Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El capitalismo no nació de la libertad humana, sino de la violencia organizada contra quienes querían vivir de otra manera.
Clara Mattei hace algo que el pensamiento económico dominante lleva más de un siglo intentando impedir: quitarle al capitalismo su disfraz de naturaleza. Nacida en Italia, formada en filosofía y economía, Mattei ha investigado durante años la relación entre pensamiento económico, políticas tecnocráticas y disciplinamiento social. Fue profesora en The New School for Social Research de Nueva York, miembro del Institute for Advanced Study de Princeton en 2018-2019 y es autora de The Capital Order: How Economists Invented Austerity and Paved the Way to Fascism, publicado en 2022 por University of Chicago Press. Su trabajo sostiene una tesis tan incómoda como documentada: la austeridad no nació para “arreglar la economía”, sino para proteger el orden del capital frente a las clases trabajadoras organizadas.
Mattei habla con una claridad incómoda. El capitalismo no es “lo humano”. No es “lo normal”. No es “lo inevitable”. Es un sistema histórico muy reciente, impuesto por la fuerza, sostenido por la disciplina del salario, protegido por el Estado y maquillado con una democracia liberal que muchas veces funciona como escaparate.Lo dice con una claridad incómoda. El capitalismo no es “lo humano”. No es “lo normal”. No es “lo inevitable”. Es un sistema histórico muy reciente, impuesto por la fuerza, sostenido por la disciplina del salario, protegido por el Estado y maquillado con una democracia liberal que muchas veces funciona como escaparate.
La frase que debería perseguir a las y los tertulianos de mercado libre es brutal: el capitalismo ha existido solo durante el 0,1% de la historia humana. Es decir, esa maquinaria que nos venden como si estuviera inscrita en el ADN de la especie es, en realidad, una anomalía reciente. Un paréntesis armado. Una forma de organizar la vida que necesita convencernos cada mañana de que no hay alternativa porque, si la alternativa se imagina, el negocio empieza a temblar.
La gran operación ideológica del capitalismo no ha sido producir riqueza, sino producir obediencia. Hacer creer a millones de personas que competir contra sus vecinas y vecinos es libertad. Que alquilar la vida entera a cambio de sobrevivir es madurez. Que trabajar para enriquecer a otros es responsabilidad. Que tener miedo a perder el empleo es un incentivo. Qué palabra tan bonita para nombrar la amenaza.
EL CAPITALISMO NO ES NATURAL, ES UNA IMPOSICIÓN HISTÓRICA
Mattei desmonta una de las mentiras más eficaces del poder económico: la idea de que antes del capitalismo solo había caos, atraso, hambre y superstición. Como si durante el 99,9% de la historia humana las sociedades no hubieran creado formas de cooperación, ayuda mutua, propiedad comunal, economías de subsistencia, redes de cuidados y estructuras colectivas para sostener la vida. No eran paraísos. Nadie serio necesita inventar un Edén precapitalista. Pero tampoco eran esa caricatura miserable que necesita el capital para presentarse como salvador.
El capitalismo no llegó con flores. Llegó con cercamientos, expulsiones, colonización, esclavitud, guerra, hambre fabricada y leyes contra las y los pobres. Llegó separando a las personas de la tierra, de sus medios de vida, de sus comunidades y de su autonomía. Primero te quitan la posibilidad de vivir fuera del mercado y luego llaman libertad a venderte dentro de él. Esa es la trampa. Esa es la arquitectura.
No hubo una humanidad despertando un día y decidiendo democráticamente que lo más razonable era organizar el mundo alrededor del beneficio privado. Hubo élites, ejércitos, imperios, jueces y legisladores haciendo el trabajo sucio. Hubo campesinas y campesinos expulsados. Hubo pueblos colonizados. Hubo cuerpos esclavizados. Hubo mujeres obligadas a sostener gratis la reproducción social mientras los economistas aprendían a llamar “producción” solo a lo que generaba dinero para alguien.
Y ahí está la obscenidad. El capitalismo se presenta como el reino de la elección, pero nace de cerrar caminos. Te deja escoger entre marcas, no entre modelos de vida. Te deja votar cada cierto tiempo, pero no votar sobre la propiedad de las fábricas, la vivienda vacía, los fondos buitre, las cadenas de suministro o los tratados que convierten países enteros en talleres baratos para el Norte global. Democracia, sí. Pero con candado.
