Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El Mundo ha vuelto a cargar contra la Ministra al frente de Igualdad, Irene Montero.
El Mundo referido a Irene Montero titulaba, el pasado sábado, una noticia como :»LA ÚLTIMA CAMPAÑA DE LA MINISTRA DE LOS 525 MILLONES EN PUBLICIDAD».
En la página oficial del Ministerio se presentan de forma transparente los presupuestos totales. 525 millones de euros supone el presupuesto total del ministerio y no lo utilizado en publicidad.

La partida utilizada desde el Ministerio a publicidad es de 19’6 millones, como puede extraerse del documento presentado por La Moncloa en el Plan 2022 de Comunicación y Publicidad Institucional.

En la noticia, diversos lectores han denunciado que «también es falso que se gastaran 32.989 euros en dar un premio a Rocío Carrasco. Ese es el gasto total de la entrega de premios por el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Un acto que se celebra desde 2004 y donde se dieron un total de 9 galardones. El premio no fue para Rocío Carrasco, sino para la directora del documental, Ana Isabel Peces».
Frente a los ataques ultraderechistas Irene Montero explicó a que se destinarán
«20.319 millones para políticas feministas», de forma crítica azuzaban desde la extrema derecha, presuntamente, criticando la elevada cifra de la que dispondrá el Ministerio de Igualdad.
Díaz Ayuso, por ejemplo, pidió destinar esos 20.000 millones de Igualdad a familias por las subidas de precio. Pero ese dinero costean bajas de maternidad, cuidado de hijos con cáncer o escuelas infantiles, entre otras que ha detallado Irene Montero.
En respuesta, Irene Montero preguntaba: «¿Qué les parece tan innecesario a las derechas de esta inversión? ¿Los permisos a la maternidad o la paternidad? ¿Las escuelas infantiles?».
En primer término, aclaraba que estas medidas buscan la «corresponsabilidad reales y efectivas entre mujeres y hombres, pero también con el Estado».
Por ello se invertirá «en escuelas infantiles de 0 a 3 años», además de «garantizarse los permisos de maternidad y paternidad iguales e intransferibles, prestaciones por nacimiento y cuidado de hijos e hijas, prestaciones para familias al cuidado de hijos e hijas con cáncer, prestaciones cuando exista riesgo durante el embarazo, prestaciones cuando exista riesgo durante la lactancia natural y blindar el derecho al cuidado y la reorganización socialmente justa de los tiempos».
También aclaró que, «por supuesto», se seguirá «s invirtiendo en la detección, atención integral, protección y reparación de los derechos de las víctimas de todas las violencias machistas y violencia sexual, para que todas las mujeres puedan vivir libres de miedo y que podamos llegar siempre a tiempo».
«También daremos bonificaciones en la contratación para fomentar el empleo de las mujeres en TODOS los sectores laborales, derrocando estereotipos, impulsando el talento y acabando, con el compromiso también de las empresas, con el techo de cristal y con los suelos pegajosos», continuaba.
«Además impulsamos, junto a todos los Ministerios, medidas feministas para lograr la igualdad efectiva en el deporte, la cultura, los medios de comunicación… En total desplegamos 4 ejes de intervención, 20 líneas de trabajo, 49 objetivos específicos y 141 objetivos operativos», finalizaba.
«Este es un Plan ambicioso para abordar de aquí a 2025 las necesidades de las mujeres de nuestro país de forma integral y que las políticas feministas sean una cuestión de Estado. Para transformar de una vez nuestra sociedad y garantizar vidas dignas para TODAS las mujeres», sentenciaba para rematar.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Doñana arde mientras la Junta vende propaganda: bomberos al límite y un Infoca lleno de grietas
Doñana vuelve a arder. Y quienes apagan el fuego dicen lo mismo que llevan años diciendo: faltan manos, faltan relevos y sobra propaganda.
La Junta habla de “refuerzo histórico” mientras sindicatos denuncian más de 400 vacantes sin cubrir, jornadas al límite y equipos incompletos justo antes de empezar la campaña de alto riesgo. El monte seco. Las temperaturas subiendo. Y el Gobierno andaluz vendiendo tranquilidad como quien vende humo.
Porque el problema no es solo el incendio. Es llegar tarde siempre. Es recortar prevención y luego pedir heroicidad. Es poner a las y los bomberos forestales a sostener un sistema agotado mientras Doñana se convierte en el símbolo perfecto de un modelo que reacciona cuando ya está todo ardiendo.
El trumpismo quiso convertir a Bolsonaro en un mártir de Hollywood y ha terminado destapando otro escándalo de corrupción
Hollywood. Steve Bannon. QAnon. Bolsonaro convertido en mártir cinematográfico mientras Brasil arde entre corrupción, conspiraciones y delirios mesiánicos.
Querían vender una película épica para salvar al bolsonarismo antes de las elecciones de octubre. Lo que han conseguido es otra cosa: audios filtrados, sospechas de caja B, millones opacos y una candidatura que empieza a hundirse.
La extrema derecha lleva años intentando convertir la política en espectáculo. El problema aparece cuando el guion se rompe y empiezan a aparecer las facturas.
Y esta vez las cifras son obscenas.
Trump quiere vender la colonización como “paz” con los polémicos Acuerdos de Abraham
Trump quiere vender como “paz” lo que en realidad es una normalización forzada de la ocupación. Y esta vez ya no cuela tan fácil.
Mientras Gaza sigue siendo arrasada y miles de personas continúan muriendo bajo las bombas, la Casa Blanca presiona a países árabes y musulmanes para que firmen los Acuerdos de Abraham y legitimen el proyecto regional de Israel. Arabia Saudí, Qatar, Egipto, Turquía, Pakistán… todos dentro del paquete diplomático de Trump. Todo mezclado con las negociaciones con Irán. Como si el genocidio fuese solo un detalle incómodo.
La cuestión palestina desaparece del discurso. Otra vez. Se habla de negocios, seguridad y estabilidad. Nunca de derechos. Nunca de ocupación. Nunca de limpieza étnica.
Y aun así lo intentan. Porque necesitan vender una victoria política aunque el suelo siga cubierto de cadáveres.# Trump quiere vender la colonización como “paz” mientras Gaza sigue ardiendo
### La Casa Blanca intenta resucitar los Acuerdos de Abraham como trofeo diplomático, aunque el genocidio en Gaza ha hecho saltar por los aires cualquier ficción de normalidad en Oriente Medio.
Donald Trump vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: envolver intereses geopolíticos y alianzas militares en palabras bonitas. “Paz”. “Acuerdos históricos”. “Normalización”. Su nueva obsesión pasa por relanzar los Acuerdos de Abraham, aquellos pactos impulsados en septiembre de 2020 para que varios países árabes reconocieran oficialmente al Estado de Israel. Pero el contexto ya no es el mismo. Ni mucho menos.
Mientras Gaza acumula decenas de miles de muertos, ciudades enteras reducidas a escombros y una hambruna provocada deliberadamente, Trump intenta vender otra vez la misma operación política: consolidar la integración regional de Israel sin resolver la ocupación de Palestina. O dicho de forma más clara, convertir la colonización en un hecho irreversible y obligar al mundo árabe a aceptarlo.
El presidente estadounidense ha ido incluso más lejos esta semana. En una reunión de su gabinete celebrada el 26 de mayo, vinculó abiertamente un posible acuerdo con Irán al hecho de que varios países musulmanes firmen los Acuerdos de Abraham. Arabia Saudí, Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto y Jordania están en la lista. “Creo que esos países nos lo deben”, afirmó Trump, según CNN. Una frase que resume bastante bien la lógica imperial que atraviesa toda esta estrategia.
## LOS ACUERDOS DE ABRAHAM NUNCA FUERON SOBRE LA PAZ
Los Acuerdos de Abraham siempre se presentaron como un supuesto avance histórico para estabilizar Oriente Medio. La realidad era bastante menos romántica. Se trataba de acuerdos bilaterales para normalizar relaciones diplomáticas, económicas y militares entre Israel y varios países árabes, dejando fuera la raíz del conflicto: la ocupación, la limpieza étnica y el sistema de apartheid impuesto al pueblo palestino desde 1948.
Ese detalle. El fundamental. Desaparecía del relato oficial.
