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La violencia machista ha puesto fin a la carrera política de Íñigo Errejón, demostrando que nadie está por encima de las denuncias de abuso
La renuncia de Íñigo Errejón no es una sorpresa, sino el desenlace de una serie de hechos que evidencian el machismo enquistado incluso en las filas de la izquierda. Un proceso que, lejos de ser una conspiración, revela cómo las estructuras de poder reaccionan, a menudo tarde, a las denuncias de violencia machista.
EL INICIO DE LA CAÍDA: UNA DENUNCIA ANÓNIMA Y UNA SOCIEDAD QUE YA NO CALLA
Todo comenzó con un simple hilo en redes sociales. Un testimonio anónimo, recogido por la periodista Cristina Fallarás, desató la tormenta que terminaría por arrastrar a uno de los políticos más visibles de la izquierda española. Aunque la denuncia no mencionaba directamente a Íñigo Errejón, sí describía a un diputado en Madrid como maltratador psicológico, implicado en prácticas sexuales humillantes. Las redes no tardaron en especular, y el martes 22 de octubre, las primeras sospechas apuntaban directamente a Errejón. La gravedad de las acusaciones, unida al silencio inicial del portavoz de Sumar, marcó el inicio de su derrumbe.
Ese mismo martes, mientras Errejón pasaba el día en el Congreso negociando una ley con el PP, la dirección de su partido iniciaba una investigación interna. En privado, Más Madrid, el partido que cofundó, también se movilizaba para verificar la veracidad de la denuncia. Sin embargo, las sospechas eran tan claras que no hizo falta mucho tiempo para que la situación se precipitará. Lo que comenzó como un rumor en redes pronto se convirtió en una bola de nieve que Errejón ya no podía detener.
LAS PRIMERAS PRESIONES: UNA NOCHE DECISIVA
El miércoles 23 de octubre, Más Madrid dio el primer paso oficial. Tras una reunión de urgencia, la dirección del partido pidió a Sumar que exigiera a Errejón su dimisión. A lo largo de la jornada, las conversaciones entre los equipos de ambos partidos fueron tensas. Ya no se trataba solo de proteger a las víctimas de la denuncia, sino también de salvaguardar la imagen pública de dos formaciones que se habían presentado como defensoras del feminismo. Cualquier atisbo de protección a un acusado de violencia machista habría sido letal para ellos.
Mientras tanto, las declaraciones en privado se intensificaban. Fuentes cercanas a Sumar admitían que Errejón había sido advertido en varias ocasiones sobre su vida personal. Incluso se mencionaba un incidente anterior, en el que una joven había denunciado tocamientos no consentidos por parte del diputado en un concierto en junio de 2023. Aunque este episodio no llegó a los tribunales, la alarma estaba encendida. El machismo de Errejón no era algo nuevo para quienes le rodeaban, pero las advertencias se quedaron en eso: advertencias. Hasta ahora.
SUMAR ROMPE EL SILENCIO: EL FINAL DE UNA CARRERA
El jueves 24 de octubre, la situación llegó a su punto crítico. Por la mañana, Sumar convocó a su ejecutiva para tomar una decisión final, mientras que Más Madrid no dejaba lugar a dudas: Errejón debía dejar su cargo. Las presiones internas, sumadas a la condena pública en redes sociales, sellaron el destino del portavoz parlamentario. La decisión no podía retrasarse más. Mientras tanto, el propio Errejón, consciente de que su tiempo había terminado, optó por adelantarse a la sentencia oficial.
A las dos y media de la tarde, el ya exdiputado de Sumar publicaba un comunicado anunciando su renuncia a la política. En él, reconocía errores y admitía la contradicción entre su vida personal y los valores que defendía en público. El desgaste emocional y la “subjetividad tóxica” que mencionaba en su carta no hacían más que confirmar lo que muchas ya intuían: Errejón había cruzado límites que, en una sociedad comprometida con el feminismo, no podían tolerarse.
El comunicado, sin embargo, no fue suficiente para acallar las críticas. Durante las horas siguientes, varias figuras del entorno político y cultural se pronunciaron en contra del exlíder de Podemos. La actriz Elisa Mouliáa, por ejemplo, utilizó las redes sociales para denunciar que ella también había sido víctima de acoso sexual por parte de Errejón, sumando otra pieza más al rompecabezas de comportamientos machistas que rodeaban al diputado.
LA REACCIÓN DEL GOBIERNO: UNA CONDENA SIN TITUBEOS
La rápida caída de Errejón no pasó desapercibida en las altas esferas del Gobierno. Pedro Sánchez, presidente del Ejecutivo, fue uno de los primeros en reaccionar públicamente, expresando su apoyo a Yolanda Díaz y condenando cualquier acto que atentara contra el “proyecto de igualdad”. Las palabras de Sánchez, sin embargo, no podían maquillar una verdad incómoda para el espacio progresista: la izquierda había tardado demasiado en reaccionar a un problema que lleva años creciendo dentro de sus filas.
Yolanda Díaz, que se encontraba en Colombia en una visita oficial, también se pronunció. Su mensaje fue claro: tolerancia cero con cualquier forma de violencia machista. Pero las y los votantes de la izquierda no podían evitar preguntarse: ¿por qué se había permitido que Errejón llegara tan lejos sin que se le exigieran responsabilidades antes? La respuesta, aunque dolorosa, es sencilla: el machismo ha estado tan incrustado en la política de izquierdas como en cualquier otro espacio de poder.
EL LEGADO DE UNA RENUNCIA: UN AVISO PARA QUIENES VENDRÁN
El caso de Íñigo Errejón no es solo la historia de un político que cae en desgracia por sus acciones. Es el reflejo de una cultura patriarcal que sigue encontrando refugio en los lugares más insospechados, incluso en aquellos que se presentan como bastiones del feminismo. La renuncia de Errejón es un recordatorio de que nadie está por encima de la justicia, y que el tiempo de mirar hacia otro lado cuando se trata de violencia machista ha terminado.
La izquierda española tiene ahora una tarea monumental por delante. Si realmente quieren seguir siendo creíbles en su lucha por los derechos de las mujeres, deberán hacer más que pedir dimisiones cuando estallan los escándalos. Tendrán que revisar sus propios cimientos, cuestionar a quienes han permitido que actitudes como las de Errejón persistan, y asegurarse de que nunca más una figura con tanto poder pueda actuar impunemente. Porque el feminismo no es solo un eslogan; es una práctica diaria que debe empezar por quienes tienen el poder.
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El enlace al análisis original es este: https://www.ft.com/content/8955cbef-afe8-4c9f-8381-b279c7f4c2c0
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Las mujeres que fueron agredidas por Errejón tenían que haber denunciado , ¿ cómo calificar a ese hipócrita que dice cosas positivas y se comporta de manera machista con las mujeres .? Para mí es un vulgar asqueroso y una persona sin valores morales .