El autoritarismo no siempre llega con tanques: a veces avanza a tiros, con uniforme federal y silencio cómplice
Estados Unidos no está al borde de una guerra civil. Está dentro de ella. No con frentes definidos ni declaraciones solemnes, sino con una violencia fragmentada, cotidiana y selectiva, ejercida desde el propio Estado federal contra parte de su población. Mientras buena parte de la prensa y la clase política siguen hablando de “polarización” o “tensión institucional”, en las calles se despliega otra realidad: tropas federales actuando sin control, personas asesinadas por observar o protestar y un poder ejecutivo que gobierna por hechos consumados.
Donald Trump no espera permisos. Rompe primero y normaliza después. Desmanteló las políticas de diversidad e inclusión sin debate ni respaldo legal suficiente y cientos de miles de trabajadoras y trabajadores públicos quedaron fuera. El impacto fue especialmente brutal entre las mujeres negras: unas 300.000 perdieron empleos estables en la administración. No fue un error administrativo, fue una purga política. También ordenó borrar lenguaje histórico sobre justicia racial en museos y edificios públicos, reescribiendo el pasado por decreto. Y mientras tanto, bombardeó embarcaciones en el Caribe causando alrededor de 100 muertes, sin pruebas ni autorización clara, y secuestró buques con petróleo venezolano como si el derecho internacional fuera una molestia opcional.
A esto se suma el despliegue de fuerzas federales en ciudades estadounidenses sin respeto a las autoridades locales, usando el peso del Estado central para imponer una lógica de ocupación. No es desorden, es método.
LA VIOLENCIA FEDERAL COMO POLÍTICA DE GOBIERNO
El trumpismo no solo gobierna desde arriba. Ha liberado una violencia específica, ejecutada por agentes federales que actúan como tropas de choque. No es retórica. Es sangre. El enero de 2026, en Minneapolis, Renee Good fue asesinada por agentes federales mientras ejercía como observadora civil. No era migrante. Era ciudadana estadounidense, madre y esposa. Fue tiroteada tres veces cuando intentaba marcharse tras apelar, inútilmente, a la humanidad de quienes la rodeaban.
Dos semanas después, Alex Pretti, enfermero de cuidados intensivos del sistema de veteranos, fue derribado, golpeado y ejecutado con nueve disparos en cinco segundos. Murió en el acto. También era ciudadano estadounidense. También estaba protestando de forma pacífica. El Gobierno reaccionó como ya es costumbre: criminalizando a la víctima. El Departamento de Seguridad Nacional y figuras como Kristi Noem recurrieron al término “terrorista” para justificar lo injustificable.
Los datos confirman que no se trata de casos aislados. En enero de 2026, The Wall Street Journal documentó al menos 13 episodios en los que agentes migratorios dispararon contra vehículos civiles. A finales de mes, la cifra ya estaba desfasada. En total, ICE y otras agencias federales han disparado armas de fuego contra población civil al menos 16 veces en este periodo. No hay investigación proporcional, no hay rendición de cuentas, no hay freno.
Esta violencia no distingue entre migrantes y ciudadanos. Distinge entre quienes obedecen y quienes estorban.
RESISTENCIA LOCAL Y EL MIEDO A ROMPER LAS FORMAS
Ante este escenario, algunos gobiernos locales han intentado reaccionar. En el condado de Montgomery, Maryland, se ha propuesto la County Values Act, que exige orden judicial para que ICE acceda a zonas no públicas y prohíbe el uso de instalaciones municipales para redadas. También se impulsa la Unmask ICE Act, que impediría a agentes federales operar con el rostro cubierto. No es una excentricidad: en muchos estados, la ciudadanía tiene prohibido ir encapuchada, mientras quienes disparan sí pueden ocultar su identidad.
Hasta 15 estados han promovido iniciativas similares. Alaska, Illinois, Massachusetts, Michigan, Minnesota, Nueva Jersey, Nueva York, Oregón, Pensilvania, Vermont, Washington, Florida, Georgia y Tennessee han debatido o presentado proyectos para limitar esta práctica. Además, 21 fiscales generales estatales enviaron una carta al Congreso alertando de que los agentes enmascarados “terrorizar comunidades en lugar de protegerlas” y debilitan el sistema de justicia.
El problema es más profundo que las máscaras. La respuesta sigue atrapada en la liturgia institucional, confiando en que cartas, proyectos de ley y declaraciones basten frente a un poder federal que ya ha decidido saltarse las reglas. Se sigue apelando a la cortesía democrática mientras el otro lado actúa desde la impunidad.
La historia estadounidense ofrece un espejo incómodo. El equilibrio entre poder federal y estatal, consagrado en la Décima Enmienda de 1791, sirvió durante décadas para proteger la esclavitud. Solo una guerra civil permitió abolirla. Durante la Reconstrucción, el Gobierno federal impuso derechos. Cuando retiró las tropas, llegaron los códigos raciales y un siglo de segregación. Más tarde, el movimiento por los derechos civiles volvió a necesitar al Estado federal para frenar a los estados racistas.
Hoy, la paradoja es brutal. Ahora es el poder federal el que actúa como fuerza de opresión, y son los gobiernos locales los que deberían proteger a sus comunidades. Eso implica algo que la política estadounidense teme pronunciar: provocar una crisis constitucional real. No simbólica. No retórica.
Significa exigir que las policías locales respondan a su comunidad y no colaboren con agentes federales que secuestran, agreden o matan. Significa condicionar carreras y mandos a esa lealtad. Detener y arrestar a agentes federales cuando violen leyes locales, como se haría con cualquier otra persona armada.
Estados Unidos ya está en una guerra civil de baja intensidad. No declarada, pero perfectamente reconocible. Y mientras se siga fingiendo que es solo ruido político, los disparos seguirán marcando el ritmo.
También te puede interesar
INTERNACIONAL
Marco Rubio y la fabricación del nuevo enemigo: ahora el terrorista eres tú
9 septiembre 2026
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
16 julio 2026
Trump vendió la fiebre cripto al público y puso sus ganancias a salvo en acciones y bonos
14 julio 2026
Chat Control: la puerta no se ha cerrado; solo le han puesto una pegatina que dice “protección infantil”
10 julio 2026Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
A FONDO: ¿Quién GANA con el CAOS en CEUTA? #Reportaje SR
¿Qué ocurre cuando las personas dejan de ser tratadas como seres humanos y pasan a utilizarse como herramientas políticas? En este nuevo #ReportajeSR de Spanish Revolution, Léa Gugelmann analiza a fondo la…
THUNDERFORGE – El PENTÁGONO se echa en manos de la INTELIGENCIA ARTÍFICIAL #ReportajeS
El Pentágono ha dado un paso sin precedentes: poner la toma de decisiones y la estrategia militar en manos de la inteligencia artificial. Patricia Salvador te cuenta en este #ReportajeSR cómo, a…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir