Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Una publicación internacional recoge la propuesta nacida en España que plantea la bondad como acto de desobediencia frente al negocio del odio
El eco ha cruzado fronteras. El medio suizo ZE!TPUNKT recoge el manifiesto por la bondad radical impulsado por Spanish Revolution y Resist.es y lo sitúa en el centro de un debate que ya no es local, sino global. Lo hace con claridad: no estamos ante una campaña simbólica ni ante un gesto estético. Es una propuesta política.
El texto, publicado originalmente el 1 de abril, plantea algo incómodo. Que el odio no es espontáneo. Que no aparece de la nada. Que responde a una lógica. A una industria. Y que, por tanto, puede ser interrumpido.
Desde Suiza, la lectura es nítida. El manifiesto propone la “bondad radical” como una forma de resistencia civil frente a un sistema que necesita miedo, división y conflicto para sostenerse. No como una actitud individual, sino como una práctica colectiva. Como una decisión.
Hasta ahora, casi 3000 personas han firmado el manifiesto. No es una cifra masiva, pero tampoco es menor. Es, sobre todo, una señal de algo que empieza a moverse.
El odio como infraestructura
El análisis que recoge ZE!TPUNKT no suaviza el diagnóstico. Lo refuerza. El odio, dice el manifiesto, funciona como una infraestructura. Se produce, se distribuye y se monetiza.
No es una metáfora. Es un modelo económico. Cada mensaje que simplifica, cada discurso que deshumaniza, cada relato que enfrenta cumple una función. Mantener la atención. Fragmentar a la sociedad. Proteger estructuras de poder.
Los algoritmos no son neutrales. Están diseñados para maximizar la reacción emocional. Y el miedo, la indignación o la rabia funcionan mejor que la complejidad o el matiz. Eso genera clics. Y los clics generan beneficio.
Por eso el manifiesto insiste en una idea clave: el odio es rentable. Y como cualquier negocio, necesita consumidores. Necesita que alguien lo compre, lo comparta y lo amplifique.
Aquí es donde aparece la incomodidad. Porque el texto no señala solo a grandes actores mediáticos o políticos. Señala a cualquiera que participa en esa cadena, incluso sin saberlo. Cada vez que se comparte algo sin verificar. Cada vez que se reacciona desde la ira inducida. Cada vez que se acepta una simplificación interesada.
Pero también señala lo contrario. La posibilidad de cortar ese flujo. De generar fricción. De detener la reproducción automática del odio.
Bondad radical: sabotaje, no ingenuidad
La clave del manifiesto —y uno de los puntos que destaca el medio suizo— es cómo redefine la idea de bondad. No como una virtud pasiva. No como una debilidad. Sino como una forma de intervención.
La bondad radical se plantea como un acto de sabotaje. Un gesto consciente frente a una maquinaria que necesita conflicto permanente para seguir funcionando.
No se trata de evitar el conflicto. Ni de retirarse. Ni de ser neutral. El texto es explícito: se trata de transformar el conflicto. De rechazar los marcos que reducen la realidad a trincheras. De denunciar injusticias sin reproducir la lógica del enemigo.
Eso implica algo más complejo. Nombrar responsabilidades sin caer en la deshumanización. Criticar sin alimentar el ciclo de odio. Mantener la precisión incluso cuando el entorno empuja a simplificar.
El manifiesto también introduce una dimensión técnica. Habla de alfabetización mediática. De entender cómo funcionan los sistemas de recomendación, las burbujas informativas y las campañas de desinformación. De reconocer patrones: miedo constante, enemigos difusos, narrativas binarias.
Y plantea alternativas. Redes de información verificadas. Espacios de conversación que no estén dominados por la confrontación. Comunidades que prioricen el cuidado frente a la reacción automática.
No es una propuesta abstracta. Es operativa. Cada gesto cuenta. Cada decisión cotidiana tiene un impacto en ese ecosistema.
El texto lo resume con una idea que atraviesa todo el manifiesto: no basta con no participar en el odio. Hay que impedir que se convierta en norma. No basta con no compartir desinformación. Hay que cuestionar las condiciones que la hacen eficaz.
La publicación en ZE!TPUNKT no es solo una mención. Es una señal de que este debate se está desplazando. Que empieza a discutirse fuera. Que empieza a incomodar más allá.
Porque en un sistema que convierte el miedo en beneficio, decidir no odiar deja de ser una elección privada. Se convierte en un acto político.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Las supervivientes de Epstein vuelven a pagar el precio de una impunidad obscena
Durante décadas, la red de Jeffrey Epstein funcionó como suelen funcionar las cloacas del poder: con dinero, contactos, silencio y una arquitectura social diseñada para que las víctimas sean siempre sospechosas y los poderosos, apenas nombres incómodos en un expediente. Mujeres y niñas fueron captadas, explotadas y violadas mientras demasiadas instituciones miraban hacia otro lado. Ahora, cuando la desclasificación de los Archivos Epstein debía servir para empujar verdad, justicia y reparación, muchas supervivientes han recibido otro castigo. Otro más. La maquinaria que no las protegió entonces tampoco las protege ahora.
Instagram borra a Sistema 161: cuando la censura digital apunta SOLO contra el antifascismo
Instagram ha eliminado la cuenta de Sistema 161, un proyecto de investigación antifascista que se había convertido en referencia para miles de personas, colectivos, sindicatos de vivienda, periodistas y vecinas y vecinos que necesitaban información rigurosa sobre organizaciones parapoliciales y redes ultras. El dato no es menor. La fecha importa porque marca otro episodio de una democracia tutelada por plataformas privadas que deciden qué voces pueden existir y cuáles deben ser borradas.
El ganador de la guerra entre EE.UU. e Irán es… Pakistán
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ya tiene un ganador inesperado. No es Washington. No es Tel Aviv. Ni siquiera Teherán, aunque haya logrado sobrevivir políticamente y convertir el estrecho de Ormuz en una palanca de presión mundial. El gran beneficiado es Pakistán, ese tercer actor que se colocó en el centro del tablero como mediador mientras el resto hacía lo de siempre: bombardear, amenazar, bloquear, negociar sobre escombros y llamar “diplomacia” a lo que antes fue destrucción planificada.
Vídeo | Estrenamos reportaje contra la guerra cultural de la ultraderecha
Spanish Revolution estrena la primera parte del reportaje “¿Puede la ULTRADERECHA ganar la BATALLA CULTURAL?”, presentado por Patricia Salvador. Y la pregunta no es menor. Tampoco es una provocación para redes. Es una advertencia política en mitad de una época en la que la extrema derecha ya no necesita presentarse siempre con el uniforme completo. A veces le basta con hablar de “libertad”, “familia”, “patria”, “seguridad” o “sentido común” mientras va vaciando esas palabras de contenido democrático.
Vídeo | Más de 30.000 personas ya han visto el #ReportajeSR sobre cómo Israel está cambiando las reglas del mundo
El nuevo trabajo de Reportajes SR, con Olga Rodríguez, analiza por qué lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia palestina, sino una advertencia global sobre la impunidad, el derecho internacional y la ley del más fuerte. Más de 30.000 personas han visto…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir