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Por Agustina Arcadia
Es evidente que la ultraderecha homófoba, tanto en España como en otros países europeos, lleva tiempo intentando blanquear su imagen con discursos aparentemente “modernos” o “tolerantes”, mientras vota sistemáticamente contra los derechos del colectivo LGTBI, incluyendo el matrimonio igualitario o las leyes de protección frente a los discursos de odio. Usan como coartada el miedo al Islam, construyendo un relato islamófobo para justificar su rechazo a la diversidad sexual.
En Alemania, esta estrategia ha llegado a situaciones insólitas: según datos del portal de citas ROMEO, la formación de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD) ha sido una de las opciones políticas favoritas entre hombres homosexuales, a pesar de su historial neonazi y su discurso reaccionario. Un fenómeno alarmante que muestra cómo el miedo y la desinformación pueden secuestrar incluso los espacios de disidencia.
En España, esta operación de lavado de cara también avanza. Figuras como el influencer de extrema derecha “Infovlogger” (Isaac Parejo) o el activista ultraconservador boliviano Carlos, autodenominados “marifachas”, son utilizados como escaparate para fingir diversidad dentro de un movimiento profundamente aporófobo, racista y machista. Ambos han sido protagonistas de enfrentamientos incluso con sectores moderados del Partido Popular, como María Guardiola en Extremadura, y han alentado vandalismo ideológico en municipios del sur de Madrid con excusas tan burdas como una estatua del Che Guevara.
VOX ha sabido aprovechar esta jugada. La nueva líder de su rama madrileña ha puesto el foco en criminalizar a los MENAS, lanzando el mensaje de que los homosexuales están en peligro por parte de los inmigrantes racializados, intentando convertir en víctimas a quienes históricamente han formado parte de una estructura de privilegio. Todo con un barniz de supuesto «orden» y «seguridad».
Ahora, la estrategia da un nuevo paso con un concepto inquietante: el “homocayetanismo”. El término ha sido utilizado recientemente en un post de LinkedIn por un profesor de la Universidad CEU San Pablo de Madrid (Ángel Manuel García Camona) —vinculado a entornos paleolibertarios, sionistas conservadores (la ACOM, que recientemente alabó a Abascal por su «férrea defensa» del Estado de Israel) y al Opus Dei— que publicó una pancarta de la extrema derecha polaca (recordemos que es el principal vocero de la extrema polaca de KONFEDERACJA en España y que llegó a celebrar la victoria del derechista Nawrocki como una derrota del lobby LGTB) en la que se equipara el nazismo con el movimiento LGTBI. Un acto abiertamente homófobo y desinformador. En el mismo texto, arremete contra la celebración del Orgullo y lanza ese nuevo concepto: “homocayetanismo”.
¿De qué se trata realmente? Todo apunta a un intento de canalizar el voto y la influencia de jóvenes homosexuales de clase alta, con valores reaccionarios, hacia una ultraderecha elitista que desprecia a las personas pobres, racializadas y a quienes defienden los derechos sociales. Este perfil —hombres gais de clase alta con discursos contra la inmigración, los servicios públicos y el feminismo— encuentra en esta narrativa un espacio cómodo para reproducir sus privilegios sin incomodidades progresistas.
Este profesor, muy bien valorado entre el alumnado por su tono desenfadado (y muy dado al postureo futbolero a merced de Florentino Pérez, pues en Marzo se le vio en el palco VIP del Bernabéu, y en otras ocasiones en Butarque, Leganés), podría estar usando su visibilidad para difundir estas ideas entre la juventud universitaria, consolidando una base “rebelde de derechas”, pero solo hacia abajo: contra los vulnerables, nunca contra los poderosos.
La pregunta es urgente: ¿Está naciendo un nuevo frente homófobo desde dentro del propio colectivo LGTBI, alentado por el elitismo madrileño? ¿Es el “homocayetanismo” una herramienta para criminalizar la pobreza, racializar la homosexualidad y debilitar el avance en derechos sociales y civiles?
El panorama debe ser investigado y denunciado por los medios de comunicación. No se puede permitir que, con apariencia juvenil y desenfadada (siempre con determinadas marcas de alto coste, para no mezclarse con la Plebe: Scalpers, Emestudios, Scuffers), se normalicen discursos de odio, se criminalice a la diversidad, y se perviertan las luchas históricas del movimiento LGTBI para mayor gloria de los señoritos de siempre.
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Por supuesto soy maricón