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El capital financiero que dice apostar por el futuro está convirtiendo la guerra en un producto escalable, rentable y deshumanizado.
La escena parece sacada de una presentación de Silicon Valley. Luces bajas, humo artificial, música épica y una promesa tecnológica envuelta en seda negra. Ocurrió el 21 de octubre de 2025. En ese escenario, la empresa Shield AI presentó el prototipo del X-BAT, un dron de combate autónomo diseñado para despegar verticalmente, operar sin pistas y seleccionar y atacar objetivos sin control humano directo. El espectáculo no ocultaba lo esencial. La guerra ya no se disfraza de seguridad, se vende como innovación.
El X-BAT no es una anomalía. Es el símbolo de una nueva fase del complejo militar-industrial, impulsada por fondos de capital riesgo que también obtienen beneficios de la economía del genocidio en Gaza. La inteligencia artificial aplicada al armamento no surge del interés público ni de la defensa colectiva, sino de apuestas financieras de alto riesgo que buscan una porción del presupuesto militar estadounidense, cercano al billón de dólares anuales.
CAPITAL RIESGO, IA Y EL MERCADO DE LA MUERTE
La entrada masiva del capital riesgo en la industria armamentística no es retórica. Según J.P. Morgan, la inversión en tecnología militar y aeroespacial alcanzó los 48.000 millones de dólares en 2024 y solo en la primera mitad de 2025 rozó los 38.000 millones, con previsión de superar el récord histórico de 55.000 millones de 2021. No se trata de defensa, sino de crecimiento acelerado.
La profesora Elke Schwarz, investigadora en ética militar, lo documenta en un estudio publicado por Cambridge University Press, donde señala que entre 2022 y 2023 los contratos federales estadounidenses en inteligencia artificial militar casi se triplicaron, con un aumento potencial de valor del 1.200%. La guerra se ha convertido en una startup.
Fondos como Andreessen Horowitz, Founders Fund o Sequoia Capital financian estas tecnologías mientras mantienen inversiones activas en empresas tecnológicas israelíes. Es una doble vía de beneficio. Por un lado, el Pentágono. Por otro, una economía de ocupación que ha mutado en economía de genocidio, como ha advertido la relatora de la ONU Francesca Albanese, que ha pedido explícitamente a gobiernos y corporaciones romper relaciones con ese entramado.
El American Friends Service Committee incluye a Shield AI entre las empresas que se lucran con el genocidio, señalando el uso de sus drones Nova 2 en operaciones israelíes en Gaza. No es un uso colateral. Es parte del modelo de negocio. Las guerras actuales funcionan como bancos de pruebas en tiempo real para tecnologías que después se exportan y escalan.
La influencia política acompaña al dinero. En 2024, Andreessen Horowitz canalizó 89 millones de dólares a partidos y comités de acción política en Estados Unidos. Para contextualizar, Lockheed Martin aportó 5,6 millones. El capital riesgo no solo financia armas, también compra poder político y acelera decisiones militares tomadas por responsables sin conocimientos técnicos suficientes para evaluar sistemas autónomos letales.
GAZA, SUDÁN Y LA NORMALIZACIÓN DEL ASESINATO AUTÓNOMO
El X-BAT está diseñado para portar misiles de largo alcance como el Red Wolf de L3Harris y munición del tipo JSOW-C-1, bombas guiadas de 500 libras. Son armas similares a las que han arrasado barrios enteros de Gaza y causado decenas de miles de muertes civiles. La diferencia es operativa. Menos pilotos, menos costes políticos, más facilidad para bombardear sin rendir cuentas.
La promesa de “precisión” es una coartada. La velocidad, la autonomía y la lógica algorítmica reducen la capacidad real de discernimiento, incluso cuando se mantiene una supuesta supervisión humana. Shield AI no ha respondido a preguntas sobre el grado de control humano en la toma de decisiones letales. El silencio también es una forma de respuesta.
Este modelo no se limita a Palestina. En Sudán, la guerra civil ha desplazado a más de 11 millones de personas y 33,7 millones necesitan ayuda humanitaria, según el International Rescue Committee en diciembre de 2025. Drones suministrados por potencias regionales y aliados occidentales han sido utilizados para asesinatos selectivos y destrucción de infraestructuras básicas. La tecnología aérea permite prolongar guerras que de otro modo serían insostenibles.
Israel también juega ese papel como proveedor. En noviembre de 2025, Elbit Systems anunció ventas de armamento a Emiratos Árabes Unidos por 2.300 millones de dólares, sin detallar el catálogo completo. Drones incluidos. El negocio no se detiene ante hambrunas ni desplazamientos masivos. El hambre y la guerra son variables asumidas en el cálculo financiero.
Hay alrededor de 3.000 multimillonarias y multimillonarios en el mundo con una riqueza acumulada de 16 billones de dólares. Ese poder económico bloquea sanciones, financia guerras y ahora depende de sistemas automatizados de vigilancia y muerte para proteger su dominio. La pregunta que planteaba Schwarz en Death Machines sigue vigente y se vuelve urgente.
La inteligencia artificial aplicada a la guerra no es un fallo ético del sistema, es su consecuencia lógica.
Para entender visualmente el tipo de tecnología que se está normalizando, este vídeo explicativo sobre el X-BAT ilustra con claridad la deriva que se presenta como progreso: https://www.youtube.com/watch?v=BEer2MXTAcU
Lo que se está construyendo no es el futuro de la defensa, sino un mundo donde matar sea una función automatizada al servicio del beneficio privado.
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