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La mayor trama de corrupción política del siglo XXI en España terminó con un Gobierno caído, 94 condenados y más de 200 millones defraudados. Pero también con un nombre que la justicia prefirió no pronunciar en voz alta: Mariano Rajoy.
Durante casi dos décadas, la trama Gürtel se alimentó del dinero público, de las campañas electorales del Partido Popular y de un sistema político que convirtió la corrupción en rutina. Las sentencias dictadas por la Audiencia Nacional revelaron un mecanismo de saqueo sistemático que financiaba al PP con dinero negro mientras se enriquecían empresarios afines.
Sin embargo, entre los miles de folios, declaraciones y pruebas, quedaron tres preguntas sin respuesta. Tres agujeros que la justicia no quiso o no pudo cerrar. Y en el centro de todo, la sombra de “M. Rajoy”, las iniciales que el extesorero Luis Bárcenas anotó en su contabilidad paralela y que correspondían, sin duda, a Mariano Rajoy Brey.
La justicia lo salvó con un tecnicismo. Pero la historia no lo absolvió.
1️⃣ ¿DÓNDE ESTÁ EL DINERO?
Los tribunales acreditaron un fraude superior a 200 millones de euros entre adjudicaciones amañadas, comisiones ilegales y facturas falsas. Parte fue recuperada, parte rastreada, y una cantidad enorme se esfumó entre empresas pantalla, testaferros y paraísos fiscales.
Los documentos bancarios de Suiza, Liechtenstein o Panamá describían una ingeniería financiera milimétrica. Se movían fondos públicos a través de sociedades interpuestas, camufladas como gastos de campaña o consultorías ficticias. Ni el Banco de España ni la Agencia Tributaria lograron seguir el rastro completo del dinero.
Los condenados colaboraron a medias. Bárcenas calló. Correa dosificó sus confesiones. Y el Partido Popular, beneficiario directo, evitó cualquier responsabilidad más allá de devolver una parte mínima de lo robado.
Hoy nadie sabe dónde acabó el grueso de los millones defraudados. La Gürtel no fue solo un robo. Fue una lección de cómo el sistema puede perdonar a los ladrones si estos visten traje y trabajan para el poder.
2️⃣ ¿QUIÉN ERA “M. RAJOY”?
En los papeles de Bárcenas, figura un nombre escrito con prudencia criminal: “M. Rajoy”.
Junto a él, cantidades exactas: 25.200 euros, 33.207, 29.950… Año tras año. Entregas en efectivo. Pagos en sobres. Todo procedente de donaciones ilegales de empresarios a cambio de contratos públicos.
M. Rajoy era Mariano Rajoy. Lo sabían los peritos, lo sabían los periodistas y lo sabía el país entero. Las fechas y los cargos coincidían con su trayectoria en el PP. Pero el tribunal decidió no investigarlo directamente.
Rajoy negó los hechos en sede judicial y afirmó que “jamás había recibido dinero negro”. La Audiencia Nacional dio por probada la existencia de una caja B, pero se abstuvo de identificar al receptor de los pagos. Una pirueta jurídica que evitó su imputación y lo salvó del banquillo.
La justicia española lo protegió. No porque no hubiera indicios, sino porque procesar a un presidente en ejercicio habría sacudido los cimientos del Estado. La inicial quedó flotando como un símbolo de impunidad.
La historia recordará esa letra, no por su ambigüedad, sino por lo que revelaba: que en España la ley no pesa igual para todas y todos.
3️⃣ ¿QUIÉN SIGUE BENEFICIÁNDOSE HOY?
Diecisiete años después del estallido del caso, el modelo Gürtel no ha desaparecido.
Muchos de los empresarios condenados han vuelto al negocio con nuevas sociedades. Las mismas consultoras y constructoras reaparecen en contratos públicos con otros nombres.
El PP, pese a las condenas y a la moción de censura que derribó a Rajoy en 2018, sigue defendiendo que “ya se hizo justicia”. Pero la red de favores entre poder político y empresas afines continúa operando con discreción.
Las mordidas cambiaron de formato, no de lógica. Los eventos electorales, las concesiones y los “patrocinios institucionales” siguen moviendo dinero de todos hacia los de siempre.
Mientras tanto, quienes denunciaron —como José Luis Peñas, el exconcejal que grabó a Correa y destapó el caso— sufren ruina y amenazas. Los corruptos viven tranquilos. Los que hablaron, pagan el precio.
Mariano Rajoy fue “M. Rajoy”.
Y la justicia decidió mirar hacia otro lado.
Ese silencio, no las condenas, es el verdadero legado de la Gürtel.
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