Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La imagen inicial de Vox estaba más cerca de la montería que del polígono industrial. Santiago Abascal cabalgando por el campo, trajeado como un terrateniente, era la postal perfecta para sus detractores: señoritos que jugaban a la reconquista desde la moqueta y el cortijo. Ese retrato no era una caricatura: el núcleo fundacional del partido procedía de entornos acomodados, con vínculos a think tanks neoliberales y a los despachos de la derecha más elitista. Sin embargo, los últimos datos del CIS de julio de 2025 certifican un vuelco inquietante. Vox ha logrado calar entre el voto obrero y los sectores más precarizados, situándose como primera fuerza en varios grupos laborales históricamente alejados de la extrema derecha.
LA IRRUPCIÓN EN EL TERRENO OBRERO
Los números son claros. Entre operadores de maquinaria y ensambladores, Vox arrasa con un 41,2% de intención de voto, muy por encima del PSOE (17,3%) y el PP (10,7%). Entre oficiales, operarios y artesanos alcanza un 25,8%, superando también a socialistas y populares. Y en las ocupaciones elementales, las de trabajos físicos más rutinarios y peor remunerados, lidera con un 20,2%. Incluso en el desempleo —territorio que en otros tiempos era caladero de voto progresista— se sitúa en cabeza con un 23,2%.
Esta penetración no es fruto del azar. Vox ha desplegado en los últimos años una estrategia sistemática para romper su imagen de partido de élites, acercándose físicamente a los barrios obreros, acudiendo a polígonos y fiestas populares, y apropiándose de un discurso supuestamente “obrerista” que mezcla quejas legítimas por la pérdida de poder adquisitivo con un culpable prefabricado: la inmigración.
UNA ESTRATEGIA IMPORTADA
El movimiento no es original. Marine Le Pen en Francia y Donald Trump en Estados Unidos ya demostraron que el “patriotismo económico” envuelto en xenofobia podía seducir a sectores golpeados por la desindustrialización y la precariedad. El manual es idéntico: señalar al penúltimo (el trabajador autóctono precario) que sufre, y convencerle de que su enemigo no es el banquero ni el especulador, sino el último: el migrante, el refugiado, el jornalero extranjero.
Eduardo Bayón, politólogo y autor de Lucha de tribus, lo describe como una “combinación de antipolítica y antiinmigración que convierte la frustración social en un arma contra el eslabón más débil”. Es la misma receta que ya permitió al Frente Nacional (hoy Reagrupamiento Nacional) desplazar a la izquierda en barrios obreros franceses.
EL ABANDONO Y LA DESAFECCIÓN
No se puede explicar el avance de Vox en estos sectores sin mirar el retroceso de la izquierda y los sindicatos mayoritarios en la calle. Muchos de los votantes que hoy escuchan a Abascal fueron antes afiliados a UGT o CCOO, o votantes fieles del PSOE y de partidos a su izquierda. El relato que más cala es que “la izquierda abandonó a la clase trabajadora”, un argumento repetido en testimonios como el de Juan Carlos Morago, conductor y afiliado al sindicato de Vox, que acusa a las fuerzas progresistas de dejarles solos ante la pérdida de derechos.
UN DISFRAZ QUE FUNCIONA
El riesgo es evidente: Vox no ha cambiado su agenda económica, que sigue siendo profundamente neoliberal y alineada con los intereses de las élites. La rebaja fiscal a grandes patrimonios, el rechazo a subidas significativas del salario mínimo o la oposición a reforzar la negociación colectiva son incompatibles con la mejora real de las condiciones laborales. Pero el marketing político y la explotación de la inseguridad económica y cultural están funcionando como tapadera.
La foto de Abascal a caballo sigue ahí, pero en la retina de cada vez más personas se superpone la imagen de un partido que reparte folletos en mercados de barrio o que se presenta como defensor del “currante español” frente a la “amenaza extranjera”. El disfraz no oculta la verdad, pero sí la empaqueta para un electorado que siente que ya no tiene quien le escuche.
Síguenos en Telegram para no perderte nada: https://t.me/SpanishRevolution
Apóyanos económicamente aquí: https://donorbox.org/aliadas
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir