Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Washington normaliza el apartheid territorial: una franja partida, una población cercada y una comunidad internacional mirando hacia otro lado
EL APARTHEID DEL SIGLO XXI SE DISEÑA DESDE WASHINGTON
La diplomacia estadounidense vuelve a confirmar que los mapas importan más que las vidas. Estados Unidos y varias potencias europeas trabajan ya sobre un escenario de partición indefinida de Gaza, una franja convertida en una jaula al aire libre desde hace casi dos décadas y hoy reducida a un desierto de tiendas de campaña, polvo tóxico y hambre. La línea amarilla, impuesta y vigilada por el ejército israelí, divide el enclave desde el inicio del alto el fuego, ese acuerdo que Israel ha quebrantado casi 300 veces en su primer mes, según las autoridades gazatíes. La matemática de la crueldad vuelve a cuadrar con un patrón conocido.
La parte impuesta a la población palestina es un corredor pegado al mar, menos del 50% del territorio y sin infraestructuras elementales después de un año de bombardeos sistemáticos. Las familias buscan plástico entre los restos carbonizados para cocinar, una escena que recuerda a las viejas estampas del colonialismo europeo y al mismo tiempo las supera por su sofisticación militar. Del otro lado, un ejército que ocupa el 53% del enclave como si la guerra no hubiese terminado y el alto el fuego fuese apenas una palabra incómoda.
Mientras tanto, la potencia que sostiene este equilibrio imposible habla de aspiraciones. Un alto cargo estadounidense afirmó al Guardian que un Gaza unificado es “aspiracional” y “no va a ser fácil”. El eufemismo es la coartada perfecta para institucionalizar la fragmentación. La franja rota en dos. La población palestina atrapada en un laberinto sin salida. Y un futuro que se negocia sin ellas y ellos, sobre su territorio y contra su derecho a existir.
LA PARTICIÓN COMO ESTRATEGIA Y EL HAMBRE COMO ARMA
Todo indica que la Casa Blanca asume lo que lleva décadas impulsando: una solución territorial pensada para neutralizar cualquier reivindicación nacional palestina y consolidar un statu quo militarizado. Lo llaman “zona roja”. Lo llaman “estabilización internacional”. En realidad, es la hoja de ruta de un colonialismo reeditado que se sirve tanto de la ocupación directa como de la gestión administrativa del desastre.
Las conversaciones en torno al plan de Donald Trump, un documento de 20 puntos que pretendía ordenar la posguerra, están encalladas. Seis representantes europeos citados por Reuters admiten que no hay vías para avanzar y que la situación actual, frágil y criminal, podría convertirse en permanente. Queda bloqueado el debate sobre el desarme de Hamás, sobre el papel del ejército israelí y sobre esa hipotética fuerza internacional que nadie quiere poner sobre el terreno, porque nadie quiere compartir las consecuencias políticas del apartheid.
La idea estadounidense de crear “comunidades seguras alternativas” dentro de la zona ocupada por Israel (una forma pulida de campos de internamiento) quedó descartada hace apenas unos días. Aun así, la población palestina sigue sin margen. Israel sigue matando, también en alto el fuego, y lo hace con la impunidad que da la bendición geopolítica: 242 personas asesinadas y 622 heridas solo en ese primer mes de tregua formal. Cada día llegan menos camiones de ayuda de los pactados y cada día se extiende el uso del hambre como instrumento político, tal y como denuncian ONG y organismos internacionales desde hace meses.
Un paso más allá de la barbarie es convertir el hambre en arquitectura. Dejar a la población palestina en un “no lugar”, ni paz ni guerra, como alerta Majed al-Ansari, portavoz del Ministerio de Exteriores de Catar. Ese limbo sería el sueño húmedo de cualquier potencia colonial: un territorio sin soberanía, sin derechos y sin horizonte. Un espacio congelado donde la vida se gestiona con un cuentagotas militar.
Y mientras tanto, voces supuestamente aliadas, como la de la ministra británica Yvette Cooper, advierten que Gaza no puede quedar “entre la paz y la guerra” sin reconocer que los países europeos llevan décadas alimentando esa suspensión permanente, esa cárcel política que ahora se quiere reconfigurar con nuevos muros y nuevas líneas.
La partición indefinida de Gaza no es un accidente. Es una decisión política. Una frontera trazada con la precisión del cinismo. Una herida abierta diseñada para no cerrar nunca.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir