Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Una tregua convertida en excusa para bombardear un país entero mientras la milicia chií se desangra en público.
UNA MILICIA DESORIENTADA ANTE UNA ESCALADA QUE NO CONTROLA
En Beirut, un muro perforado por seis impactos de misiles es el nuevo decorado del día a día. Las y los vecinos cuentan los boquetes como si fueran parte del mobiliario urbano, un ritual que desde noviembre de 2024 se repite tras cada ataque israelí amparado en una tregua que nunca lo ha sido. Las y los menores memorizarán antes los cráteres que el alfabeto. Esa es la normalidad que Israel ha impuesto sobre Líbano mientras Hezbolá intenta sostener un relato que ya no encaja con la realidad.
El asesinato del dirigente militar Haytham Ali Tabatabai, ejecutado el domingo y enterrado el lunes, no solo abrió un nuevo agujero en el suburbio de Haret Hreik. Abrió otro en la autoridad interna del movimiento chií, atrapado entre dos decisiones imposibles: seguir sin responder tras 12 meses de ataques constantes o lanzar una represalia que devolvería a Líbano a un escenario de destrucción masiva como el que dejó más de 4.000 personas muertas durante la ofensiva previa a la tregua.
Hezbolá lleva un año sin disparar un solo misil, aferrado a su interpretación del alto el fuego: desarme solo en la frontera sur y gestión de la defensa a cargo del Estado libanés, ese Estado debilitado hasta la médula por décadas de corrupción y abandono. La estrategia les ha permitido reducir el castigo sobre su comunidad —mayoritariamente chií— devastada en 2023 y 2024. Pero también ha alimentado la percepción de que la milicia que se autoproclama “Resistencia” está paralizada, superada por una Israel que marca cada movimiento.
En la Librería Filosofía, las y los empleados intentan trabajar con las estanterías temblando. Las novelas de Carlos Ruiz Zafón vibraron más que las paredes, recuerda Layla Tarhini, de 31 años, que vive en la calle paralela a donde cayó el misil. Habla bajo los retratos de Hasan Nasralá, líder durante 30 años, muerto en septiembre de 2024 en otro ataque israelí. “Ellos pensarán en las y los civiles”, asegura, aunque reconoce que vive “asustada todo el tiempo”. Su frase condensa el dilema: la protección de la población se ha convertido en un freno estratégico, mientras Israel no tiene ningún freno.
UN PAÍS FRAGMENTADO Y UNA COMUNIDAD SEÑALADA
La fractura en Líbano es evidente. En los barrios cristianos, suníes o drusos el conflicto parece una tormenta lejana. No hay retratos de combatientes caídos ni calles reducidas a escombros. Para quienes no viven bajo los drones israelíes, el debate sobre la “normalización” con Israel —antes impensable— ya no es tabú. Cuando la guerra no te golpea la puerta, es más fácil comprar paz a costa del otro.
En cambio, para la población chií la idea resulta suicida. “Si les das un centímetro, te pedirán un kilómetro”, advierte Hussein Rayshouni, ingeniero de 30 años, mientras supervisa la reconstrucción de un edificio semi derruido en Ghobeiri. La ceremonia fúnebre por Tabatabai se celebra a unos metros, rodeada de miles de personas y con un aire de fuerza impostada. Las procesiones se han convertido en el último espacio donde Hezbolá puede exhibir músculo, ahora que su capacidad militar parece contenida por cálculo o por debilidad.
No asiste Naim Qassem, el nuevo secretario general, escondido desde que asumió el mando tras la muerte de Nasralá. En su lugar, Shekh Ali Daamoush intenta insuflar seguridad desde el Consejo Ejecutivo. Pero no despeja la duda esencial: qué puede hacer Hezbolá sin arrastrar a Líbano a otra catástrofe humanitaria.
La población lo siente en la piel. “Estamos perdiendo nuestras casas, a nuestras y nuestros seres queridos, la sensación misma de seguridad”, lamenta Rayshouni. Lo que describe no es solo miedo. Es la conciencia de una marginación específica, una vulnerabilidad selectiva que Israel conoce bien y explota con precisión quirúrgica. Y es también la prueba de que el Estado libanés, descompuesto, no tiene capacidad real para proteger a su ciudadanía frente a un ejército que actúa con total impunidad.
Israel bombardea a diario desde hace un año un país con alto el fuego. Y el mundo lo llama estabilidad.
Mientras tanto, los suburbios de Beirut se hunden bajo la repetición mecánica de sirenas, funerales, reconstrucciones y nuevos escombros. Las y los ciudadanos, atrapados entre la arrogancia militar israelí y la retórica militante de Hezbolá, se quedan sin espacio político propio. Su sufrimiento es la única moneda que parecen aceptar ambas partes.
Hezbolá dice que espera “el mejor momento” para responder. Israel decide cuándo puede temblar el cielo. Líbano se queda mirando desde el borde del precipicio mientras los misiles siguen escribiendo su futuro a golpes.
Y lo peor es que el silencio internacional confirma quién puede destruir sin consecuencias y quién debe enterrar en silencio.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Netanyahu ya no disimula: Gaza se ocupa por porcentajes
Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
👉 El artículo completo puede leerse en el primer comentario.
Y si quieres ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no baja la cabeza:
donorbox.org/aliadas
Contra el racismo institucional: Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le contestó con una palabra incómoda, pruebas
Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
El artículo completo puede leerse en el primer comentario 👇
Y si queréis ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no agacha la cabeza: Donorbox.org/aliadas
Aimar Bretos toma ‘Hoy por hoy’ mientras la SER intenta vender normalidad donde huele a crisis
La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
👉 Artículo completo en el primer comentario.
💥 Puedes ayudarnos a seguir haciendo periodismo incómodo en Donorbox.org/aliadas.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir