13 Jul 2026

Categoría: DESTACADA

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‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene 

Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.

Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.

Y eso cambia la escala del problema.

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‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil 

Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.

Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.

Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.

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‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial 

Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.

Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.

Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.

Y quien controla el sótano controla el edificio.

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‘MANGOS’, parte 5 | Anthropic: la empresa que prometía una IA segura y ya inquieta al poder que la vigila 

Anthropic nació con una historia perfecta para Silicon Valley: dos perfiles brillantes abandonan el laboratorio más famoso de inteligencia artificial porque creen que allí no se están tomando la seguridad lo bastante en serio. Hay conflicto, hay principios, hay ruptura y hay promesa. La vieja épica de la empresa que viene a corregir los pecados de otra empresa. Suena bien. Demasiado bien.

Una empresa que nació denunciando los peligros de una carrera descontrolada se ha convertido en una de las piezas más codiciadas de esa misma carrera. Anthropic forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como bloque llamado a dominar la inteligencia artificial. Es decir, ya no está fuera del problema. Está dentro. En el centro. Con inversores, valoración gigantesca, ambición bursátil y presión para crecer.

Y la presión importa. Mucho.

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‘MANGOS’, parte 4 | Sam Altman y OpenAI: la promesa de cambiar el mundo también quería factura 

OpenAI no inventó la inteligencia artificial. Conviene recordarlo, porque el relato de Silicon Valley siempre funciona igual: borra décadas de investigación pública, trabajo universitario, avances colectivos y financiación estatal para colocar en el centro a un fundador, un escenario, una presentación y una marca. La historia se reduce a un producto. El producto se reduce a un CEO. Y el CEO, si la bolsa acompaña, acaba convertido en profeta.

Sam Altman ocupó ese papel con una habilidad notable. OpenAI, fundada en 2015, lanzó ChatGPT el 30 de noviembre de 2022 y cambió de golpe la conversación tecnológica mundial. En cinco días alcanzó un millón de usuarios. En dos meses, cien millones. Ninguna herramienta digital había llegado tan rápido a esas cifras en la historia de Internet. Era útil, era sorprendente, era accesible. También era una demostración brutal de poder: una empresa privada podía poner en manos de medio planeta una tecnología capaz de escribir, resumir, traducir, programar, simular conversaciones y alterar industrias enteras antes de que las instituciones hubieran terminado siquiera de entender el fenómeno.

Ahí nació la fiebre. Y con ella, los MANGOS: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX, el nuevo bloque de empresas que aspiran a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. OpenAI es, en buena medida, la responsable de que ese club exista. No porque tenga todas las piezas. No fabrica los chips como Nvidia. No controla Android como Google. No tiene la red social planetaria de Meta ni los satélites de SpaceX. Pero encendió la mecha. Hizo que la IA dejara de ser una promesa de laboratorio y se convirtiera en producto de masas.

El problema es que la historia no acaba en la fascinación. Empieza ahí.

‘MANGOS’, parte 1 | El nuevo club de tecnoligarcas que quiere controlar el mundo https://spanishrevolution.net/mangos-parte-1-el-nuevo-club-de-tecnoligarcas-que-quiere-controlar-el-mundo/
‘MANGOS’, parte 2 | Musk y SpaceX: el magnate que quiere poner la inteligencia artificial en órbita
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‘MANGOS’, parte 3 | Zuckerberg y Meta: la inteligencia artificial como red social obligatoria
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‘MANGOS’, parte 3 | Zuckerberg y Meta: la inteligencia artificial como red social obligatoria 

Mark Zuckerberg lleva dos décadas vendiendo comunidad mientras construye dependencia. Primero fue Facebook, aquella promesa universitaria de conexión global que terminó convertida en una de las mayores máquinas de extracción de datos, atención y publicidad de la historia. Después llegaron Instagram y WhatsApp. Luego el metaverso. Ahora la inteligencia artificial. Cambia el envoltorio, cambia la palabra de moda, cambia el decorado de la presentación. El mecanismo sigue siendo el mismo: ocupar la conversación humana y convertirla en negocio.

