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La organización se lava las manos, la UCI se escuda en la neutralidad y la calle sigue recordando que en Gaza hay un genocidio
LA UCI Y LA ORGANIZACIÓN ESCONDEN LA CABEZA
En la jornada del 3 de septiembre de 2025, la Vuelta ciclista a España vivió un hecho inédito: la etapa 11 en Bilbao se paró a 3 kilómetros de meta porque miles de manifestantes bloquearon el recorrido para denunciar la participación del equipo Israel-Premier Tech, financiado con dinero procedente del Estado que bombardea y mata en Gaza. No hubo ganador. El cronómetro se detuvo. El ciclismo quedó subordinado a la realidad política que la UCI y los organizadores pretenden ignorar.
El director técnico de la Vuelta, Kiko García, fue claro: “Solo hay una solución: que el propio equipo de Israel se dé cuenta de que estando aquí no facilita la seguridad de los demás”. Palabras que sonaban a invitación a marcharse, aunque la organización insistió en que no puede expulsarles porque el reglamento solo lo permite en casos de dopaje. Una coartada burocrática para esconder la verdad: el ciclismo internacional está dispuesto a mirar hacia otro lado antes que cuestionar al socio de Netanyahu.
La UCI, con su comunicado, se cubrió con la palabra mágica de siempre: “neutralidad política”. La misma que usaron los Juegos Olímpicos para permitir a Israel competir mientras excluían a Rusia. Una neutralidad selectiva que no protege al deporte, sino al poder.

CUANDO EL CILCISMO SE CHOCA CON LA CALLE
El equipo israelí, en lugar de comprender que su presencia alimenta la tensión y expone al pelotón a riesgos, respondió con arrogancia: “Somos profesionales y vamos a competir hasta el final”. Afirman respetar el derecho a la protesta, pero acusan a las y los manifestantes de poner en peligro la seguridad y de arruinar la fiesta del ciclismo vasco. Lo que no dicen es que cada pedalada bajo la bandera de Israel es un acto de propaganda blanqueadora.
La Vuelta se ha convertido en un escaparate del rechazo social. Navarra, Bilbao, Euskadi entera han demostrado que la carretera no se calla. Las pancartas y los cortes no son un capricho: son el eco de más de 40.000 personas asesinadas en Gaza desde octubre de 2023, según datos de Naciones Unidas. Son la voz de quienes entienden que el deporte no puede ser coartada para el genocidio.
El precedente es claro: cuando hubo dopaje, la UCI echó a Saunier Duval y a Astana en 2008. Hoy, frente a la complicidad con crímenes de guerra, prefieren mirar al suelo. El dopaje ensucia el deporte, pero la sangre palestina no parece importarles.
La organización de la Vuelta, incapaz de tomar decisiones, se limita a rezar para que no haya más incidentes. La UCI defiende su neutralidad mientras respalda con su silencio la propaganda israelí. El equipo Israel-Premier Tech insiste en correr como si nada pasara. Pero en cada puerto, en cada meta, la calle seguirá recordando que no habrá pedaleo inocente mientras en Gaza se asesina.
El ciclismo podrá cerrar los ojos, pero las carreteras seguirán gritando Palestina libre.
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Totalmente de acuerdo con este artículo. Sólo me da pena que toda esta gente manifestándose, que por supuesto tiene todo mi apoyo, no se haya dado cuenta en su momento, y muchos siguen sin darse cuenta, del otro genocidio ARN mensajero.