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El Nobel de Economía denuncia el fracaso del neoliberalismo como el motor del ascenso autoritario y la creciente desigualdad global.
Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001 y crítico de larga trayectoria contra el neoliberalismo, no titubea al advertir sobre el sombrío futuro de Estados Unidos. Según Stiglitz, el país aún no es una oligarquía, pero va peligrosamente en esa dirección. El creciente control de figuras como Elon Musk, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos sobre la economía y la política norteamericanas no deja espacio para la democracia plena.
Stiglitz expone que esta élite económica no tiene intereses alineados con los del pueblo, sino con sus propias ganancias. La desinformación en redes sociales y la división social son vistas por estos oligarcas como herramientas aceptables para mantener su poder. “Antes llamábamos oligarcas a las élites rusas como un insulto, pero ahora los estadounidenses empiezan a usarlo para describirse a sí mismos”, señala Stiglitz.
La combinación de una concentración extrema de riqueza y el debilitamiento del Estado de Derecho, como el perdón a quienes participaron en el asalto al Capitolio el 6 de enero, son síntomas de un sistema en declive. “Estamos en una era de ausencia de estándares”, sentencia, mientras acusa al Partido Republicano de convertirse en cómplice de este desmantelamiento democrático.
EL NEOLIBERALISMO Y SU CONTRIBUCIÓN AL AUTORITARISMO
En su nuevo libro, Camino de libertad, Stiglitz lanza un ataque frontal contra las ideas de Friedrich von Hayek, quien defendía que solo los mercados libres garantizaban la libertad política. Ocho décadas después, Stiglitz asegura que esa teoría ha fracasado. El neoliberalismo no solo no ha solucionado los problemas de desigualdad, sino que ha creado un terreno fértil para demagogos como Donald Trump y Jair Bolsonaro.
El economista señala que las ideas neoliberales, aplicadas sin restricciones, han permitido que los monopolios se fortalezcan, que los bancos arriesguen la estabilidad de las personas y que los ciudadanos deban rescatar instituciones privadas cuando colapsan. La innovación, en lugar de estar dirigida a resolver problemas como el cambio climático, ha priorizado intereses corporativos estrechos, como mejorar motores publicitarios.
El resultado ha sido el crecimiento de brechas económicas que han alimentado la ira social. En palabras de Stiglitz, “la ira por no satisfacer las necesidades básicas, combinada con décadas de fracaso neoliberal, es lo que ha llevado al ascenso del populismo autoritario en todo el mundo”.
LA «LIBERTAD» SEGÚN LOS NEOLIBERALES
Stiglitz desmonta el concepto de libertad promovido por pensadores como Hayek y Milton Friedman. Según el Nobel, “la libertad para los lobos es la muerte de las ovejas”, en alusión a cómo la libertad corporativa ha significado explotación para la mayoría. Friedman, por ejemplo, no dudó en colaborar con la dictadura de Pinochet, argumentando que solo bajo un régimen autoritario podía implementarse el libre mercado.
Este modelo ha demostrado ser perjudicial no solo para la economía, sino también para la democracia. Stiglitz subraya que, mientras se proclamaba la libertad de mercado, “se ignoraron las condiciones para garantizar la verdadera libertad de las personas, como el acceso a una educación y una sanidad dignas”.
¿UN NUEVO CAMINO?
Frente al colapso del modelo neoliberal, Stiglitz aboga por lo que llama un “capitalismo progresista”. Este incluye regulación gubernamental, inversión pública y la creación de una ecología económica diversa que incorpore cooperativas, sindicatos y organizaciones sin ánimo de lucro. “No queremos que fondos de cobertura gestionen nuestras residencias de ancianos”, afirma, enfatizando la necesidad de instituciones que sirvan a las personas, no al lucro desmedido.
Stiglitz concluye que las democracias deben recuperar el respeto por la experiencia, la solidaridad y la participación ciudadana para enfrentar los desafíos del siglo XXI. Sin embargo, el tiempo corre en contra de un sistema que parece incapaz de autorreformarse.
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Excelente artículo y muy pertinente en de el momento actual
Lectura imprescindible. A escudriñar.
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