Meta forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la era de la IA. No porque todas tengan exactamente el mismo papel. No porque todas estén igual de avanzadas técnicamente. Meta entra en ese club por una razón más cruda: controla uno de los canales de distribución más grandes del planeta.

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‘MANGOS’, parte 2 | Musk y SpaceX: el magnate que quiere poner la inteligencia artificial en órbita
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Elon Musk ha entendido mejor que nadie una verdad obscena del capitalismo contemporáneo: ya no hace falta demostrar que una empresa funciona, basta con convencer al mercado de que algún día será imprescindible. La rentabilidad puede esperar. Las pérdidas se maquillan con épica. Los agujeros contables se tapan con cohetes, frases grandilocuentes y promesas de futuro. Y los inversores, encantados, compran el relato como si compraran un billete de lotería hacia Marte.

La salida a bolsa de SpaceX este junio fue una escena perfecta de esa época. Durante sus primeros días en los parqués, la compañía espacial de Musk llegó a superar en cotización a Amazon, una de las máquinas de hacer dinero más grandes de la historia. El contraste es brutal. Amazon ingresó el año pasado 625.000 millones de euros y obtuvo alrededor de 68.000 millones de beneficio neto. SpaceX facturó unos 17.000 millones de euros y registró pérdidas netas de 4.250 millones. En cualquier economía mínimamente racional, la comparación provocaría sonrojo. En esta, provoca euforia bursátil.

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‘MANGOS’, parte 1 | El nuevo club de tecnoligarcas que quiere controlar el mundo 

Durante años nos acostumbraron a escuchar GAFAM como si fuera una palabra técnica, casi neutra. Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft. Sonaba a mercado, a innovación, a empresas modernas con oficinas de cristal y discursos sobre conectar el mundo. La realidad era bastante menos amable: eran corporaciones privadas colocando sus manos sobre la comunicación, el comercio, los sistemas operativos, la publicidad, la nube y la vida cotidiana de miles de millones de personas.

Ahora llega otro nombre. MANGOS.

Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Seis gigantes, o aspirantes a gigantes absolutos, situados en el centro de la nueva economía de la inteligencia artificial. No estamos hablando de empresas que venden aplicaciones. Estamos hablando de compañías que quieren convertirse en la carretera, el peaje, el coche, el combustible y la policía de tráfico de la era digital.

Te contamos todo en este reportaje en 8 partes.

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La Ilustración Oscura: el manual de instrucciones del capitalismo cuando ya no necesita fingir democracia 

Desde 2020, esta corriente ha ganado visibilidad en el clima cultural de la derecha radical. Y desde 2024 y 2025, con el regreso del trumpismo institucional y la entrada de figuras tecnológicas en el centro del poder, dejó de ser una rareza de internet para convertirse en una sombra bastante concreta. No hace falta que cada político ultra haya leído a Yarvin. De hecho, probablemente muchos no han leído casi nada. Basta con que el ecosistema circule. Basta con que la idea infecte: democracia igual a decadencia, Estado social igual a parasitismo, igualdad igual a mediocridad, derechos igual a obstáculo.

Ese es el método. Primero se degrada la palabra democracia. Luego se ridiculiza lo público. Después se presenta a las instituciones como una conspiración de burócratas. Más tarde se promete una “limpieza” del Estado. Y al final aparece siempre el mismo beneficiario: el capital concentrado. La Ilustración Oscura no quiere liberar a nadie; quiere liberar al dinero de cualquier límite democrático.

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Trump y la coartada perfecta: quizá nunca sepamos quién mató a más de 175 niñas y docentes en Irán 

Donald Trump ha encontrado una fórmula obscena para hablar de una escuela de niñas destruida en Irán: quizá nunca se sepa quién tuvo la culpa. Así. Como si más de 175 menores y docentes muertos fueran un problema técnico, una interferencia en el radar, una mala tarde de burocracia militar. Como si una escuela no fuera una escuela. Como si una niña muerta bajo los escombros pudiera archivarse bajo la categoría cómoda de “confusión”.

Trump dice que quizá nunca se sepa quién fue responsable del ataque contra una escuela de niñas en Irán que mató a más de 175 menores y docentes.