Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La persecución judicial contra Jerome Powell no es un caso aislado, es un ensayo de control autoritario sobre la política monetaria de Estados Unidos.
El 12 de enero, la política económica estadounidense cruzó una línea que hasta ahora se mantenía como un consenso tácito entre élites, mercados y administraciones. La Casa Blanca abrió la puerta a una investigación penal contra el presidente de la Reserva Federal, usando como coartada el coste de la renovación de los edificios del organismo en Washington DC. El objetivo real es otro. Doblegar la independencia del banco central para subordinarla a los intereses políticos inmediatos de Donald Trump.
No es un gesto técnico ni un conflicto administrativo. Es una ofensiva directa contra uno de los pocos contrapesos institucionales que aún no controla el trumpismo. La Reserva Federal no es un ministerio más. Es el corazón de la política monetaria de la primera economía del mundo. Y Trump lo sabe.
Desde hace meses, el presidente estadounidense exige rebajas agresivas de los tipos de interés para apuntalar un crecimiento artificial en año preelectoral permanente. Lo hace pese a que la inflación ronda el 3%, lejos del objetivo oficial del 2%, y con un desempleo del 4,4% que no justifica una relajación monetaria drástica. Presionar a la Fed en este contexto no es una discrepancia ideológica, es una irresponsabilidad económica deliberada.
LA INDEPENDENCIA DE LA FED BAJO AMENAZA
La respuesta de Jerome Powell no fue retórica ni grandilocuente. Fue institucional. Medida. Grave. Reconoció que las citaciones judiciales recibidas el viernes anterior buscan obligarle a seguir las órdenes del presidente. “El servicio público a veces requiere mantenerse firme ante las amenazas”, afirmó en un vídeo difundido el domingo por la noche. No es una frase heroica. Es una advertencia.
El mandato de Powell como presidente termina en mayo de 2026, pero su asiento como gobernador se extiende hasta enero de 2028. Si decide permanecer en la junta, Trump no podrá ocupar esa vacante, un detalle clave en esta guerra silenciosa por el control del consejo de la Fed. La investigación penal aparece así como un atajo para forzar su salida por la vía judicial.
El problema no es Powell como individuo. Es el precedente. Si la Casa Blanca consigue que el Departamento de Justicia actúe como brazo coercitivo contra la autoridad monetaria, la independencia del banco central queda convertida en una ficción jurídica. Y con ella, la credibilidad del dólar, la estabilidad financiera y la confianza global en el sistema estadounidense.
Dos senadores republicanos ya han mostrado su descontento. No por convicción democrática, sino por miedo al impacto económico. Cuando hasta sectores conservadores detectan riesgo sistémico, el problema ya no es ideológico, es estructural.
AUTORITARISMO ECONÓMICO CON TRAJE INSTITUCIONAL
La alarma no llegó solo desde dentro del Congreso. Antiguos presidentes de la Reserva Federal y exresponsables del Tesoro rompieron su tradicional silencio. En una carta pública difundida el lunes, advirtieron de que las acciones de la Administración Trump son “un intento sin precedentes de utilizar ataques judiciales para socavar la independencia del banco central”.
Firmaron Ben Bernanke, Janet Yellen y Alan Greenspan, junto a los exsecretarios del Tesoro Henry Paulson y Robert Rubin. No es un grupo sospechoso de radicalismo. Es el núcleo duro del establishment económico estadounidense.
Su diagnóstico fue demoledor. “Así es como se elabora la política monetaria en los mercados emergentes con instituciones débiles”, señalaron. No hablaban de Venezuela ni de Turquía. Hablaban de Estados Unidos en 2026. Y añadieron que este comportamiento no tiene cabida en un país cuya mayor fortaleza ha sido históricamente el estado de derecho.
Trump no improvisa. Su estrategia es coherente con un modelo de poder que desprecia los límites institucionales. Ya ha atacado tribunales, medios de comunicación, fiscalías y agencias reguladoras. Ahora le toca al dinero. Porque quien controla los tipos de interés controla el ritmo de la economía, el acceso al crédito, el precio de la vivienda, las hipotecas, los préstamos para automóviles y el margen de maniobra de millones de familias trabajadoras.
No es casualidad que esta ofensiva llegue en un contexto de desigualdad estructural, endeudamiento privado y precariedad laboral. Forzar bajadas de tipos puede aliviar a corto plazo a los mercados financieros, pero dispara burbujas y castiga a quienes viven de su salario. El coste lo pagan las y los de siempre. El beneficio se concentra arriba.
La independencia de la Reserva Federal no es un fetiche tecnocrático. Es una línea de defensa imperfecta frente al uso partidista de la economía como arma de poder. Cuando el presidente de Estados Unidos intenta someterla por vía penal, ya no estamos ante una disputa económica, sino ante una degradación democrática en tiempo real.
Y cuando el dinero deja de ser un contrapeso y pasa a ser un instrumento obediente, la democracia se convierte en contabilidad creativa al servicio del poder.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir