19 Ene 2026

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Trump amenaza a la CBS para disciplinar a la prensa
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Trump amenaza a la CBS para disciplinar a la prensa 

Demandas, cheques millonarios y advertencias veladas: la Casa Blanca vuelve a usar el poder del Estado para intimidar al periodismo.

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La escena no es nueva, pero sí cada vez más explícita. La Casa Blanca de Donald Trump volvió a cruzar una línea que en cualquier democracia funcional debería activar todas las alarmas. Esta vez el blanco fue la cadena CBS News, amenazada con una batería de demandas si se atrevía a editar una entrevista grabada con el presidente. No hablamos de manipular el contenido, sino de ejercer un criterio periodístico básico. El mensaje fue claro: o se emite todo, como exige el poder, o se paga el precio.

La advertencia partió de la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, durante la grabación de una entrevista realizada por el periodista Tony Dokoupil para el programa CBS Evening News, en Michigan. Según relató The New York Times, Leavitt se acercó al equipo de la cadena para transmitir una orden directa atribuida al propio Trump: no cortar la cinta, no editar nada, emitir la entrevista completa. Y añadió la amenaza. “Si no lo publicáis completa, os demandaremos hasta el cansancio”.

No fue un malentendido ni un exceso verbal aislado. Fue una demostración de fuerza. El poder político dictando las reglas editoriales bajo la amenaza judicial. Que parte del equipo interpretara el comentario como una broma dice más del clima de normalización del abuso que de la intención real de la portavoz. La cadena emitió finalmente la entrevista íntegra esa misma noche, y después defendió que esa había sido su decisión desde el inicio. El problema no es el resultado, sino el precedente.

DEMANDAS COMO INSTRUMENTO DE CONTROL

La amenaza no surge de la nada. En 2024, Trump ya había demandado a CBS por la edición de una entrevista en el programa 60 Minutes. Aunque numerosos expertos legales coincidieron en que la demanda tenía poco recorrido jurídico, la empresa matriz de la cadena optó por pagar 16 millones de dólares para evitar el juicio. Dieciséis millones no como reparación de un daño real, sino como precio por esquivar el desgaste y la presión política.

Ese dato no es anecdótico. Es estructural. Cuando el poder utiliza demandas estratégicas para intimidar, no busca ganar en los tribunales, sino asfixiar fuera de ellos. Es una práctica conocida, documentada y cada vez más habitual en gobiernos autoritarios o en democracias degradadas. El objetivo no es corregir una supuesta injusticia, sino disciplinar al mensajero y enviar una advertencia al resto del ecosistema mediático.

En este contexto, la frase de Leavitt no es solo una amenaza. Es una doctrina. Publicad lo que el presidente quiere, como lo quiere, o asumid las consecuencias económicas y legales. No hay censura previa formal, pero sí un entorno de coerción constante que empuja a la autocensura. Y eso, en términos democráticos, es igual de corrosivo.

La Casa Blanca se apresuró a justificar la presión con un argumento populista: “El pueblo estadounidense merece ver las entrevistas completas del presidente, sin editar ni cortar”. La entrevista se emitió completa, sí. Pero la exigencia no era transparencia, sino control. Porque si de verdad se tratara de defender el derecho a la información, no haría falta amenazar con demandas.

PERIODISMO BAJO AMENAZA, DEMOCRACIA EN RETIRADA

El episodio se produce además en un momento en el que Trump impulsa iniciativas que concentran poder y vacían los marcos multilaterales. Ahí está su propuesta de crear una supuesta “Junta de Paz” destinada a reemplazar a la Organización de las Naciones Unidas, financiada con 1.000 millones de dólares por país que quiera sumarse. Una idea que combina unilateralismo, chequera y desprecio por los equilibrios internacionales construidos tras décadas de diplomacia.

No es casual. El ataque al periodismo y el ataque a las instituciones multilaterales forman parte de la misma lógica. Debilitar los contrapesos, desacreditar a quienes fiscalizan el poder y sustituir normas comunes por relaciones de fuerza. La prensa libre es uno de esos contrapesos. Por eso molesta. Por eso se intenta domesticarla.

Que CBS haya resistido en esta ocasión no borra el problema de fondo. Cada amenaza que no tiene consecuencias políticas refuerza la siguiente. Cada cheque millonario pagado para evitar un juicio injustificado alimenta la maquinaria de intimidación. Y cada vez que se normaliza este comportamiento, el margen de libertad se estrecha un poco más.

No se trata de una pelea personal entre Trump y una cadena concreta. Es una advertencia a todo el periodismo. A las y los periodistas, a las redacciones, a quienes todavía creen que editar, contextualizar y jerarquizar información es parte del oficio. En la Casa Blanca de Trump, ese oficio es tolerado solo mientras no incomode.

Cuando el poder amenaza con demandar “hasta el cansancio” por ejercer el periodismo, lo que está diciendo es que la verdad es negociable y la democracia, prescindible.

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