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Entrevista concedida a Nueva Revolución disponible en:
👉 https://nuevarevolucion.es/erika-conrado-el-capitalismo-puede-llevarnos-todavia-a-formas-mas-salvajes-de-explotacion-y-miseria/
“El capitalismo no ha tocado techo en su capacidad de destrucción”. La advertencia de Erika Conrado, secretaria general de la CNT, no es retórica ni futurista. Es una lectura política del presente. En su conversación con Nueva Revolución, analiza el estado del sindicalismo combativo, la transformación del trabajo y el horizonte que abre la inteligencia artificial en un sistema que, lejos de agotarse, puede volverse todavía más agresivo.
Un sindicalismo nacido para romper
La CNT nace en 1910 bajo la influencia del sindicalismo revolucionario y la tradición de la Primera Internacional. Desde su origen plantea una ruptura con el sindicalismo subordinado a partidos o al Estado. Su eje no es la mediación, sino la acción directa y la autoorganización.
Tras la dictadura franquista y la Transición, la organización se reconstruye como alternativa al modelo de concertación que cristalizó en los Pactos de la Moncloa y en el sistema de elecciones sindicales subvencionadas. Para Conrado, ese modelo consolidó un sindicalismo institucionalizado que perdió capacidad transformadora.
El mapa laboral ha cambiado
Hoy el sindicalismo mayoritario mantiene peso en la administración y en grandes industrias. Pero el grueso del empleo está en el sector servicios, en la pequeña empresa y en sectores precarizados donde la representación clásica apenas existe.
La pandemia mostró algo decisivo: los sectores estratégicos no son solo los industriales, sino aquellos que sostienen la reproducción de la vida (cuidados, logística, alimentación). El reto sindical pasa por reorganizarse ahí.
Al mismo tiempo, emergen nuevas luchas protagonizadas por colectivos jóvenes, feminizados y racializados. Conrado interpreta estas dinámicas como señales de un posible cambio de mentalidad.
Juventud y conciencia de clase
La afiliación juvenil es baja y la incorporación al mercado laboral cada vez más tardía y precaria. Para la dirigente anarcosindicalista, el sindicato no debe limitarse a asesorar sobre convenios. Debe ser un espacio de formación crítica y de construcción colectiva frente a la explotación.
La pérdida de conciencia de clase no se explica solo por la desindustrialización. También influyó la integración del sindicalismo en la lógica del diálogo social. Las luchas pasaron de conquistar derechos a intentar frenar retrocesos. Eso modificó expectativas y horizontes.
Sin embargo, insiste: la conciencia se forja en la lucha, no en el discurso.
IA, robotización y el riesgo de un capitalismo más salvaje
La automatización no es nueva. Forma parte de la lógica capitalista de aumentar beneficios reduciendo salarios o plantillas. La novedad es la escala.
La inteligencia artificial no está pensada para liberar tiempo de vida, sino para concentrar riqueza. Y aunque existen límites biofísicos que condicionarán su expansión, Conrado alerta de algo más inquietante: antes de agotarse, el sistema puede intensificar la explotación y la miseria.
Desde esta óptica, la respuesta no puede depender exclusivamente de reformas parlamentarias. La lucha deberá darse en los centros de trabajo, evitando que la IA se convierta en una reconversión industrial 2.0 marcada por el “sálvese quien pueda”.
La ilusión de la “clase media”
Para Conrado, la identidad de clase no se modifica con discursos. Una persona es trabajadora por su posición en las relaciones de producción, no por cómo se autoperciba.
El deterioro del Estado del bienestar tensiona esa autopercepción. Si no existe cultura de organización colectiva, el malestar puede canalizarse hacia soluciones autoritarias en lugar de emancipadoras.
De ahí su insistencia en la autoorganización, la solidaridad y el apoyo mutuo como antídoto frente al avance de opciones reaccionarias.
Migración, riders y represión
La CNT apuesta por un sindicato participativo donde las personas migrantes no sean “integradas” sino protagonistas. Las luchas en empresas con alta presencia migrante han sido uno de los espacios de crecimiento.
En sectores como el de los riders, la atomización y la figura del falso autónomo dificultan la organización. Según Conrado, un modelo asambleario permite sindicalizar a quienes quedan fuera del sistema de comités tradicionales.
Respecto a la criminalización, asume que la represión aumenta cuando crece la conflictividad. Recuerda el caso de “Las 6 de la Suiza” en Xixón como ejemplo de cómo el Estado responde cuando el sindicalismo incomoda.
El mensaje final es nítido: no basta con reivindicar identidad obrera. No basta con confiar en que el Estado corrija los excesos del mercado. Hace falta organización real, conflicto cuando sea necesario y construcción de alternativas desde abajo. Porque, si algo deja claro Erika Conrado, es que el capitalismo no se humaniza por inercia. Y puede volverse todavía más feroz si nadie lo enfrenta.
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