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El primer ministro israelí reconoce que permitió el envío de millones de Catar a Hamás para fracturar la causa palestina mientras bombardea Gaza y desafía a Europa
NETANYAHU ADMITE HABER FINANCIADO A HAMÁS PARA DIVIDIR A LOS PALESTINOS
Benjamín Netanyahu ha dicho en voz alta lo que muchos denunciaban desde hace años y otros preferían no escuchar. Que su Gobierno permitió —de forma deliberada y sostenida— que llegaran millones de dólares desde Catar al brazo armado de Hamás. Lo dijo este 21 de mayo de 2025, en una rueda de prensa pública, sin pudor ni matiz: “Queríamos mantener divididos a Hamás y la Autoridad Nacional Palestina”. La frase no se escapó; fue una confesión política.
La operación empezó al menos en 2018, cuando el gabinete de seguridad israelí aprobó por unanimidad que Catar enviara unos 30 millones de dólares mensuales a Gaza. ¿A cambio de qué? De mantener el tablero palestino roto, enfrentado, frágil. Lo destapó una investigación del Shin Bet, el servicio interior de inteligencia israelí, y lo confirmó ahora el propio Netanyahu, después de años negándolo y tildando de “ridículas” las acusaciones.
El mismo Netanyahu que usó la existencia de Hamás como excusa para bombardear sin tregua Gaza y rechazar la solución de dos Estados, alimentó con fondos extranjeros la estructura de poder que hoy dice combatir. ¿Cómo se llama cuando alguien fabrica al enemigo que luego usa para justificar sus crímenes? En política imperial, se llama cinismo. En derecho penal, se llama complicidad.
Mientras tanto, la Franja de Gaza se ahoga entre escombros, cadáveres y hambre. Desde octubre de 2023, más de 50.000 personas han sido asesinadas —según cifras del Ministerio de Sanidad de Gaza y confirmadas por agencias como la ONU—, en un cerco militar que impide la entrada de agua potable, medicinas y alimentos básicos.
Y aun así, Netanyahu insiste: “Seguiremos haciendo lo necesario para completar la guerra”. Incluso si eso implica desobedecer a Europa, enfrentar sanciones o reventar lo que queda del Derecho Internacional.
EL CINISMO GEOPOLÍTICO DE UN LÍDER EN GUERRA CONTRA EL MUNDO
La rueda de prensa en Jerusalén no fue solo una confesión. Fue una advertencia. Netanyahu se mostró desafiante frente a la Comisión Europea, que ha abierto el debate sobre si suspender el acuerdo de asociación con Israel por violación sistemática de los derechos humanos. Reino Unido, Francia y Canadá ya han amenazado con “medidas concretas” si no cesa la ofensiva militar y no se permite la entrada inmediata de ayuda humanitaria.
Netanyahu responde con una mezcla de arrogancia e impunidad: “Europa no nos hará abandonar nuestros objetivos”. Entre esos “objetivos” está el control militar total de Gaza. En sus palabras: “Todas las zonas de la Franja estarán bajo seguridad israelí”. No es una operación puntual. Es una ocupación permanente, con lenguaje de exterminio: “limpiar de terroristas” todo el territorio. La limpieza étnica ya ni se disfraza.
Mientras el Ejército israelí pide a la población que evacúe 13 zonas del norte de Gaza, como Beit Lahia o el campo de Yabalia, las bombas siguen cayendo sobre civiles indefensos, refugiados sin salida, familias atrapadas en el sur.
La escalada alcanza también Cisjordania. Este mismo miércoles, un grupo de 25 diplomáticos europeos y árabes fue tiroteado por soldados israelíes en Yenín, mientras visitaban un campo de refugiados. El Movimiento Hamás denunció el ataque como “una violación flagrante de todas las normas internacionales”. El Gobierno español ha convocado al embajador israelí para exigir explicaciones. Pero las respuestas llegan cargadas de desdén.
La arrogancia de Israel ha convertido el crimen en política exterior. Ya no necesita negar los hechos: los reivindica. Financia a Hamás, bombardea hospitales, dispara a diplomáticos y niega el derecho a existir de todo un pueblo. Y cuando se le recuerda que esto puede tener consecuencias legales, responde que asumirá las sanciones. Con la misma frialdad con la que decide a quién mata hoy.
El relato de la “democracia asediada” se desmorona. Netanyahu no es un dirigente que lucha por sobrevivir. Es un estratega del caos, un arquitecto del terror con cobertura internacional, un operador que ha hecho de Hamás su justificación perpetua. Lo que Israel llama “guerra” es una estrategia de fragmentación y exterminio.
El presidente israelí ha negado además cualquier conflicto con Donald Trump, a quien agradece el impulso de los Acuerdos de Abraham. “Nos coordinamos, dialogamos, respetamos sus intereses”, dijo. Como si el actual presidente estadounidense, también acusado de crímenes de guerra por su apoyo a esta ofensiva, fuera un socio confiable en esta maquinaria de destrucción.
Mientras miles mueren en Gaza, la maquinaria diplomática se desgasta con comunicados huecos. Netanyahu sigue ganando tiempo, destruyendo futuro y vendiendo como defensa lo que es una colonización violenta.
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Existe en éste momento un líder que tenga la decencia, el poder político y la determinación para detener ésta barbarie?
Tristemente la respuesta es: no.
Netanyahu ve terroristas hasta debajo de las piedras, y con ello quiere justificar una auténtica masacre y la exterminación de los palestinos. Y además, se siente fuerte porque tiene la ayuda incondicional de EE.UU., que menos democracia, vende de todo por todo el Mundo.