Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Los gobiernos europeos se aferran al conflicto para no asumir el coste político de su propio fracaso.
EUROPA BLOQUEA LA DIPLOMACIA PARA NO ASUMIR SU DERROTA
Lo ocurrido el fin de semana del 24 de noviembre de 2025 no habla de Ucrania, sino del pánico europeo a reconocer que ha sido arrastrada a una guerra que no puede ganar. El borrador de 28 puntos impulsado por Donald Trump, que incluye el veto definitivo al ingreso en la OTAN, el reconocimiento de territorios controlados por Rusia y un límite de 600.000 soldados para las Fuerzas Armadas ucranianas, fue recibido en Europa como una humillación. Pero la reacción europea no iba dirigida a defender a Kyiv, sino a protegerse de las consecuencias políticas de admitir que la estrategia de desgaste ha fracasado.
La respuesta de Bruselas y de varias capitales europeas llegó envuelta en el lenguaje de la resistencia moral, como si defender la prolongación de la guerra fuera un gesto de firmeza democrática. Las y los dirigentes europeos prefieren una guerra interminable antes que reconocer que han legitimado un modelo de seguridad construido sobre promesas vacías. Lo que temen no es una derrota militar ucraniana, sino el colapso de su narrativa.
El investigador ucraniano Volodymyr Ishchenko lo planteó con crudeza: la verdadera pesadilla para Europa no es que Rusia rechace el plan, sino que lo acepte. Sería la prueba visible de que durante más de dos años han empujado a un país agotado hacia una guerra imposible, mientras Ucrania se hundía en crisis militar, económica, social e institucional.
La contradicción es tan evidente que ofende. Los mismos gobiernos que han frenado procesos de negociación desde 2022 repiten ahora que solo aceptarán un acuerdo basado en la rendición total de Moscú. Se diría que han olvidado que fueron ellos quienes bloquearon conversaciones cuando aún había margen para frenar la destrucción.
Mientras tanto, el presidente Volodymyr Zelensky queda atrapado entre dos exigencias incompatibles: las de los aliados occidentales, obsesionados con mantener el relato heroico, y las de una sociedad exhausta que reclama negociar. Lo demuestra una encuesta de Gallup de julio de 2025: casi el 70 por ciento de la ciudadanía ucraniana prefiere un acuerdo antes que seguir luchando hasta una victoria imposible.
LA POLÍTICA DE LA NEGACIÓN Y EL NEGOCIO DE LA GUERRA
La versión europea del borrador, elaborada tras dos días de reuniones frenéticas, eliminó el punto sobre la neutralidad, borró cualquier mención a la no ampliación de la OTAN y elevó el tope militar a 800.000 soldados. Es decir, Europa reescribe una propuesta que no le pertenece para dificultar cualquier posibilidad de acuerdo. No buscan paz, buscan que la guerra continúe bajo condiciones políticamente cómodas para ellos.
Este movimiento llega acompañado de un repliegue silencioso pero significativo: los compromisos financieros para la reconstrucción se diluyen. En el texto original se hablaba de miles de millones de euros; en la contraversión europea se reduce el énfasis y se traslada el coste a las llamadas reparaciones mediante activos rusos congelados.
Europa descubre ahora el lenguaje de las reparaciones mientras lo ignora en otros escenarios donde su responsabilidad moral y económica es evidente. Ni una palabra cuando Israel ejecuta un genocidio en Gaza, tampoco cuando ignora informes de Naciones Unidas que documentan destrucción sistemática de infraestructuras civiles. La doble moral no necesita explicación, solo inventario.
Este giro revela lo esencial: Bruselas quiere una paz que no cueste dinero, que no cuestione a la OTAN y que no exhiba su error estratégico. Nada más. Nada menos.
La posición europea contrasta con el desgaste devastador que sufre la población ucraniana. Miles de muertos, ciudades arrasadas, una economía de guerra en ruinas y un país convertido en escenario de disputa entre potencias que jamás pagarán el precio humano.
Mientras las élites europeas blindan su relato, quienes pagan la factura son quienes empuñan el fusil o quienes no pueden escapar del frente.
La prolongación de la guerra es rentable para las industrias militares europeas y estadounidenses. Según diversos informes económicos recogidos en 2024 y 2025, el gasto en armamento en la UE ha crecido a cifras récord, beneficiando sobre todo a conglomerados privados que han convertido la guerra en un negocio estable.
La guerra sostiene un mercado que necesita enemigos, territorios devastados y acuerdos imposibles.
Europa se opone a un alto el fuego porque teme el día después. Ese día en el que habrá que explicar por qué la narrativa épica de la resistencia democrática quedó en nada, por qué se entregaron recursos ilimitados a una guerra perdida y por qué la ciudadanía europea ha financiado un conflicto que no acerca seguridad, sino inestabilidad duradera.
El mensaje de las y los europeos de a pie suele ser más claro que el de sus gobiernos. Las encuestas en varios países muestran un malestar creciente ante la deriva belicista, un rechazo a seguir gastando miles de millones en armamento y una incomodidad evidente con el alineamiento automático con Washington, más aún desde el regreso de Trump.
Ese malestar es lo que Bruselas intenta aplastar con discursos grandilocuentes sobre libertad y resistencia. Pero no hay épica que aguante 800.000 soldados movilizados, ciudades devastadas y una población que exige negociación.
Europa no quiere paz, quiere silencio.
Y el silencio nunca ha detenido una guerra.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
Vídeo | Dignidad contra la FIFA: el vídeo que desmonta el antirracismo de escaparate ya supera el millón de reproducciones
Nuestro vídeo sobre el gesto de Hossam Hassan contra el racismo ya supera más de 1 millón de reproducciones en apenas unas horas en nuestras redes. Y no es casualidad. La escena resume, en pocos segundos, una de las grandes hipocresías del fútbol global: la FIFA puede inventar símbolos, campañas y protocolos contra el racismo, pero cuando alguien los usa para denunciar una situación incómoda, el sistema mira hacia otro lado.
Vídeo | Votar al lobo: cuando la clase trabajadora compra el discurso de quienes la quieren más débil
Es el gran éxito político de la derecha: lograr que parte de la clase trabajadora mire hacia abajo con rabia y hacia arriba con obediencia. Que se enfade más con quien cobra una ayuda que con quien especula con su vivienda. Que sospeche más de una baja médica que de los beneficios empresariales. Que crea que pedir derechos es ser vago, pero acumular millones es mérito.
Nuestro vídeo lo resume sin anestesia: votar al lobo tiene consecuencias. No para los de arriba, que siempre tienen salida. Las consecuencias las pagan quienes dependen de un salario, de una sanidad pública, de una pensión, de un convenio, de una baja, de una vivienda digna.
Porque la política no es una camiseta de fútbol. No se vota para quedar bien con el jefe, ni para parecer más “moderado”, ni para repetir lo que dice la tertulia de la mañana. Se vota sabiendo de qué lado cae cada medida cuando llega la factura.
Si trabajas para vivir, no votes a quienes gobiernan para que otros vivan de tu trabajo.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir