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La relatora de la ONU señala a más de sesenta Estados —principalmente occidentales— como cómplices materiales, diplomáticos y financieros de un crimen colectivo
EL GENOCIDIO TRANSMITIDO EN DIRECTO
Más de dos años después del inicio del asedio a Gaza, una voz desde el interior de las Naciones Unidas ha roto el silencio cómplice. Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para los derechos humanos en Palestina ocupada, ha presentado un informe demoledor: el genocidio en Gaza no es solo obra de Israel, sino un crimen compartido por decenas de Estados que lo financian, lo arman y lo protegen diplomáticamente.
El texto, adelantado esta semana, nombra a más de sesenta países cuya implicación ha hecho posible la destrucción sistemática de Gaza, donde más del 10 % de la población ha sido asesinada o herida y casi toda ha sido desplazada. “Este horror en directo —escribe Albanese— se ha enmarcado en narrativas coloniales que deshumanizan a las y los palestinos. Ha sido facilitado por el apoyo material, la protección diplomática y, en algunos casos, la participación activa de terceros Estados”.
La relatora advierte de un punto de no retorno: el mundo se encuentra “al filo de la navaja entre el colapso del derecho internacional y la posibilidad de su renovación”. Y esa renovación, afirma, solo puede llegar “si la complicidad se confronta, las responsabilidades se asumen y la justicia prevalece”.
Estados Unidos encabeza la lista de responsables. Dos tercios del armamento israelí proceden de Washington, que ha destinado más de 38.000 millones de dólares desde octubre de 2023 en ayuda militar directa y operaciones regionales. El informe documenta cómo tanto demócratas como republicanos han mantenido la cobertura diplomática de Israel, bloqueando hasta cinco resoluciones del Consejo de Seguridad que pedían un alto el fuego vinculante.
🚩My new report is out.
— Francesca Albanese, UN Special Rapporteur oPt (@FranceskAlbs) October 22, 2025
With their actions and omissions, third states have enabled the oppression of the Palestinian people and their genocide.
Those states have an obligation to stop their complicity and deliver justice.
And We The People, have to make it happen. https://t.co/vOuLFnhlBD pic.twitter.com/5QzQBbQJyP
OCCIDENTE, CÓMPLICE DEL CRIMEN
El informe también detalla cómo la arquitectura del genocidio se ha sostenido sobre el músculo económico y militar de Occidente. Alemania es el segundo mayor proveedor de armas a Israel, con más de 565 millones de dólares en exportaciones; el Reino Unido ha participado en misiones de vigilancia sobre Gaza mientras su primer ministro, Keir Starmer, defendía el “derecho” israelí a cortar agua y electricidad a la población civil.
Albanese denuncia que esas alianzas no solo han legitimado al régimen de apartheid israelí, sino que han “compensado la caída del comercio” que Israel habría sufrido sin la colaboración de países europeos y árabes. Entre los citados figuran Polonia, Grecia, Italia, Dinamarca, Francia, Egipto, Jordania, Marruecos y Emiratos Árabes Unidos, todos ellos acusados de contribuir a la economía de guerra israelí y de mantener su aislamiento internacional bajo mínimos.
La relatora apunta directamente a la hipocresía de los reconocimientos simbólicos de un Estado palestino mientras se mantiene la cooperación militar y comercial con Israel. “Esa pantomima de reconocimiento —ha declarado— sirve como coartada para no hacer lo urgente: detener el genocidio”.
Pese a la entrada en vigor de un alto el fuego, Israel mantiene ocupado más del 50 % del territorio de Gaza, y la situación humanitaria sigue siendo catastrófica. Más de 35.000 palestinas y palestinos han muerto desde 2023, según datos de la ONU y de organizaciones humanitarias, y las misiones de ayuda operan bajo fuego constante.
El informe de Albanese es una advertencia política y moral: las naciones que mantienen vínculos diplomáticos, económicos o militares con Israel “son responsables en alguna medida” de lo ocurrido. No hay neutralidad posible ante un crimen de estas dimensiones.
El genocidio de Gaza no se sostiene solo con bombas, sino con tratados, contratos y silencios.
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