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Canarias vive una contradicción que quema por dentro: cada año bate récords turísticos mientras su población se empobrece. En 2024, las islas recibieron 17,7 millones de visitantes internacionales, más que Brasil o República Dominicana. Es un récord histórico. Pero ese dato de éxito esconde una verdad incómoda: Canarias es también una de las regiones con más paro, peores salarios y mayor riesgo de pobreza del Estado español. Y la ciudadanía ya no aguanta más.
El pasado domingo, más de 23.000 personas salieron a la calle en las siete islas, en Madrid, Barcelona y hasta Berlín, para exigir límites al turismo, moratorias hoteleras y una ley de residencia que frene la especulación. El grito fue unánime: “Canarias no se vende, se ama y se defiende”.
Récord turístico… ¿para quién?
Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2010 llegaron a Canarias 10,4 millones de turistas. En 2024, fueron 17,7 millones, un aumento del 70% en apenas catorce años. Y la tendencia sigue: ya van 21 meses seguidos con más de un millón de visitantes mensuales. En términos macroeconómicos, la industria turística representa cerca del 35% del PIB regional y emplea al 40% de la población ocupada.
Pero los beneficios no se reparten. Las grandes cadenas hoteleras, fondos de inversión extranjeros y plataformas de alquiler vacacional concentran la riqueza. Mientras tanto, el salario medio en Canarias es el segundo más bajo de España, y la precariedad es la norma en el sector: jornadas partidas, externalización, subcontratas y temporalidad.
“Allí donde voy veo turistas, pero eso no se nota en la sociedad. Solo notamos las consecuencias. El beneficio se lo llevan otros”, decían este domingo Fátima Pérez y su amiga Nora en Las Palmas de Gran Canaria.
La vivienda como campo de batalla
El aumento descontrolado del turismo ha disparado el precio de la vivienda. Según Idealista, el precio del metro cuadrado en alquiler se situó en abril en 14,6 euros/m², un 7,2% más que el año anterior, y el quinto más caro del Estado. En zonas como el sur de Tenerife o Lanzarote, el mercado está completamente capturado por el alquiler vacacional y las inversiones extranjeras.
Canarias es ya la cuarta comunidad más cara para comprar vivienda, por detrás de Madrid, Baleares y Euskadi. Pero con sueldos notablemente más bajos. Y es también una de las que más ha perdido poder adquisitivo en los últimos dos años. Resultado: jóvenes que no pueden emanciparse, familias hacinadas y trabajadores esenciales viviendo en caravanas o en otros municipios.
Pobreza estructural
El informe AROPE (At Risk Of Poverty and/or Exclusion) sitúa a Canarias con un 31,2% de su población en riesgo de pobreza, muy por encima de la media nacional. En 2023, llegó incluso al 33,8%. Además, es la cuarta región con más paro (13,5%) y una de las más vulnerables en términos sociales y laborales.
¿Cómo es posible que el turismo viva su mejor momento y la población canaria uno de los peores?
La respuesta está en el modelo: un sistema económico basado en el monocultivo turístico, que devora territorio, encarece la vida y excluye a quienes lo sostienen. Un modelo donde los beneficios quedan en manos de los grandes operadores, mientras los costes recaen sobre la población residente: desde los servicios públicos colapsados al acceso imposible a la vivienda.
Protestas y propuestas
Frente a este panorama, el movimiento ciudadano ha planteado una serie de demandas muy claras:
- Moratoria hotelera y vacacional real
- Ley de residencia para limitar la compra masiva de inmuebles por parte de no residentes
- Ecotasa real sobre el turismo, como ya existe en Baleares
- Paralización inmediata de macroproyectos ilegales (como Cuna del Alma o La Tejita)
- Ley de vivienda que frene la especulación y garantice el acceso
- Transparencia y fiscalidad justa en el sector turístico
Los manifestantes acusan al Gobierno de Canarias de actuar como una inmobiliaria al servicio de intereses privados. Y denuncian que no ha habido voluntad política real de cambiar el rumbo tras las históricas protestas del año pasado.
¿Y qué hace el Gobierno?
El presidente Fernando Clavijo (Coalición Canaria) y su consejera de Turismo, Jessica de León (PP), han empezado a hablar —tímidamente— de una ley de residencia y de revisar la fiscalidad del sector. Pero la ciudadanía no se fía. “Quienes gobiernan han decidido seguir dándonos la espalda”, decía el manifiesto leído en las marchas. “La respuesta ha sido perversa”.
Además, tanto Clavijo como De León se han opuesto históricamente a cualquier tipo de ecotasa o limitación directa al número de turistas o de viviendas vacacionales. Mientras tanto, la Comisión Europea no ha ofrecido ninguna solución estructural más allá de las competencias municipales y autonómicas.
Un paraíso que se desangra
Canarias es un ecosistema único, con zonas de alta protección ambiental, una biodiversidad irrepetible y pueblos con siglos de historia. Pero la turistificación masiva arrastra su identidad y su territorio: urbanismo desmedido, playas privatizadas de facto, acuíferos sobreexplotados, carreteras saturadas, barrios expulsados.
La población canaria ha dicho basta. Y esta vez no son solo ecologistas o activistas: son estudiantes, camareras de piso, pensionistas, sanitarios, docentes, pequeños empresarios. Es un pueblo que ha comprendido que el falso progreso no es progreso si se basa en la precariedad, la desigualdad y la expropiación de lo común.
Conclusión:
Canarias vive la paradoja de tenerlo todo para ser un ejemplo de sostenibilidad y bienestar… pero estar cada vez más cerca del colapso social y ecológico. Lo que está en juego no es solo el futuro del turismo: es el derecho de la población a vivir en su propia tierra.
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La derecha,no mira ppor los derechos del pueblo,mira ppara que se enriquezcan sus afínes.
Pues imagínate donde estaríamos sin el turismo y si volvemos a lls tosmtes y plátanos. Ah no, que ya no queda no eso… Deberían quejarse por la inmigración ilegal, la inseguridad, los parados y la invasion de Marruecos en Canarias