plataforma a Bretón para contar su versión de los hechos, mientras Ruth Ortiz y su familia lidian con las consecuencias emocionales y sociales, es un ejercicio de violencia simbólica. La editorial Anagrama y Luisgé Martín han cruzado una línea ética que nunca debería haberse traspasado. No todo puede venderse. Ni siquiera el dolor de una madre que ha perdido a sus hijos de la forma más brutal imaginable.
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