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Marina Lobo lo cuenta en ‘Hasta el coño de’: la presidenta madrileña ha convertido su cargo público en una agencia de viajes de lujo pagada por todas y todos.
Isabel Díaz Ayuso lleva años vendiendo su propio relato de “libertad” como si Madrid fuera Silicon Valley con chotis. Pero detrás de ese eslogan hay una estrategia tan vieja como el neoliberalismo: desmantelar lo público mientras se construye un personaje mediático a base de focos, vuelos institucionales y titulares internacionales cuidadosamente redactados.
Como explicaba Marina Lobo en su programa Hasta el coño de (HECD), emitido en el canal de Spanish Revolution, Ayuso ha hecho de la Presidencia de la Comunidad de Madrid su billete al sueño americano. En los últimos cuatro años ha cruzado el Atlántico cinco veces, desde Nueva York hasta Miami o Washington, siempre acompañada de un séquito de Telemadrid que cuesta más de 2.000 euros diarios. En cada parada, la misma escena: una presidenta que se graba trotando por las avenidas, cocinando tortillas o vendiendo “la marca Madrid” ante empresarios y fondos de inversión extranjeros.
“Parece una influencer de la política”, ironizaba Marina Lobo. “Pero mientras ella corre por Central Park, la sanidad madrileña se desangra y las universidades no llegan a fin de mes”. Y es que, como subrayaba en el programa, la Universidad Complutense necesita un crédito de 35 millones de euros solo para pagar nóminas, mientras el Gobierno regional presume de superávit.
LIBERTAD DE MERCADO Y MISERIA PÚBLICA
La imagen que Ayuso proyecta en Estados Unidos encaja perfectamente en la narrativa de la derecha global: un modelo de gestión basado en la privatización, la desregulación y el desprecio por lo colectivo. “Su ‘libertad’ es la libertad del fondo buitre para comprar tu casa, la de la aseguradora para quedarse con tu hospital y la del millonario para no pagar impuestos”, decía Lobo en Hasta el coño de.
Mientras en Texas ofrecía a los inversores “una Madrid abierta al mundo”, en su propio territorio faltan médicos, se cierran plantas hospitalarias y miles de jóvenes viven atrapados en alquileres imposibles. El decorado del relato neoliberal se derrumba, pero la presidenta sigue girando cámara en mano por los platós de su propia ficción política.
En el vídeo, Lobo recordaba con mordacidad que la verdadera libertad de Ayuso consiste en privatizar el beneficio y socializar el coste. Cada viaje institucional, cada campaña de propaganda, cada comparecencia sobre “la prosperidad madrileña” se sostiene con el dinero de quienes hacen cola en la atención primaria o comparten piso a los 40 años.
DE ESTADISTA A INFLUENCER
La presidenta madrileña no actúa como una gestora pública, sino como una marca personal que se vende al mejor postor. “Ayuso no gobierna, se autopromociona”, resumía Marina Lobo. “Convierte la crisis social en un decorado, la desigualdad en un mérito y la pobreza en un problema de actitud.”
Su “sueño americano” no tiene nada de emancipador. Es un viaje de ida hacia la mercantilización absoluta: Madrid como empresa, la ciudadanía como clientela y la política como reality show.
El vídeo de Hasta el coño de termina con una frase que resume toda la trama:
“Ayuso corre por Washington mientras Madrid se desangra. Y lo peor es que somos nosotros y nosotras quienes pagamos la carrera.”
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