La fachada liberal cumple su función. Hay urnas, parlamentos, debates, campañas, titulares. Todo eso importa. Nadie debería despreciarlo. Pero el corazón material del sistema queda fuera de discusión. Las y los trabajadores pueden cambiar gobiernos, pero no tocar la estructura que permite a una minoría vivir del trabajo ajeno. Pueden protestar, hasta cierto punto. Pueden organizarse, si no molestan demasiado. Pueden pedir reformas, siempre que no cuestionen el altar: la propiedad privada del capital.
LA COERCIÓN COMO MOTOR Y LA DEMOCRACIA COMO DECORADO
Lo que Mattei señala conecta con su investigación sobre la austeridad, especialmente en The Capital Order (2022), donde analiza cómo las políticas de recortes no fueron simples errores técnicos, sino herramientas políticas para proteger el capitalismo en momentos de amenaza social. Después de la Primera Guerra Mundial, cuando las y los trabajadores exigían más poder, mejores condiciones y otra organización económica, la respuesta de las élites no fue neutralidad científica. Fue disciplina. Fue restauración del orden. Fue austeridad.
La austeridad no es una mala gestión. Es una pedagogía del miedo. Baja salarios, recorta derechos, debilita sindicatos, privatiza servicios, reduce expectativas y enseña a las clases populares que deben aceptar menos. Menos salud pública. Menos vivienda. Menos tiempo. Menos futuro. Mientras tanto, acreedores, empresarios y grandes patrimonios reciben el mensaje contrario: calma, el Estado está aquí para protegeros.
El capitalismo necesita crisis porque la crisis educa en la sumisión. Cuando todo arde, se exige sacrificio. Pero el sacrificio siempre baja por la escalera social. Las enfermeras y enfermeros aguantan turnos imposibles. Las y los profesores hacen milagros con aulas saturadas. Las familias trabajadoras pagan alquileres indecentes. Las y los jóvenes encadenan empleos basura. Luego aparece un señor con traje a explicar que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. No. Han vivido por encima de nuestras espaldas.
Lo más perverso es que el sistema logra presentar su violencia como realismo. Si una comunidad defiende la tierra, es atraso. Si las y los trabajadores hacen huelga, son irresponsables. Si un pueblo exige soberanía económica, es populismo. Si alguien cuestiona el beneficio privado como principio organizador de la vida, es ingenuidad. Pero entregar hospitales, energía, vivienda, agua, pensiones y datos personales a corporaciones se llama modernización. El diccionario también lo escriben los vencedores.
La propaganda capitalista ha sido tan eficaz que muchas personas defienden el sistema que las aplasta porque temen más al cambio que a la explotación cotidiana. Esa es su victoria cultural. No que amemos el capitalismo. Que no sepamos imaginar el mundo sin él. Que confundamos supervivencia con libertad. Que llamemos éxito a no hundirnos.
Por eso el vídeo importa. Porque no discute un matiz académico. Abre una grieta. Recuerda que lo que existe no siempre existió. Y si no siempre existió, tampoco tiene por qué existir para siempre. Esa idea es dinamita política.
El capitalismo no es la naturaleza humana: es la jaula que la naturaleza humana aprendió a llamar hogar.
Referencia útil para sostener el enfoque sobre Clara Mattei y su obra: The Capital Order analiza la austeridad como una herramienta para proteger el capital y el capitalismo ante momentos de agitación social desde abajo. (claramattei.com)
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
González Amador y el negocio privado junto al poder público que Ayuso no podrá justificar jamás
Entre 2021 y 2023, Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso, ganó una media de casi 1,5 millones de euros al año. No está mal para un “ciudadano cualquiera”. Tampoco está mal que esos fueran, precisamente, los primeros años de su relación con la presidenta de la Comunidad de Madrid. Casualidades. Siempre casualidades. En Madrid parece que la suerte empresarial cae del cielo, pero solo en ciertos áticos, ciertos despachos y ciertas sociedades con nombres pulidos.