En septiembre de 2020, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin firmaron los acuerdos en una ceremonia cuidadosamente diseñada en la Casa Blanca. Después llegaron Marruecos y Sudán, aunque este último nunca formalizó plenamente el proceso debido a la guerra interna iniciada en 2023. Washington vendió aquellos pactos como una nueva era de convivencia regional. En realidad, suponían romper el consenso histórico de la Liga Árabe, que durante décadas había condicionado el reconocimiento de Israel a la creación de un Estado palestino.
Jared Kushner, yerno de Trump y arquitecto político de los acuerdos, diseñó una estrategia muy concreta: integrar económicamente a Israel en la región, fortalecer alianzas militares contra Irán y convertir la cuestión palestina en un asunto secundario. Una molestia. Algo a gestionar mediáticamente mientras el negocio seguía adelante.
Y funcionó. Especialmente con Emiratos Árabes Unidos. Abu Dabi amplió relaciones comerciales, abrió las puertas al turismo israelí y profundizó la cooperación militar incluso durante las fases más brutales del genocidio en Gaza. Ni siquiera las imágenes de hospitales bombardeados o niños muriendo de hambre alteraron sustancialmente esa relación.
Porque los Acuerdos de Abraham nunca exigieron justicia. Solo obediencia geopolítica.
## GAZA HA DESTROZADO LA FICCIÓN DIPLOMÁTICA DE WASHINGTON
Trump sueña ahora con una “versión ampliada” de aquellos acuerdos. Lo hace después de no haber conseguido grandes resultados políticos ni en Gaza ni en la ofensiva contra Irán iniciada por EEUU e Israel el pasado 28 de febrero. Necesita una victoria. Aunque sea propagandística.
La analista Lucy Kurtzer-Ellenbogen, del Middle East Institute, lo resumía estos días con bastante claridad: Trump sigue considerando los Acuerdos de Abraham “el principal logro de política exterior” de su primer mandato. Y ampliar esa red de reconocimientos le permitiría volver a presentarse como gran negociador internacional. Aunque el precio sea consolidar la impunidad israelí.
El problema para Washington es que la realidad regional ya no encaja con el relato de 2020.
Arabia Saudí sigue siendo la gran pieza que EEUU quiere capturar. No solo por petróleo o influencia estratégica. También por el peso simbólico que tiene custodiar La Meca y Medina. Durante años, tanto Trump como Joe Biden intentaron convencer a Riad para normalizar relaciones con Israel. Estuvieron cerca antes del 7 de octubre de 2023. Después llegó Gaza. Y todo cambió.
Hoy, aceptar públicamente esos acuerdos tendría un coste político enorme para cualquier gobierno árabe. Las imágenes del genocidio han generado una indignación masiva en sociedades donde la causa palestina sigue siendo profundamente popular. Incluso Egipto y Jordania, que ya tienen tratados de paz con Israel desde 1979 y 1994 respectivamente, saben que adherirse formalmente a los Acuerdos de Abraham sería explosivo a nivel interno.
Pakistán ha sido el único país que ha respondido de manera frontal. Su ministro de Defensa, Khawaja Asif, rechazó públicamente cualquier posibilidad de sumarse a la iniciativa, afirmando que contradice los “principios fundamentales” del país. Fuentes pakistaníes citadas por Reuters fueron todavía más claras: las negociaciones con Irán y los Acuerdos de Abraham “no están interrelacionados ni pueden estarlo”.
Ahí está el fondo del asunto. Trump intenta utilizar la guerra y las negociaciones nucleares como herramienta para redibujar políticamente Oriente Medio a favor de Israel. No habla de derechos humanos. No habla de ocupación. No habla de las decenas de miles de personas asesinadas en Gaza.
Habla de negocios. De alianzas. De vender estabilidad mientras se normaliza la barbarie.
El activista israelí Jeff Halper lo definía hace meses de una forma brutalmente precisa: “La única forma de completar con éxito un proyecto colonial es conseguir normalizarlo”. Eso son los Acuerdos de Abraham. La fase final de una colonización presentada como diplomacia moderna.
Y quizá por eso ahora cuesta tanto venderla. Porque Gaza ha hecho algo que Washington y Tel Aviv llevaban años intentando evitar: arrancar la máscara.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir