El cadáver del Partido Demócrata estadounidense: complicidad, claudicación y crisis terminal
Lo que fue el partido de Roosevelt hoy es el cascarón vacío del capitalismo financiero progresista
Lo que fue el partido de Roosevelt hoy es el cascarón vacío del capitalismo financiero progresista
UN PARTIDO ZOMBI: VISTE DE AZUL, MANDA WALL STREET
El Partido Demócrata lleva décadas muriendo. Pero no es una muerte limpia. Es una descomposición lenta, salpicada de traiciones, discursos vacíos y pactos con el poder económico. Lo que fue el partido de los derechos civiles y el New Deal ha mutado en una máquina electoral vacía de ideología y rebosante de donaciones corporativas. Hoy, la figura de Joe Biden encarna mejor que ninguna otra esa senectud institucional: un presidente incapaz de hablar sin tropiezos, que firma sin temblarle el pulso ayudas militares de 100.000 millones de dólares mientras niega atención médica universal a su propia población.
En la campaña de 2020, la convención demócrata rechazó incluir el “Medicare for All” en su programa. No fue un descuido. Fue una declaración de principios. O mejor dicho, de obediencia: obediencia a las aseguradoras privadas, a la industria farmacéutica, a quienes se benefician del dolor y la enfermedad. Según OpenSecrets, en 2020 la industria financiera donó más al Partido Demócrata que al Republicano, rompiendo una tradición de décadas. ¿A cambio de qué? De mantener intacta la arquitectura neoliberal que convierte el acceso a la sanidad, a la vivienda o a la educación en privilegios y no en derechos.
Los nombres cambian, las traiciones se repiten. Obama rescató a los bancos, no a las personas desahuciadas. Clinton desmanteló el Estado social con su reforma del welfare. Biden militariza la frontera mientras sus portavoces recitan mantras progresistas. Y mientras tanto, la base social que alguna vez confió en los demócratas se ha ido rompiendo. Abandonada, precarizada, desencantada.
LA FICCIÓN DE LA RESISTENCIA: CÓMO EL PARTIDO DEMÓCRATA ALIMENTÓ A TRUMP
Durante el primer mandato de Trump, el Partido Demócrata jugó al juego de la resistencia estética. Camisetas con lemas, discursos en el Senado, promesas huecas. Pero detrás del espectáculo, el Partido Demócrata votaba sin pestañear los presupuestos militares, las renovaciones de la Patriot Act y los megaproyectos de infraestructuras que enriquecen a BlackRock y empobrecen a los trabajadores.
Es más, en muchos casos facilitó su ascenso. En 2016, el aparato del partido boicoteó a Bernie Sanders y blindó la candidatura de Hillary Clinton, una de las figuras más impopulares del establishment. No se trató de un error estratégico: fue un acto de autodefensa de la élite del partido ante la posibilidad de que un candidato con propuestas redistributivas y discurso popular movilizara a millones de jóvenes, racializades y trabajadoras precarias.
El Partido Demócrata no teme perder elecciones. Lo que teme es perder el control de su propia estructura.
En 2024, repitieron la fórmula: la Casa Blanca presionó para cerrar filas en torno a Biden, incluso cuando su capacidad física y política era más que cuestionada. Se sabotearon primarias, se ignoraron voces internas, se despreciaron propuestas de renovación. Y mientras la extrema derecha ganaba fuerza en barrios obreros del cinturón industrial, la dirección demócrata se refugiaba en universidades, think tanks y debates identitarios desconectados de la realidad material.
El resultado está a la vista. La popularidad de figuras como Zohran Mamdani, Jamaal Bowman, Cori Bush o Alexandria Ocasio-Cortez no es solo un fenómeno generacional o mediático: es la expresión desesperada de una base social que busca referentes reales, no hologramas progresistas con trajes caros.
La derrota simbólica del aparato demócrata no está en los votos que pierde, sino en los que ya no ilusiona. En los barrios que ya no pisa. En las huelgas que no respalda. En la juventud que ya no le escucha. En las cárceles, en las reservas indígenas, en los hospitales sin presupuesto, en los campamentos de personas sin hogar de San Francisco o Chicago. Ahí está su autopsia política.
El Partido Demócrata no ha sido derrotado por Trump. Ha sido devorado por su propio miedo a transformarse.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
STARSHIELD: la GUERRA PRIVADA (con dinero público) de MUSK #ReportajeSR
¿Es Elon Musk más poderoso que un Estado? Analizamos cómo SpaceX ha dejado de ser una empresa de cohetes para convertirse en el «sistema nervioso» de la guerra moderna. Desde el uso…
HANOVER INSTITUTE: cómo ISRAEL está HACKEANDO ChatGPT para engañarte #ReportajeSR
En este nuevo reportaje de SpanishRevolution, Patricia Salvador desvela una de las operaciones de desinformación más sofisticadas hasta la fecha: la creación del falso «Hanover Institute». ¿Cómo es posible publicar más de…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir