Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
– Francia investiga por primera vez como terrorismo un asesinato racista de ultraderecha
– Una bala en Puget-sur-Argens ha sacudido los cimientos de la hipocresía republicana
Javier F. Ferrero
Por fin. Ha tenido que morir otro hombre racializado para que el Estado francés, tan rápido en señalar barbas ajenas, se atreva a mirar el monstruo que alimenta dentro de sus fronteras. El pasado sábado, en la localidad de Puget-sur-Argens, fue asesinado a tiros Hichem Miraoui, tunecino de 46 años y peluquero, a manos de su vecino, un hombre blanco, nacido en 1971, que difundía mensajes de odio contra musulmanes en redes sociales, celebraba la violencia y acumulaba armas como quien colecciona souvenirs del odio.
El crimen es aterrador, pero lo que marca un punto de inflexión es lo que ha sucedido después: la Fiscalía Nacional Antiterrorista ha asumido por primera vez un asesinato racista vinculado a la extrema derecha como un acto de terrorismo. Francia ha tardado décadas. Han hecho falta miles de ataques, insultos, amenazas, mezquitas quemadas, mujeres agredidas por llevar velo, y asesinatos como el de este fin de semana para que el Estado deje de mirar hacia el islamismo como única fuente de terrorismo.
Hasta ahora, la Fiscalía se reservaba para casos como el Bataclán o ataques yihadistas. Cuando un supremacista blanco abría fuego contra migrantes o racializados, el discurso dominante hablaba de “trastornos mentales”, “lobo solitario” o “conflicto vecinal”. Esta vez, no. Esta vez, el Estado ha tenido que admitir que el terror también lleva uniforme camuflado, bandera tricolor y cuenta en TikTok.
UN VECINO, UN FUSIL, UN DISCURSO DE ODIO
El presunto asesino —cuya identidad no ha trascendido aún— era aficionado al tiro deportivo, tenía armas en su coche y un historial de publicaciones incitando a matar. Literalmente. “Dan ganas de sacar las armas y disparar”, escribió días antes del crimen. En otro mensaje, se burlaba de la “bella cultura musulmana” mientras llamaba a “decir basta a los musulmanes”. No se puede ser más claro. No se puede gritar más alto que el odio es el móvil.
En el mismo ataque, otro hombre, de origen turco, resultó herido. El patrón es inequívoco: objetivos raciales, discurso ideológico, voluntad de aterrorizar. El fiscal lo ha dicho: el asesinato fue cometido “por motivos de raza, etnia, nación o religión” y con intención de “perturbar el orden público, mediante el terror”. ¿Cómo llamarlo si no terrorismo?
Esto sucede un mes después del asesinato de un hombre maliense en una mezquita, un caso que no se consideró terrorismo porque —según la Fiscalía— el agresor no tenía una ideología articulada. Como si el racismo sistemático necesitara firmar manifiestos para existir. Como si el islamófobo promedio necesitara un carnet de miembro de Génération Identitaire para ser letal.
LA EXTREMA DERECHA NO ES UNA OPINIÓN, ES UNA ESTRUCTURA DE VIOLENCIA
El ministro del Interior, Bruno Retailleau, ha intentado enmendar el retraso institucional reconociendo que fue “sin duda un acto anti musulmán” y “probablemente también un crimen terrorista”. Pero es el mismo Retailleau que lleva años atizando el discurso antiinmigración y hablando de “pérdida de identidad nacional”. No es un aliado de las víctimas. Es parte del problema.
Como ha recordado el líder socialista Olivier Faure, el propio Retailleau “crea un clima de sospecha hacia los extranjeros o los franceses considerados como extranjeros”. Y ese clima es el caldo de cultivo de cada bala, cada apuñalamiento, cada amenaza. Banalizar el racismo lo convierte en política de Estado.
Mientras tanto, asociaciones como SOS Racisme y el abogado de la familia de la víctima han denunciado una “atmósfera de racismo” creciente en Francia. Lo que no dicen —pero todo el mundo sabe— es que esa atmósfera está oxigenada por medios, políticos y opinadores que llevan años normalizando que “la inmigración es un problema”, que “la seguridad está en peligro” y que “los franceses primero”. ¿Resultado? El crimen racial como acto cotidiano. Y ahora, por fin, la etiqueta de terrorismo.
NO ES UN CASO AISLADO, ES UN RÉGIMEN DE MIEDO
La extrema derecha francesa lleva décadas organizándose, desfilando, infiltrando cuerpos del Estado, y el 10 de mayo volvió a marchar por las calles de París con total impunidad. Cientos de neonazis, muchos con rostro cubierto, banderas rojas y negras, antorchas. ¿Se investiga eso como terrorismo? No. Se considera folclore político.
La decisión de la Fiscalía de tratar este asesinato como terrorismo abre la puerta a lo que debería haberse hecho hace años: perseguir a la ultraderecha como estructura criminal y no como simple opción electoral. Pero no basta con un gesto judicial. Hará falta desmontar los discursos, desmantelar los apoyos políticos y cortar el grifo de la financiación internacional.
Porque no es solo un asesino con pistola. Es el síntoma de una red que normaliza el odio, que señala a las víctimas como culpables y que lleva años camuflada bajo la retórica del patriotismo.
El fascismo no llama a la puerta con botas. Dispara desde la ventana del vecino.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
1 Comment
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
El museo de la mentira: la ultraderecha chilena quiere maquillar el golpe de Pinochet
La ultraderecha chilena ha encontrado una nueva forma de insultar a la memoria democrática: proponer un “museo de la verdad” para reinterpretar los años de Salvador Allende antes del golpe de Augusto Pinochet. No es una ocurrencia inocente. No es una disputa académica. No es un debate sereno sobre archivos, testimonios y complejidades históricas. Es otra cosa. Es una operación política para envolver el pinochetismo en papel institucional y venderlo como neutralidad.
Del uribismo a la ultraderecha TikTok: Colombia cambia de caudillo, no de amenaza
No es el fin del uribismo. Es su versión tuneada para la era Milei. Esa es la trampa. Presentar la pérdida de centralidad de Álvaro Uribe como una derrota limpia de su proyecto político permite olvidar lo esencial: muchas de sus obsesiones siguen intactas. La seguridad entendida como castigo. La patria convertida en propiedad privada. El enemigo interno como combustible electoral. La izquierda tratada no como adversaria democrática, sino como amenaza existencial. Cambia el rostro. No cambia el veneno.
El enigma León XIV: la izquierda aplaude al Vaticano sin que la Iglesia cambie una coma
El paso de León XIV por España ha dejado una imagen difícil de digerir: siete minutos de aplausos en el Congreso de los Diputados tras el sermón del pontífice. Siete minutos. No en una basílica, no en una plaza vaticana, no en un acto privado de creyentes. En la sede de la soberanía popular. Allí donde deberían hablar las leyes comunes, no los dogmas. Solo Podemos y BNG rechazaron la presencia de un líder religioso en ese espacio. El resto, de derecha y de izquierda, se puso a batir palmas como si la aconfesionalidad del Estado fuera un adorno constitucional para domingos sin misa.
Vídeo | Más de 30.000 personas ya han visto el #ReportajeSR sobre cómo Israel está cambiando las reglas del mundo
El nuevo trabajo de Reportajes SR, con Olga Rodríguez, analiza por qué lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia palestina, sino una advertencia global sobre la impunidad, el derecho internacional y la ley del más fuerte. Más de 30.000 personas han visto…
Vídeo | La batalla cultural ultra no empezó ayer: nuevo #ReportajeSR este domingo 14
El domingo 14, a las 15:00, estrenamos en nuestro canal de YouTube un nuevo #reportajesr: “Cómo la extrema derecha está ganando la batalla cultural”. La primera parte lleva un título que debería funcionar como advertencia: “Esto no empezó ayer”.
El reportaje, presentado por Patricia Salvador y dirigido por Lea Gugelmann, periodistas de Spanish Revolution, ya está disponible de forma anticipada para suscriptoras y suscriptores del canal.
Porque sí, la extrema derecha no empieza siempre gritando censura, deportaciones, recortes o mano dura. A veces empieza antes. Mucho antes. Empieza alterando el lenguaje. Empieza llamando “libertad” al privilegio de quienes más tienen. Empieza llamando “familia” a un modelo único y obediente. Empieza llamando “patria” a una frontera moral. Empieza llamando “sentido común” a una agenda profundamente reaccionaria.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
Un racista cometió un atentado, se atribuyó la responsabilidad política y manifestó, a través de sus publicaciones y vídeos, su apoyo inequívoco al partido de Lepen y a los identitarios( grupo suprema vista blanco). En la noche del 31 de mayo al domingo 1 de junio, en Puget-sur-Argens, Var, Christophe B. llegó armado a casa de su vecino tunecino, Hichem, donde se celebraba una fiesta. Asesinó a Hichem e hirió de un disparo a otras dos personas. Un ataque motivado por el odio propagado a diario por RN( partido Lepen) y medios de comunicación como Cnews.
Un partido y un canal deberían ser considerados corresponsables de la muerte de Hichem.
Sin embargo, nadie señala su responsabilidad directa.
Salud y anarkia