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Si no queréis perder a la izquierda, dejad de gobernar como si gobernar no importara
Javier F. Ferrero
Hay una diferencia entre administrar y transformar. Gobernar no es mantener en equilibrio una maquinaria injusta, sino decidir si se alimenta o se desmonta. Lo primero desgasta, lo segundo construye. Y este Gobierno ha optado por sobrevivir, no por avanzar. Ha convertido el miedo a la derecha en programa político, y la resistencia al retroceso en excusa para no dar un paso adelante.
Pero gobernar desde la izquierda exige más que resistir. Exige confrontar al poder, no asentarse en él. Exige legislar para quienes no tienen lobbies, para quienes no tienen tiempo de esperar. Para quienes no llegan a fin de mes, para quienes habitan los márgenes, para quienes han entendido que sin presión no hay concesión. Porque, no nos engañemos, nunca en la historia se ha arrancado un derecho por la vía de la cortesía institucional.
La legitimidad del progresismo no se mide por su capacidad de ganar elecciones, sino por su voluntad de transformar estructuras. Y si esa voluntad desaparece, lo que queda no es centroizquierda, es tecnocracia con pancarta del 8M.
La gente que os votó no lo hizo por disciplina, lo hizo por esperanza. Si convertís la esperanza en desidia, y la desidia en inercia, la inercia os dejará solos.
Estas son las diez cosas que tendría que hacer cualquier gobierno que se diga de izquierdas y no quiera morir de cálculo.
JUSTICIA SOCIAL, NO MARKETING PROGRESISTA
1. Embargo total de armas a Israel
España no puede seguir hablando de paz mientras exporta guerra. Las ventas de armamento a Israel deben cesar sin matices ni diplomacias huecas. Como ha exigido la relatora de la ONU Francesca Albanese, hay que aplicar un embargo integral de armas ya. No basta con decir que se condena el genocidio: se corta el suministro o se colabora.
2. Fin de la represión y de la criminalización del derecho a protesta
La Ley Mordaza sigue viva y cada día que no se deroga es una traición. Pero no está sola: el sindicalismo también está bajo ataque. El artículo 315.3 del Código Penal, reformado pero no derogado, sigue sirviendo para perseguir a piquetes de huelga. No hay democracia si protestar cuesta 600 euros y hacer huelga puede costarte prisión. No más miedo en las calles.
3. Control público real del precio del alquiler
La burbuja no se pincha con titulares. Los alquileres subieron un 14,8% en mayo, mientras las ayudas se licúan y los fondos buitre campan impunes. Hay que intervenir el mercado, topar los precios, expropiar vivienda vacía especulativa y aplicar la Ley de Vivienda sin excepciones ni chantajes autonómicos.
4. Sanidad 100% pública: se acabó el saqueo encubierto
La privatización mata. Lo hemos visto con la pandemia y con cada contrato que engorda a Quirón. Si hay dinero para Defensa, hay dinero para rescatar hospitales públicos. Los conciertos con empresas privadas deben cesar y las derivaciones interesadas, también.
5. Subida inmediata del SMI a 1.300 euros
Los precios suben, las facturas suben, los alquileres suben… y el salario mínimo no da ni para vivir sin deudas. Mientras las eléctricas baten récords de beneficios, millones de personas no pueden permitirse una vida digna. Si hay margen para que Endesa reparta dividendos, hay margen para subir el SMI.
6. Reforma fiscal redistributiva y sin miedo a los ricos
El 1% sigue blindado. Las grandes fortunas apenas tributan gracias a ingeniería fiscal legal. El sistema fiscal español recauda mucho menos que la media europea y, además, de forma injusta. Lo pagan las y los trabajadores, no los rentistas. Una izquierda que no reforma la fiscalidad es una izquierda al servicio de los evasores.
7. Garantizar el aborto como derecho real y accesible
No basta con despenalizar. Hay que garantizar que todas las mujeres —especialmente migrantes, jóvenes y rurales— puedan abortar en condiciones dignas en la sanidad pública. Hoy, eso no pasa. Entre la objeción de conciencia masiva, los retrasos, el estigma y el acoso ultracatólico, el aborto sigue siendo un privilegio. Y los privilegios no son derechos.
8. Cierre inmediato de las puertas giratorias entre política y empresas
Si un ministro de Sanidad puede acabar cobrando de Pfizer, o un secretario de Estado en Naturgy, no hay democracia: hay saqueo planificado. Hay que imponer una incompatibilidad real de 10 años, eliminar las “asesorías” encubiertas y prohibir que quien legisla sobre energía o sanidad pueda beneficiarse de esas decisiones. No hay regeneración sin ruptura con la impunidad.
9. Fin de las devoluciones en caliente y cierre de los CIEs
España sigue violando los derechos humanos en sus fronteras. Las personas migrantes son retenidas, deportadas o abandonadas en condiciones infrahumanas. No basta con discursos antirracistas: hay que cerrar los Centros de Internamiento, garantizar vías legales y acabar con los acuerdos de externalización con Marruecos y Mauritania.
10. Frenar el gasto militar y desobedecer el 2% de la OTAN
Mientras faltan viviendas, escuelas infantiles y centros de salud, el Gobierno se compromete a gastar 27.000 millones en armamento. ¿Para qué? ¿Contra quién? ¿A cambio de qué?
La izquierda no puede aceptar este chantaje disfrazado de geopolítica. La paz se construye con justicia, no con misiles.
Una izquierda sin valentía no es izquierda. Es trámite, es decorado, es excusa. Y esta legislatura corre el riesgo de convertirse en eso: una administración de lo posible donde todo lo urgente se posterga, todo lo estructural se evita y todo lo molesto se rebaja.
Pero hay algo que no han entendido quienes aún creen que pueden gobernar la rabia con discursos bienintencionados: la izquierda no es un bloque obediente, es una conciencia en movimiento. No necesita permiso para organizarse. Ni miedo para votar.
Y cuando se levanta, lo hace sin pedir perdón.
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