González Amador había creado su consultora en 2016. Al año siguiente empezó a hacer auditorías para Quirónprevención. Entonces sus facturaciones estaban por debajo de los 400.000 euros. Después vino el salto. Y no un salto pequeño. Un salto de esos que en cualquier democracia mínimamente higiénica obligaría a abrir ventanas, expedientes y preguntas públicas. Porque Quirón recibe cada año alrededor de 1.000 millones de euros por su cooperación hospitalaria en la Comunidad de Madrid. Ahí está la línea de puntos. No hace falta ser detective. Basta con no querer mirar hacia otro lado.
¿Ha cruzado Peinado la última línea?
El juez Juan Carlos Peinado ha vuelto a hacer lo que mejor define esta instrucción: estirar el caso hasta convertirlo en un espectáculo político con toga. El 20 de junio, el magistrado envió a juicio a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y le impuso medidas cautelares: retirada del pasaporte, prohibición de salir del territorio nacional y comparecencia quincenal en el juzgado. Hasta ahí, el repertorio habitual de una causa que lleva demasiado tiempo oliendo más a obsesión que a justicia.
Pero esta vez Peinado fue más lejos. Mucho más lejos. En su auto llegó a sugerir que los agentes encargados de escoltar a Begoña Gómez podrían, “bien por iniciativa propia o siguiendo órdenes de sus superiores jerárquicos”, colaborar en una hipotética fuga. Es decir, el juez no solo dibuja a la investigada como alguien que podría escapar. Dibuja también a policías nacionales como posibles cómplices. Sin una prueba concreta encima de la mesa. Sin individualizar conductas. Sin indicios determinados. Una sombra lanzada sobre servidores públicos porque sí. Porque encaja en el relato.
Israel mata al cámara Ahmed Wishah y vuelve a llamar “terrorista” al periodista muerto
El cámara de Al Jazeera Ahmed Wishah fue asesinado el 20 de junio en un ataque aéreo israelí contra una vivienda del campo de refugiados de Bureij, en el centro de Gaza. No murió en una abstracción bélica. No cayó en “daños colaterales”. Fue alcanzado por un bombardeo en una casa de un campo de refugiados, uno de esos lugares donde la palabra refugio ya suena a burla cruel cuando la maquinaria militar israelí decide que no hay techo, calle, hospital, escuela, convoy, tienda de campaña ni cámara que merezca seguir en pie.
Según Al Jazeera, en el ataque murieron dos personas y al menos otra persona palestina resultó herida. La cadena fue directa: condenó el “asesinato deliberado” de Ahmed Wishah, trabajador de Al Jazeera Mubasher, y recordó que es el 12º trabajador de la red asesinado en Gaza desde que comenzó la guerra genocida de Israel en octubre de 2023. Doce trabajadores de un mismo medio muertos. Doce. Luego vendrán los portavoces con su jerga de expediente, sus frases prefabricadas y sus acusaciones sin pruebas. Pero el dato queda ahí, como una losa sobre la conciencia de un mundo que mira demasiado y actúa demasiado poco.
Vídeo | Estrenamos este domingo la segunda parte del reportaje “Palestina y la historia que quieren borrar”
Spanish Revolution estrena este domingo a las 15:00 la segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”, el reportaje dirigido y presentado por Patricia Salvador dentro de #ReportajesSR, el proyecto audiovisual dirigido por Patricia Salvador y Lea Guggelman.
Bajo el título “La Nakba eterna”, esta nueva entrega continúa el recorrido iniciado en el primer capítulo, donde se abordaba la Nakba para desmontar la mentira de que la historia de Palestina comienza el 7 de octubre.
Vídeo | El turismo que saquea las ciudades mientras sonríe para la foto
El turismo urbano ya no puede seguir vendiéndose como una postal amable, una maleta con ruedas y una pareja haciéndose fotos frente a una fachada histórica. En demasiadas ciudades se ha convertido en otra cosa. En una forma educada de saqueo. Entra sonriendo, paga tres noches, deja propina si toca, sube una historia a Instagram y se marcha. Lo que queda detrás no sale en la foto: alquileres imposibles, vecinas expulsadas, comercios de barrio sustituidos por locales sin alma y calles que ya no pertenecen a quienes las habitan.
No es turismo. Es extracción.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir