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La patronal de la construcción exige abrir fronteras mientras Vox aviva el racismo en el debate político.
Mientras Vox agita el fantasma de la «invasión migratoria», la Confederación Nacional de la Construcción (CNC) clama por la llegada de 700.000 trabajadoras y trabajadores migrantes para salvar un sector al borde del colapso. Este contraste es el reflejo más descarnado de un sistema que solo reconoce el valor de las personas migrantes cuando puede explotarlas.
El partido liderado por Santiago Abascal ha hecho de la xenofobia su bandera. Acusa a las personas migrantes de colapsar servicios públicos y amenaza con cerrar fronteras. Sin embargo, la patronal, sin ningún pudor, aboga por flexibilizar los trámites migratorios y firmar convenios internacionales para traer mano de obra barata. El racismo estructural se despliega en todo su esplendor: los migrantes son un «problema» hasta que el capital los necesita.
Este cinismo no solo resulta hipócrita, sino profundamente inmoral. Abrir las puertas por interés económico mientras se cierran para quienes huyen de la guerra, la persecución o la pobreza es una traición a los principios más básicos de los derechos humanos. A finales de 2023, más de 2.000 personas murieron en el Mediterráneo tratando de llegar a Europa, una tragedia que no parece importar cuando las cifras de beneficios empresariales son lo único que está en juego.
LA DOBLE MORAL DE VOX: ODIO EN EL DISCURSO, SILENCIO EN LOS NÚMEROS
El discurso de Vox no solo es racista, sino también oportunista. Mientras demonizan a las personas migrantes en campaña electoral, evitan mencionar que son fundamentales para sectores clave como la construcción, la agricultura o los cuidados. Según un informe de la Fundación porCausa, las personas extranjeras representan más del 20% de la fuerza laboral en España, pero reciben salarios más bajos y trabajan en condiciones más precarias.
¿Cómo explica Vox esta contradicción? Su respuesta es simple: ignoran los datos y prefieren perpetuar narrativas de miedo. En 2024, el sector de la construcción registró un récord de licitación pública, con un aumento del 7% interanual hasta agosto. Sin embargo, las empresas reconocen que no pueden asumir estas obras sin reforzar sus plantillas. El modelo actual no funciona porque no es sostenible ni ético seguir dependiendo de mano de obra explotada mientras se avivan discursos de odio.
La CNC propone «regularizar a quienes ya están aquí» y «traer inmigrantes de fuera». Pero esta regularización no se plantea como una cuestión de justicia social, sino como una herramienta para incrementar el número de cotizantes y abaratar los costes laborales. Mientras tanto, Vox calla sobre esta demanda empresarial, mostrando que su racismo se detiene donde empieza el interés económico.
CUANDO LOS DERECHOS HUMANOS SON UNA MONEDA DE CAMBIO
El problema no es solo la hipocresía de Vox, sino un sistema que instrumentaliza a las personas migrantes. La CNC pide convenios internacionales para traer trabajadoras y trabajadores de Chile y Perú sin necesidad de justificar urgencias administrativas. ¿Por qué estas vías son rápidas para el capital pero inaccesibles para quienes buscan refugio o una vida digna?
Esta dinámica pone en evidencia la falta de ética del modelo actual. Las puertas que se cierran para salvar vidas se abren de par en par cuando las empresas necesitan cubrir sus déficits estructurales. La migración no debería ser un recurso económico, sino un derecho humano inalienable. La patronal de la construcción no pide justicia, pide mano de obra. Su clamor es el del capitalismo sin alma: las personas migrantes son bienvenidas siempre que lleguen para producir, no para vivir.
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Las inspecciones,a lis latifunfistas,andaluces,destapó la explotación,a la que tenían sometidos/exclavizados los hombres-mujeres «de bien de aquellos lares…
Entonces, defendéis a la Patronal. Eso de pagar mejor a los albañiles ya para otro día.