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Abascal, una vez más, elige ser el vasallo de los intereses ultraconservadores antes que defender a la industria española.
Donald Trump vuelve a poner su sello en la economía mundial con una medida que no tiene nada de casual: un arancel del 28,5% a las torres eólicas fabricadas en España. No es una decisión basada en la defensa de la industria estadounidense, sino un nuevo golpe contra el desarrollo de las energías renovables. No es la primera vez que el republicano utiliza el proteccionismo como arma política: en 2018 ya impuso aranceles a la siderurgia europea, y ahora repite la jugada.
El pretexto es un supuesto ‘dumping’ denunciado por la Wind Tower Trade Coalition, pero la realidad es otra. Se trata de una guerra ideológica disfrazada de conflicto comercial. El negacionismo climático de Trump y su defensa del lobi de los combustibles fósiles chocan frontalmente con la transición energética europea, y en ese escenario, castigar a empresas españolas como Windar Renovables, Haizea Wind o GRI Renewables es un movimiento político, no económico.
EL ULTRANACIONALISMO ECONÓMICO QUE ABASACAL APLAUDE
Mientras la Comisión Europea prepara su respuesta, Vox corre a justificar a Trump. José Antonio Fúster, su portavoz, ha lanzado la absurda teoría de que «el gran arancel es el Pacto Verde», en un intento de equiparar las políticas climáticas de Bruselas con el proteccionismo agresivo de Estados Unidos. Abascal, una vez más, elige ser el vasallo de los intereses ultraconservadores antes que defender a la industria española.
Por su parte, el PP juega a la indefinición. Feijóo prefiere mirar a otro lado, en lugar de denunciar una agresión comercial que pone en riesgo millones de euros en exportaciones. Según la Unión de Empresas Siderúrgicas, el 3,3% de las exportaciones siderúrgicas españolas en 2024 tuvieron como destino EE.UU., con un valor de 371 millones de euros. A esto se suman 20.769 toneladas de aluminio vendidas en el mismo periodo, por un total de 111 millones de euros. Casi 500 millones de euros en exportaciones podrían verse afectadas si Trump cumple su amenaza de extender los aranceles al acero y el aluminio.
Mientras Francia ya exige represalias contra los productos estadounidenses, el Gobierno español pide «prudencia». El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, asegura que «Europa está preparada» para responder, pero los precedentes muestran que la UE nunca ha sido capaz de plantar cara de verdad a las medidas proteccionistas de Washington. Si Bruselas no reacciona con contundencia, Trump sabrá que puede seguir apretando sin consecuencias.
La pregunta es clara: ¿hasta cuándo va a permitir Europa que el proteccionismo estadounidense marque las reglas del comercio internacional?
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