21 Ene 2026

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La ética del rastreamiento GPS en deportes profesionales con estudios de caso de GPSWOX
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La ética del rastreamiento GPS en deportes profesionales con estudios de caso de GPSWOX 

El deporte mueve entre el 1% y 2% del PIB mundial. Para 2030, los ingresos por publicidad superarán los 100,000 millones de dólares. ¿Y sabes qué significa eso realmente? Que cada latido del corazón de un atleta vale dinero. Mucho dinero.

Los monitores de frecuencia cardíaca fueron solo el principio. Ahora los sistemas GPS son tan sofisticados que registran cada movimiento. La Universidad de Michigan fue la primera en consentir la recopilación de datos biométricos privados de sus atletas como parte del contrato con Jumpman, una división de Nike. Monitores cardíacos, rastreadores GPS, todo. Imagínate tener diecinueve años y que Nike sepa más sobre tu cuerpo que tu propio médico.

Aquí viene lo interesante: muchos expertos piden más investigación porque no están seguros de que toda esta tecnología biométrica mejore realmente lo que ya teníamos. El monitoreo de variabilidad de frecuencia cardíaca suena científico e importante, pero varios investigadores serios dicen que necesita una base más sólida antes de convertirse en estándar.

Los equipos pueden monitorear atletas 24/7. Cuando entrenan, cuando descansan, cuando están en casa. Marc-André ter Stegen, portero del Barcelona, se negó rotundamente a firmar el informe médico que permitiría al club remitir sus datos de salud a LaLiga. Tenía razón. La autonomía del paciente no desaparece porque firmes un contrato millonario.

Los datos biométricos son increíblemente sensibles y con las apuestas deportivas explotando hay muchísimo dinero en juego para quien consiga esa información. En 2016 la WADA fue hackeada. Venus Williams, Serena Williams, Simone Biles. Sus datos médicos y autorizaciones terapéuticas expuestos por el grupo ruso Fancy Bears. Abril de 2023, la federación holandesa de fútbol sufrió ransomware LockBit. Más de un millón de datos filtrados. Los Houston Rockets, 2021, ransomware Babuk Locker. 500 GB de información confidencial en manos de criminales.

Plataformas como GPSWOX tienen más de 100,000 usuarios mundialmente y permiten rastrear objetos ilimitados en tiempo real. Impresionante tecnológicamente, pero éticamente complejo cuando esos «objetos» son personas que juegan al baloncesto.

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Las ligas quieren los datos, los equipos rivales también porque pueden explotar debilidades físicas de adversarios, y los fans de deportes de fantasía pagarían lo que fuera por información privilegiada. Es como dejar a los lobos cuidando las ovejas.

¿El consentimiento? Si no firmas no juegas. Si no juegas no cobras. ¿Eso es consentimiento libre? Una vez que firmas pierdes todo poder de negociación sobre las ganancias que genera tu información.

Las regulaciones federales estadounidenses sobre tecnologías biométricas en deportes no existen. En hospitales HIPAA protege datos biométricos, pero en el deporte profesional es el lejano oeste. Europa va mejor con el GDPR. La Audiencia Nacional española estableció que los datos sobre dopaje son datos de salud y violarlos constituye falta muy grave. La Agencia Española de Protección de Datos ha sancionado clubes por obtener consentimientos inválidos.

Cuando Gareth Bale ejerció su derecho a privacidad médica en el Real Madrid la prensa española perdió la cabeza hablando de la «ley Bale«. No inventó nada, simplemente aplicó derechos que tiene cualquier trabajador español. Durante la Eurocopa, cuando Christian Eriksen sufrió un paro cardíaco, sus compañeros formaron un círculo con sus cuerpos para que las cámaras no captaran las maniobras de reanimación. Entendieron instintivamente algo fundamental sobre privacidad médica.

En España existe una «brecha de seguridad estructural». Los datos de salud de futbolistas se discuten en tertulias televisivas y aparecen en portadas como entretenimiento público. Si fueran tus datos estarían protegidos por ley, pero si eres deportista de élite tu historial médico es contenido mediático. Los clubes intentan justificarlo pero el contrato del deportista es jugar, no convertir su información médica en espectáculo.

Más de 850 futbolistas liderados por Russell Slade han amenazado con demandar a empresas de juegos y apuestas por mal uso de datos personales. Las tecnologías futuras detectarán patrones de pulsaciones, sueño y ejercicio. Todo rastreado, todo almacenado, todo potencialmente vendido o robado. Necesitamos estándares éticos reales, no papel bonito que nadie lee. La privacidad no es un lujo que los atletas sacrifican por el éxito, es un derecho fundamental independientemente de cuánto ganen.

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