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Los propios eurodiputados que entraron con SALF retratan al agitador: promesas contra la corrupción, cinco causas abiertas y una ultraderecha que se recoloca entre PP, Vox y Meloni.
LA MENTIRA COMO PROGRAMA POLÍTICO
La ultraderecha española tiene una habilidad casi industrial para fabricar cruzadas morales con materiales de derribo. Se presenta como azote de la corrupción, como voz del pueblo, como martillo contra “la casta”, y luego basta rascar un poco para que aparezca lo de siempre: personalismo, dinero opaco, acoso, peleas internas y mucho vídeo grabado para mantener encendida la secta. Lo de Se Acabó La Fiesta ya ni siquiera necesita demasiada interpretación. Lo están contando desde dentro.
El 25 de junio, Solier y Nora Junco, eurodiputados elegidos como número dos y tres de la lista de SALF en las europeas de 2024, arremetieron contra Luis “Alvise” Pérez con una dureza poco habitual entre antiguos compañeros de papeleta. Dijeron que “lleva la mentira en el ADN” y que puede terminar siendo “el más corrupto de los corruptos”. No lo dijo una tertulia progresista. No lo dijo un adversario ideológico de izquierdas. Lo dijeron quienes entraron al Parlamento Europeo gracias al mismo artefacto político que él vendía como una revolución anticasta.
La escena tiene algo de justicia poética, pero también de advertencia. Porque SALF no nació como un partido serio, sino como una maquinaria de agitación digital capaz de convertir rumores, pantallazos y resentimiento en representación institucional. La promesa era limpiar España. El resultado, otra vez, huele a cloaca.
Solier y Junco explican que se acercaron a aquel proyecto porque creyeron ver una lucha contra la corrupción y voluntad de “trabajar por España”. El “leitmotiv”, según Solier, era ese: combatir la corrupción. La ironía es bastante gruesa. Hoy Alvise arrastra cinco causas abiertas, y la más grave investiga la presunta financiación ilegal de su partido con 100.000 euros en efectivo entregados por un empresario del sector de las criptomonedas. Todo muy regenerador. Todo muy limpio. Todo muy de acabar con la fiesta ajena mientras se entra por la cocina con el sobre en la mano.
Junco fue más allá al desmontar la mitología del supuesto “equipo de investigación” de Alvise. Según contó, había personas que se acercaban durante la campaña con información sobre presuntos casos de corrupción para que ese equipo los estudiara. Pero, según ella, aquello acababa “en un rincón en su casa”. No había estructura. No había investigación. No había nada. Fachada, ruido y una audiencia dispuesta a creer que un canal de Telegram podía sustituir al periodismo, a los tribunales y a la democracia misma.
El mecanismo es conocido. Primero se construye un enemigo absoluto. Luego se vende una comunidad de fieles. Después se pide confianza ciega. Y al final, cuando alguien pregunta por los métodos, por el dinero, por las pruebas o por las contradicciones, se le convierte en traidor. La ultraderecha no debate: señala. No fiscaliza: persigue. No informa: intoxica.
ENTRE MELONI, VOX Y EL PP
La ruptura interna llegó poco después de las elecciones europeas de 2024, cuando Solier y Junco se integraron en el grupo de Conservadores y Reformistas Europeos, el ECR, situado en la órbita de Giorgia Meloni. Alvise, en cambio, quedó en el grupo de los no inscritos. Para alguien que vive de vender influencia, quedarse fuera del club no es un detalle. Es una humillación con escaño.
Desde entonces, la relación se pudrió del todo. Solier y Junco demandaron a Alvise por acoso. Y aquí conviene detenerse. Porque el personaje que construyó su negocio político acusando a medio país de corrupción, traición y conspiración aparece ahora rodeado de procedimientos judiciales y abandonado por parte de quienes llegaron con él a Bruselas. El agitador que prometía vigilar al poder acabó convertido en problema judicial, político y humano para los suyos.
Solier resumió el funcionamiento interno con una frase demoledora: hoy dice A, mañana B o Z. Ese es el método. No una ideología, sino una sucesión de impulsos. No un programa, sino una emisión permanente. Junco lo describió como alguien “volátil” e incapaz de manejar el proyecto. También afirmó que quienes hicieron posible SALF ya no están con él. “Si empiezas a contar los muertos que ha dejado detrás, no paras”, añadió Solier. La frase pesa porque describe algo más amplio que una pelea personal. Describe una forma de hacer política basada en usar personas, quemarlas y seguir emitiendo como si nada.
La otra parte de la historia tampoco invita a celebraciones. Solier y Junco reivindican ahora su trabajo dentro del ECR y presumen de buena relación con el PP y con Vox en el Parlamento Europeo. “Estamos en medio de los dos”, dijo Solier. Es decir, la escisión del alvismo no se ha ido precisamente a defender la sanidad pública, la vivienda como derecho o la paz. Se ha recolocado en la derecha conservadora europea, defendiendo agricultura, pesca, ganadería, menos burocracia, energía nuclear, dinero en efectivo y la familia como “centro” de la sociedad.
Ahí está la fotografía completa. A un lado, Alvise cacareando desde el no inscrito, haciendo ruido y vídeos, según reprochan sus antiguos compañeros. Al otro, sus excompañeros integrados en la derecha europea dura, cómodos entre Meloni, PP y Vox. No hay ruptura con el bloque reaccionario. Hay disputa por el mando, por la respetabilidad y por el asiento desde el que se reparte el discurso.
Aun así, el derrumbe de la marca Alvise importa. Importa porque revela la estafa política de una época: convertir la indignación social en combustible para aventureros. Se explota el hartazgo real de la gente, se le pone una bandera, se le añade conspiración, se le mete odio y se vende como limpieza democrática. Pero no limpia nada. Ensucia más.
El problema no es solo Alvise. El problema es el ecosistema que lo hizo rentable: medios que blanquearon el espectáculo, redes que premiaron la mentira, votantes empujados a creer que la política era una guerra de memes y una derecha que siempre acaba encontrando hueco para estos artefactos cuando le conviene. Luego, cuando el monstruo muerde dentro de casa, todos descubren que tenía dientes.
SALF prometió acabar con la fiesta. De momento, lo que ha enseñado es el reservado: 100.000 euros en efectivo, cinco causas abiertas, denuncias por acoso y una colección de patriotas profesionales peleándose por quién controla el altavoz.
Fuentes de verificación usadas: Europa Press recoge las declaraciones de Solier y Junco del 25 de junio, la ruptura con Alvise, su entrada en ECR y las cinco causas abiertas; ECR identifica oficialmente a Diego Solier Fernández y Nora Junco García como miembros incorporados el 18 de diciembre de 2024; elDiario.es e Infobae detallan la causa por los 100.000 euros en efectivo vinculados al empresario Álvaro Romillo y la presunta financiación ilegal. (europapress.es)
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