Tanto Casado como su equipo han dedicado todas sus energías primero a tratar de poner fin a la carrera política de Ayuso y después a defenderse de la ofensiva de los barones del PP
La operación organizada por los “barones” del Partido Popular para forzar un congreso extraordinario y reemplazar a Pablo Casado por Alberto Núñez Feijóo ha debilitado a la formación hasta dejar en un segundo plano su habitual tarea de oposición.
Desde hace casi cuatro años, día a día y semana a semana, Teodoro García Egea y Pablo Montesinos eran los encargados de fijar públicamente la posición del PP con ruedas de prensa, mensajes y hasta tuits.
Sin embargo, el pasado 15 de enero fue la penúltima vez que el PP alzó claramente la voz contra las decisiones del Ejecutivo. Ese día Pablo Casado defendía el programa con el que se proponía gobernar a partir del año que viene y recuperó las críticas que había venido dedicando al Gobierno de coalición y a Pedro Sánchez en la fase final de la campaña de Castilla y León.
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Al día siguiente, Casado volvió a la sesión de control para cargar contra Sánchez, al que acusó de usar a Instituciones Penitenciarias para “negociar con un asesino a cambio de los votos de Bildu para permanecer en la Moncloa” y “le emplazó a decir si estaba “con las víctimas o los verdugos”.
Ese mismo día estalló la guerra del líder del PP con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a cuenta del dinero recibido por el hermano de la presidenta gracias a los contratos de la Comunidad de Madrid para traer mascarillas del extranjero en lo peor de la pandemia. Casado acusó a Ayuso de tener un comportamiento “poco ejemplar” que podría constituir incluso una “ilegalidad”.
Desde entonces tanto Casado como su equipo han dedicado todas sus energías primero a tratar de poner fin a la carrera política de Ayuso y después a defenderse de la ofensiva de los barones, pero no lo consiguieron. En apenas dos días, Feijóo y sus aliados disolvieron el casadismo y pusieron fin a sus casi cuatro años de estrategia para intentar recuperar el poder.
Aunque Casado sigue siendo formalmente el presidente hasta que se celebre el congreso extraordinario los días 2 y 3 de abril, el PP lleva casi dos semanas a la deriva y nunca PSOE y Unidas Podemos habían tenido un periodo menos intenso de oposición por su parte.
Durante la sesión de control de la semana pasada, Casado simplemente se limitó a despedirse del Congreso.Esta semana vuelve el control a la Cámara Baja y todavía no se sabe quién asumirá ese papel aunque todo apunta a que será Cuca Gamarra, quien, junto a algunos diputados próximos a Casado, han tratado de mantener vivas algunas críticas al Gobierno.
En los últimos días se han hecho algunas referencias a la elevada cifra de inflación y al independentismo catalán, se han retuiteado informaciones de medios conservadores y muchos mensajes tomados de sus dirigentes territoriales y poco más.
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