Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Cuando las mentiras te rodean, el ruido se convierte en coartada.
EL ESCÁNDALO COMO ESTRATEGIA
Cada vez que las sombras se acercan a su despacho, Isabel Díaz Ayuso recurre al viejo truco de siempre: convertir la corrupción en espectáculo y la mentira en bandera. Esta vez, las irregularidades no afectan a terceros ni a rivales políticos. Las protagonizan su pareja, Alberto González Amador (condenado por defraudar más de 350.000 euros a Hacienda), y su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, conocido por su hostilidad contra la prensa. Ambos declararon ante el Tribunal Supremo en el juicio al fiscal general del Estado. Ambos mintieron. Y ambos fueron defendidos por la presidenta madrileña, no con pruebas, sino con ruido.
Ayuso eligió el micrófono de Federico Jiménez Losantos para desatar su ofensiva. Acusó a los medios de comunicación críticos de ser “la prensa del régimen”. Habló de “periodistas que cobran tres veces más que ella” y de una “trama de poder” entre Moncloa, el Supremo y la Fiscalía. No aportó una sola evidencia. Solo una retahíla de conspiraciones destinadas a distraer la atención del verdadero problema: su entorno más próximo mintió bajo juramento.
Mientras tanto, las y los periodistas que investigaron el caso (de elDiario.es a otros medios) fueron nuevamente el blanco de su ira. Rodríguez, su jefe de gabinete, reconoció en el Supremo que su “exclusiva” contra el fiscal general se basó únicamente en una “deducción lógica”. Es decir, en nada. Ese mismo hombre que amenazó con “triturar” a la prensa sigue siendo protegido por Ayuso, que ni siquiera se atreve a desautorizarlo. El poder premia la lealtad, no la verdad.
LA POLÍTICA DEL ENEMIGO
Ayuso ha convertido el ataque a la izquierda en su única respuesta política. Cuando la corrupción la salpica, agita el espantajo del “proyecto totalitario” del Gobierno, de ETA, de Bildu, del “socialismo guerracivilista”. Todo vale. Lo mismo acusa al PSOE de ser “lo peor que ha tenido España” que lo culpa de “obstruir la justicia” por pedir transparencia. Lo que no hace nunca es responder. Ni sobre los móviles borrados, ni sobre los correos filtrados, ni sobre las declaraciones falsas de quienes trabajan y duermen a su lado.
La presidenta madrileña no gobierna: polariza. Cada intervención suya es una barricada verbal, un acto de resistencia contra enemigos imaginarios. Lo mismo llama “dictadura” a un sistema que la ha llevado al poder tres veces, que describe como “proyecto guerracivilista” al Ejecutivo central. La contradicción es el combustible de su narrativa. No necesita coherencia, sino conflicto.
En la Asamblea de Madrid, volvió a hacerlo. Mientras Más Madrid le exigía que evitara que su pareja huyera de España, Ayuso devolvía el golpe acusando a la izquierda de “borrar móviles” y de “ocultar la verdad”. La escena se repite semana tras semana: preguntas legítimas, respuestas vacías, ruido mediático y titulares servidos. Su discurso es un ventilador: lanza mierda a todos para disimular el olor propio.
EL RÉGIMEN ES ELLA
Lo que Ayuso llama “prensa del régimen” es, en realidad, periodismo independiente que se atreve a investigar lo que otros callan. Y lo que denomina “proyecto totalitario” es la democracia que limita su poder. En esa inversión de valores está toda su estrategia: presentarse como víctima para perpetuarse como verduga.
Su jefe de gabinete miente. Su pareja defrauda. Su Gobierno ataca a quienes lo revelan. Y aún así, Ayuso se proclama defensora de la libertad. Es la misma libertad que permite a los poderosos burlar la ley y llamar “persecución” a la rendición de cuentas. El verdadero régimen es el suyo: el de la impunidad que se justifica con odio.
Cada palabra de Ayuso es un ladrillo más en el muro del cinismo. Ha logrado transformar la mentira en una forma de identidad política. Ya no discute ideas, solo enemigos. No responde a preguntas, solo fabrica conspiraciones. Su Madrid no es una comunidad, sino un decorado para su cruzada personal contra todo lo que huela a igualdad, justicia o memoria.
Y mientras ella incendia los plenos con su retórica guerracivilista, su entorno declara ante los tribunales y el resto del país se pregunta cuánto más se puede degradar la palabra “libertad”.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
1 Comment
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
🎼 esTa muchacha & TODO Ló qué Lés rodean & piensan así, són LamenTabLe’s & dán pavor, qué MÜY LásTima!!!