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Jesús Sanz ensalza a Trump como modelo de líder: un arzobispo al servicio de la reacción
El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, ha dejado claro que la Iglesia católica en España ha decidido apostar sin complejos por la ultraderecha y el autoritarismo. En un congreso organizado por la Fundación Educatio Servanda, Sanz no solo elogió a Donald Trump como ejemplo de líder, sino que lo celebró como la gran esperanza para «poner a la cultura woke en su sitio» y restaurar un supuesto «orden moral». La declaración, recogida por Jesús Bastante en Religión Digital (enlace aquí), no deja lugar a dudas: la Iglesia no solo ha perdido el rumbo moral, sino que ha decidido situarse directamente en el bando de la reacción y el odio.
LA IGLESIA COMO BRAZO POLÍTICO DE LA ULTRADERECHA
La Iglesia católica nunca ha sido neutral políticamente. Históricamente ha estado del lado del poder, ya fuera apoyando dictaduras, bendiciendo golpes de Estado o cerrando filas con el franquismo. Pero lo de Sanz es un paso más allá: identificar a Trump como modelo de gobernante revela hasta qué punto la jerarquía católica está dispuesta a aliarse con el autoritarismo más descarado para imponer su moral rancia y represiva.
Trump no es solo un político de derechas. Es un agitador ultraconservador que ha construido su poder sobre la mentira, el racismo, la misoginia y el ataque frontal a las minorías. Es el hombre que separaba familias en la frontera con México, que prohibió la entrada a ciudadanos musulmanes, que negó la pandemia mientras cientos de miles de estadounidenses morían, que promovió el asalto al Capitolio, que intentó revertir el derecho al aborto y que hizo de la homofobia y el racismo una herramienta electoral.
Y es ese modelo de «líder» el que Sanz ve como ejemplo para Europa. Porque lo que Sanz realmente desea es una cruzada moral: un retorno a los tiempos en que la Iglesia imponía su ley desde los púlpitos y las instituciones políticas seguían las directrices del Vaticano sin rechistar.
«Bienvenido Trump para poner a la cultura woke en su sitio», dijo Sanz sin pestañear. La «cultura woke» a la que se refiere no es más que la defensa de los derechos humanos, la igualdad de género, el respeto a las identidades LGTBIQ+ y la lucha contra el racismo. Lo que para Sanz es una «amenaza» para la moral cristiana es, en realidad, la simple aspiración de millones de personas a vivir en libertad sin ser perseguidas o discriminadas por su orientación sexual, su identidad de género o el color de su piel.
La Iglesia, que durante siglos ha sido cómplice de la represión y la violencia, se presenta ahora como víctima de una supuesta censura. Es el mismo discurso que utilizan Vox y otros partidos ultraderechistas: el victimismo estratégico para justificar el ataque frontal a las libertades individuales.
EL PROYECTO DE DOMINACIÓN MORAL Y POLÍTICA
Jesús Sanz no se limitó a ensalzar a Trump como líder político. Fue más allá, presentando el rearme moral como un rearme también militar y político. «Cuando estamos hablando del rearme no moral, sino físico, o del control del escenario en el nuevo mapa internacional entre el nuevo zar y el viejo Tío Sam», declaró Sanz.
Aquí está la clave: la Iglesia no solo quiere imponer su moral, también quiere recuperar el poder político y militar. La referencia a la pugna entre Estados Unidos y Rusia es reveladora: Sanz está hablando de una lucha de civilizaciones, de una batalla ideológica y cultural que la Iglesia quiere librar desde el poder político y económico.
Porque el verdadero objetivo de la Iglesia no es solo frenar los derechos LGTBIQ+ o restringir el derecho al aborto. Es reinstaurar un modelo político donde la moral católica vuelva a ser ley. Donde el matrimonio homosexual vuelva a ser ilegal. Donde las mujeres sean relegadas al papel de madres y esposas. Donde las disidencias sexuales y de género sean perseguidas o patologizadas.
Trump representa ese modelo político: el autoritarismo religioso, el militarismo y la censura. Y la Iglesia está dispuesta a abrazarlo con tal de recuperar el poder que ha ido perdiendo en las últimas décadas.
LA HIPOCRESÍA Y LA DOBLE MORAL
La hipocresía de Sanz y de la Iglesia es evidente. Hablan de moral y valores mientras protegen a los abusadores sexuales en sus filas. Condenan la «cultura woke» mientras encubren décadas de pederastia y corrupción. Hablan de moral y familia mientras acumulan fortunas, propiedades y privilegios fiscales a costa de los contribuyentes.
La Iglesia española recibe cada año más de 300 millones de euros de las arcas públicas a través de la casilla de la declaración de la renta. No paga impuestos por los bienes inmuebles que posee, incluidos palacios, catedrales, colegios y centros de formación. La Iglesia no está censurada ni perseguida: está financiada por el Estado y sostenida por un sistema político que sigue considerando intocable su influencia.
La «clandestinidad» de la que habla Sanz no es más que el resultado de la pérdida de relevancia social. La sociedad española ya no acepta sin rechistar los dogmas e imposiciones de la Iglesia. Las mujeres reclaman su derecho al aborto. Las parejas homosexuales se casan y forman familias. Las personas trans reivindican su identidad. Y eso es lo que aterra a Sanz y a la Iglesia: la pérdida de control.
Porque la Iglesia no defiende la fe, defiende el poder. No le preocupa la espiritualidad, le preocupa la dominación. No quiere salvar almas, quiere controlar cuerpos y conciencias. Y para ello está dispuesta a aliarse con Trump, con la ultraderecha y con el autoritarismo.
El verdadero rearme moral que propone la Iglesia no es otra cosa que la restauración de un modelo político represivo y antidemocrático. El abrazo de Sanz a Trump es el síntoma de una Iglesia que ha decidido que la democracia, la diversidad y la libertad son amenazas para su poder.
Jesús Sanz no está solo. La Iglesia católica, aliada histórica del franquismo, está dispuesta a repetir la historia. Trump es solo el instrumento. El objetivo es el mismo de siempre: imponer la moral católica mediante el control político y la represión. Porque la verdadera amenaza para la Iglesia no es la «cultura woke». Es la libertad.
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Cosas del oppus & Cia.,resulta voxmitivo.
La iglesia católica está acabada y lo saben, por mucho dinero que manejen, es cuestión de tiempo
Que se acabe el » concordato» del estado » laico» y de la mafia del vaticano.
No hay iglesia que ilumine tanto,como la que arde.
Salud y anarkia