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La ocupación israelí eleva a más de 200 el número de periodistas muertos en Gaza, consolidando el mayor ataque a la prensa en décadas
Israel ha asesinado a dos periodistas palestinos en Gaza este lunes, elevando a 208 el número de informadores y trabajadores de medios muertos en el enclave desde el inicio del genocidio. Mohamed Mansour, del canal Palestine Today, murió cuando las bombas israelíes alcanzaron su apartamento en la ciudad de Jan Yunis, al sur de la Franja. Poco después, Hossam Shabat, reportero del canal catarí Al Jazeera, fue asesinado cuando el vehículo en el que se desplazaba en el norte de Gaza fue alcanzado por un proyectil israelí.
La cifra es escandalosa: más del 70% de los periodistas asesinados en el mundo en 2024 fueron víctimas de las tropas israelíes, según el informe anual del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ). En total, al menos 124 periodistas fueron asesinados en 18 países, pero el ejército de ocupación israelí se lleva la peor parte del balance.
La violencia de Israel contra la prensa no es nueva, pero ha alcanzado un punto crítico desde octubre de 2023. Al menos otros cuatro periodistas de Al Jazeera han sido asesinados bajo el fuego israelí en Gaza. Entre ellos, los camarógrafos Samer Abu Daqqa, Ahmed al Louh y Rami al Rifi, además del redactor Ismail al Ghoul. El jefe de la oficina de Al Jazeera en Gaza, Wael Dahdouh, que fue herido en el ataque que mató a Daqqa, perdió bajo las bombas a su esposa, tres hijos y un nieto.
El asesinato de Shabat no fue accidental. Israel llevaba tiempo señalando a este periodista y a otros compañeros de Al Jazeera como supuestos “terroristas”. El gobierno israelí acusó a Shabat de estar vinculado a Hamás y a la Yihad Islámica, basándose en datos obtenidos por los servicios secretos. La cadena rechazó esas acusaciones como “pruebas fabricadas” y denunció una campaña de persecución directa contra sus trabajadores. El objetivo es claro: silenciar a las pocas voces que aún informan sobre la masacre en Gaza.
ISRAEL RESTRINGE Y ATACA A LA PRENSA PARA IMPONER SU NARRATIVA
El asesinato de Shabat forma parte de un patrón sistemático de hostilidad de Israel hacia Al Jazeera y otros medios que informan desde Gaza. El gobierno de Benjamín Netanyahu ya ordenó el cierre de las oficinas de la cadena catarí en Jerusalén Este y Ramala, en septiembre de 2023. El mensaje es claro: cualquier periodista que informe desde el terreno y exponga los crímenes de guerra de Israel es un objetivo militar.
Además de los asesinatos, Israel mantiene un férreo bloqueo informativo sobre Gaza. Las tropas israelíes prohíben el acceso de la prensa internacional y atacan directamente a los medios que consiguen romper ese cerco. Las imágenes de la devastación solo llegan a través de periodistas locales que arriesgan sus vidas a diario para documentar la masacre.
El caso de Hossam Shabat es especialmente simbólico. El pasado 11 de febrero, Shabat publicó en la red social X (antes Twitter) un vídeo del emotivo reencuentro con su madre después de 492 días separados por el asedio. Su perfil en redes sociales se convirtió en uno de los más influyentes de la región, al proporcionar información directa y sin censura sobre la situación en Gaza. Ese nivel de visibilidad y compromiso con la verdad lo convirtió en un objetivo directo de las fuerzas israelíes.
Israel no solo ataca Gaza con bombas y misiles, sino que libra una batalla directa contra la información y la verdad. El asesinato de periodistas palestinos no es un daño colateral, sino una estrategia deliberada para controlar el relato y ocultar las atrocidades cometidas en Gaza. Cada periodista asesinado es una voz menos que puede documentar los crímenes de guerra y las violaciones de derechos humanos cometidas por las fuerzas de ocupación.
La comunidad internacional permanece inmóvil mientras Israel intensifica sus ataques. El asesinato de Hossam Shabat y Mohamed Mansour no es un hecho aislado, es parte de una campaña sistemática de censura y persecución. Matar periodistas no es un daño colateral, es una táctica de guerra.
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