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El presidente electo de Colombia no llega solo: llega escoltado por Trump, Vox, Ayuso y una derecha regional que llama libertad al viejo negocio del orden armado.
LA INTERNACIONAL DEL ORDEN, EL DINERO Y LA MANO DURA
Abelardo de la Espriella todavía no ha tomado posesión y ya se mueve como lo que es: una pieza más de una red reaccionaria que ha entendido perfectamente el momento. Su investidura será el 7 de agosto, pero el alineamiento empezó antes. El 21 de junio, tras ganar la segunda vuelta en Colombia, el abogado ultraderechista empezó a recibir felicitaciones, llamadas, guiños y bendiciones políticas de una constelación que no se improvisa. Trump al fondo. Vox al lado. Ayuso sonriendo desde Madrid. Noboa en Ecuador. Mulino en Panamá. Fujimori en Perú. Y Lula como excepción incómoda en Brasil.
No es diplomacia. Es bloque.
La operación tiene una estética conocida: seguridad, libertad, democracia, desarrollo. Palabras grandes para tapar una política pequeña: más frontera, más policía, más mercado, más subordinación a Washington. La ultraderecha ha aprendido a hablar como si defendiera pueblos mientras prepara gobiernos para las élites. Le llaman recuperar credibilidad internacional. Quieren decir volver al redil. Le llaman aliados firmes. Quieren decir socios ideológicos. Le llaman lucha contra el narcotráfico. Quieren decir militarización con permiso de Estados Unidos.
De la Espriella ha reiterado su intención de sumarse desde el 7 de agosto al llamado Escudo de las Américas, la alianza impulsada por Donald Trump con mandatarios afines bajo el paraguas de la lucha contra el narco. El decorado es perfecto: la guerra como excusa, el miedo como combustible y el continente como tablero. Nada nuevo. Solo que ahora viene empaquetado en redes sociales, videollamadas y frases de campaña con olor a consultora.
El caso de Daniel Noboa fue especialmente grosero. El 29 de mayo, dos días antes de la primera vuelta del 31 de mayo, el presidente ecuatoriano mantuvo una videollamada con De la Espriella, difundida como si fuera una cumbre bilateral entre jefes de Estado. Allí se habló incluso de eliminar aranceles a importaciones colombianas a partir del lunes siguiente. Petro sostuvo que aquello no era un logro personal del candidato, sino el cumplimiento de una resolución de la Comunidad Andina para cerrar una guerra arancelaria provocada por Noboa. El matiz importa. Mucho. Porque una cosa es diplomacia y otra muy distinta es usar una campaña electoral como escaparate regional de la derecha dura.
También está Panamá. De la Espriella habló con José Raúl Mulino sobre inversiones, narcotráfico, crimen organizado y la vieja interconexión eléctrica entre Panamá y Colombia. Todo suena técnico, sobrio, razonable. Hasta que se mira el mapa completo. Comercio, seguridad, energía. Tres palabras que en América Latina han servido demasiadas veces para justificar saqueos, bases, endeudamiento, privatizaciones y represión. Cuando el capital habla de estabilidad, casi siempre alguien abajo va a pagar la factura.
Y Perú. Keiko Fujimori, encaminada a la presidencia tras una victoria ajustadísima, ya había escenificado una videollamada de apoyo mutuo con De la Espriella el 21 de junio. La hija de Alberto Fujimori, cuya sombra política sigue atravesada por corrupción y violaciones de derechos humanos, habló de democracia, libertad y orden. Hay palabras que deberían pedir perdón antes de salir de ciertas bocas. Pero no lo hacen. Al contrario. Se reciclan. Se limpian. Se venden otra vez.
MADRID COMO SUCURSAL DE LA REACCIÓN
El 27 de junio, De la Espriella habló por teléfono con Isabel Díaz Ayuso y Santiago Abascal. El Español lo presentó como un intento de estrechar lazos entre Colombia y España y preparar una agenda común en torno a la libertad, la seguridad, la democracia y el desarrollo. Ahí está todo el manual. La derecha radical ya no necesita ocultarse: se llama a sí misma democracia mientras dinamita los consensos democráticos.
Ayuso no es una dirigente exterior, no representa la diplomacia española, no habla por el Estado. Pero actúa como si Madrid fuera una cancillería paralela de la derecha internacional. Y Abascal, líder de Vox, aparece donde debe aparecer: en el puente entre la ultraderecha española y la latinoamericana, esa comunidad política que exporta consignas, comparte enemigos y convierte el anticomunismo en negocio emocional. Feministas, migrantes, sindicalistas, ecologistas, periodistas, pueblos indígenas, personas LGTBI, defensoras y defensores de derechos humanos. Siempre los mismos objetivos. Siempre la misma rabia dirigida hacia abajo.
El comunicado del equipo de De la Espriella habló de relaciones útiles, serias y estratégicas para Colombia. Conviene traducir. Útiles para quién. Serias para quién. Estratégicas para qué. Porque las colombianas y colombianos no necesitan otra pedagogía del miedo ni otro vendedor de mano dura prometiendo milagros en 90 días. Necesitan paz, tierra, derechos, justicia social, servicios públicos y una política que no entregue la soberanía a cambio de una foto con Trump o una llamada con Vox.
La relación con Venezuela muestra hasta qué punto el discurso puede retorcerse sin romperse. Delcy Rodríguez felicitó al gobierno electo de Colombia antes de los terremotos del 24 de junio, pidiendo relaciones de respeto, cooperación y amistad entre países que comparten más de 2.200 kilómetros de frontera. De la Espriella y su vicepresidente, José Manuel Restrepo, han repetido que la relación con Caracas pasará por el Departamento de Estado de Estados Unidos. Colombia hablando con su vecino a través de Washington. La soberanía convertida en ventanilla.
Y ahí aparece Lula. La excepción. Brasil no encaja del todo en la postal. Lula felicitó al pueblo colombiano y defendió que la amistad entre Brasil y Colombia trasciende ideologías, con desafíos comunes como la Amazonía, la pobreza y el crimen organizado. De la Espriella respondió con tono cordial. Claro. Brasil pesa demasiado para convertirlo en enemigo de entrada. Pero el pulso está ahí: en octubre, Lula busca la reelección frente a Flavio Bolsonaro, que ya intercambió guiños con De la Espriella durante la campaña. América Latina vuelve a jugarse en las urnas algo más que gobiernos. Se juega si la región será territorio de derechos o laboratorio de obediencia.
La nueva derecha no viene a salvar a nadie. Viene a ordenar el continente para que manden los de siempre con lenguaje nuevo. Cambian los eslóganes, no cambia el patrón: miedo para las mayorías, negocios para las minorías y banderas para tapar el saqueo.
Fuentes:
https://elpais.com/america-colombia/2026-06-28/de-la-espriella-llega-alineado-con-sus-vecinos-a-excepcion-de-lula.html
https://cnnespanol.cnn.com/2026/06/27/latinoamerica/brasil-espriella-fujimori-derecha-lula-orix
https://www.elespanol.com/mundo/20260627/espriella-dialoga-ayuso-abascal-estrechar-lazos-colombia-espana/1003744302175_0.html
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