Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La justicia ordena repetir el juicio contra la actriz y su marido tras considerar insuficientemente motivada su absolución por fraude fiscal.
CUANDO LA FAMA NO DEBERÍA SER UN ESCUDO FISCAL
La imagen de una actriz querida por millones de personas vuelve a cruzarse con una pregunta incómoda. ¿Hasta qué punto las grandes fortunas, las celebridades y quienes pueden pagar sofisticadas ingenierías fiscales juegan con reglas distintas a las del resto de la ciudadanía?
La Audiencia Nacional ha decidido que el caso de Ana Duato no está cerrado. Ni mucho menos. La Sala de Apelación ha anulado la sentencia que la absolvió a ella y a su marido, el productor Miguel Ángel Bernardeau, y ha ordenado repetir el juicio del conocido caso Nummaria con magistradas y magistrados diferentes.
La decisión llega después de que la Abogacía del Estado, en representación de la Agencia Tributaria, recurriera la resolución que en julio de 2025 exoneró a ambos de delitos fiscales relacionados con el IRPF de los ejercicios 2010, 2011 y 2012 en el caso de Duato y de 2011 en el de Bernardeau.
Lo relevante no es solo que se repita el juicio. Es el motivo.
La Audiencia considera que la sentencia absolutoria no explicó de forma suficiente, racional ni jurídicamente sólida por qué debía descartarse la existencia de fraude. Los magistrados sostienen que las razones empleadas para absolver a los acusados no cumplen las exigencias mínimas de motivación que exige el ordenamiento jurídico.
No están diciendo que Ana Duato sea culpable. Están diciendo que la absolución no fue explicada adecuadamente. Y eso, para un tribunal de apelación, es un problema enorme.
Durante años se ha instalado una peligrosa normalidad alrededor de determinadas prácticas fiscales. Sociedades instrumentales. Cesiones de derechos de imagen. Estructuras diseñadas para reducir la factura tributaria. Siempre al límite. Siempre en esa frontera difusa donde la creatividad fiscal intenta disfrazarse de legalidad.
El mensaje implícito suele ser el mismo: quien tiene recursos accede a mecanismos inaccesibles para la mayoría. Y cuando Hacienda llama a la puerta, la defensa acostumbra a apoyarse en asesores, tecnicismos y complejas interpretaciones normativas.
LAS CIFRAS QUE LA AUDIENCIA DICE QUE NO CUADRAN
La resolución es especialmente dura en uno de los puntos centrales del caso.
Según la Audiencia Nacional, la sentencia anulada no explicó suficientemente cómo podía descartarse la existencia de ocultación cuando los ingresos obtenidos por la actriz a través de una sociedad instrumental terminaron generando cuotas tributarias notablemente inferiores a las que le habrían correspondido de otra manera.
Los magistrados ponen números al asunto.
Recuerdan que mediante la sociedad Gaumukh AEIE y distintos contratos de cesión de imagen, Ana Duato tributó únicamente por el 40% de determinadas cantidades percibidas. La propia resolución destaca que de 2.240.000 euros ingresados durante esos años solo tributó por 896.000 euros. Una diferencia que, según el tribunal, “salta a la vista” y cuya justificación no aparece suficientemente razonada en la sentencia anulada.
También rechazan otro de los argumentos utilizados para absolverla: que carecía de formación fiscal específica y que actuó siguiendo asesoramiento profesional.
La Audiencia recuerda que el Tribunal Supremo ya ha establecido que para valorar el conocimiento exigible en materia tributaria no hace falta ser empresaria, economista o experta fiscal. Basta con el estándar de un “ciudadano medio”.
Ese detalle resulta especialmente significativo.
Porque durante décadas se ha consolidado una especie de cultura de la irresponsabilidad delegada. Si el asesor lo diseñó, si el despacho lo recomendó, si alguien firmó los papeles, entonces la persona beneficiaria parece quedar automáticamente protegida. La resolución cuestiona precisamente esa lógica.
Mientras tanto, Ana Duato insiste en su inocencia. Tras conocerse la decisión, denunció que Hacienda utiliza a las personas famosas para “meter miedo y ejemplarizar”, defendió que pagó todos sus impuestos y calificó el procedimiento como un “calvario judicial” de más de una década. También recordó que la Fiscalía no recurrió la absolución inicial.
En paralelo, el caso vuelve a señalar al asesor fiscal Fernando Peña, considerado el principal arquitecto de la trama Nummaria. Aunque la Sala rebaja su condena de 80 a 78 años de prisión al apreciar la prescripción de uno de los delitos, también ordena repetir parcialmente el juicio respecto a su papel como cooperador necesario en los hechos atribuidos a Duato y Bernardeau.
Hay algo profundamente revelador en todo esto.
Miles de trabajadoras y trabajadores pagan impuestos mediante retenciones automáticas sin posibilidad de diseñar estructuras societarias sofisticadas. No cuentan con despachos especializados ni con complejos mecanismos de optimización tributaria. Pagan. Punto.
Por eso cada gran caso de fraude fiscal genera tanta indignación social. No se trata solo del dinero. Se trata de la sensación persistente de que existe una justicia para quienes rellenan una declaración sencilla y otra para quienes pueden permitirse convertir los impuestos en una partida más de su estrategia financiera.
Ahora será un nuevo tribunal quien vuelva a escuchar las pruebas y decida. Pero una cosa ya ha quedado clara: la absolución que parecía definitiva acaba de convertirse en un juicio que tendrá que empezar de nuevo.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
Vídeo | Multar una jota
Empieza San Fermín. Y por aquí, ya se sabe, entusiasmo poco: lo del maltrato animal no se tapa con pañuelo rojo ni con tradición de postal. Pero entre el ruido, el alcohol, los toros y la liturgia turística también pasan cosas que merecen mirarse con atención. Como lo que ocurrió el año pasado, cuando miembros del Sindicato de Vivienda de Pamplona y Comarca cantaron una jota reivindicativa contra los desahucios. Una jota. Una canción popular. Cultura en la calle diciendo algo tan básico como que echar a la gente de su casa es una violencia social.
Pues bien: les han multado con 1.800 euros. No por romper nada. No por agredir a nadie. No por impedir nada. Por cantar. Y aquí está el precedente peligroso: cuando una expresión cultural en el espacio público puede acabar convertida en sanción administrativa, lo que se está castigando no es una conducta peligrosa, sino un mensaje incómodo. Hoy es una jota contra los desahucios. Mañana puede ser una pancarta, una performance, una copla, un mural o una consigna en una plaza.
Vídeo | La ciudad contra los pájaros
¿En qué momento una ciudad decide que el problema no es el cemento, ni el calor, ni la falta de árboles, sino los pájaros? En Rafaela, Santa Fe, Argentina, han colocado redes en la copa de los árboles para impedir que las aves se posen y ensucien las calles. Redes en los árboles. Porque parece que la naturaleza solo es bienvenida si no mancha, no canta demasiado y no molesta al comercio. Todo muy moderno, muy ordenado, muy limpio. Limpio de vida, básicamente.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir