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«Le pegaron en la cabeza y en el estómago. Estaba sangrando cuando llegaron los soldados y lo sacaron de la ambulancia»
El cine, cuando incomoda al poder, se convierte en un arma peligrosa. Hamdan Ballal, codirector de No other land, el documental sobre la ocupación israelí en Cisjordania que ganó el Oscar en 2025, fue linchado por colonos israelíes y detenido por el ejército de Israel en Cisjordania. Su paradero sigue siendo desconocido. Ballal fue atacado en su propia aldea por un grupo de colonos armados y enmascarados que, tras golpearle brutalmente, impidieron que recibiera atención médica y lo entregaron a las fuerzas de ocupación.
EL ATAQUE Y LA DETENCIÓN: VIOLENCIA EN VALSERA ABIERTA
Los hechos ocurrieron el lunes 24 de marzo en Susiya, una aldea palestina en Masafer Yatta, al sur de Hebrón. Según testigos presenciales, alrededor de una decena de colonos israelíes irrumpieron en la aldea armados con porras, cuchillos y al menos un rifle de asalto. Entre los testigos estaban cinco activistas estadounidenses judíos que habían acudido para documentar la agresión.
«Le pegaron en la cabeza y en el estómago. Estaba sangrando cuando llegaron los soldados y lo sacaron de la ambulancia», denunció Yuval Abraham, codirector de la película, en la red X. La escena fue capturada en vídeo: un hombre enmascarado empuja a otra persona, que huye junto a dos más en un coche mientras se escuchan impactos de piedras.
Joseph, un activista del Centro para la No Violencia Judía, declaró a The Guardian que «unos 15 colonos armados rodearon a Ballal, comenzaron a tirar piedras y reventaron un depósito de agua cerca de su casa». Después, le rompieron el coche a pedradas y le pincharon las ruedas. Lo peor llegó cuando los soldados israelíes entraron en la casa de Ballal y, en lugar de protegerle, le detuvieron y se lo llevaron.
Los colonos, cada vez más envalentonados por el gobierno ultraderechista de Netanyahu, actúan con una impunidad que resulta alarmante. Los ataques a aldeas palestinas y las invasiones de propiedades han aumentado en los últimos meses. El pasado domingo, una familia israelí ocupó una casa palestina en Hebrón mientras sus habitantes estaban fuera para romper el ayuno de Ramadán. La familia palestina llamó a la policía, pero esta se negó a intervenir.
Los colonos alegaron que habían comprado la casa. La familia lo negó rotundamente. La policía israelí no solo no actuó para restablecer el orden, sino que consolidó el acto de robo amparando a los colonos. El mensaje es claro: la limpieza étnica avanza y el gobierno israelí lo respalda.
‘NO OTHER LAND’ Y LA DENUNCIA DE LA LIMPIEZA ÉTNICA
No other land no es solo un documental. Es una denuncia abierta y documentada de la limpieza étnica que Israel lleva a cabo en Palestina. El largometraje fue realizado por un colectivo palestino-israelí formado por Basel Adra, Hamdan Ballal, Yuval Abraham y Rachel Szor, dos palestinos y dos israelíes. La película aborda cómo el ejército israelí ha destruido sistemáticamente la aldea de Masafer Yatta bajo el pretexto de que se trata de una «zona militar de entrenamiento».
Durante la gala de los Oscar, Basel Adra fue directo: «Pedimos acciones para acabar con esta injusticia y la limpieza étnica del pueblo palestino». Señaló también la responsabilidad de Estados Unidos: «Una solución sin supremacía étnica es posible, pero Estados Unidos bloquea cualquier intento de resolución».
La película expone la realidad de las familias palestinas que ven cómo sus casas son demolidas, sus campos destruidos y sus vidas marcadas por la violencia de una ocupación que dura ya más de siete décadas. El gobierno israelí defiende que las tierras de Masafer Yatta son estratégicas para la seguridad nacional. Para los palestinos, son su hogar.
La historia de Masafer Yatta se remonta a los años 80, cuando el ejército israelí declaró la zona como «área de tiro» para maniobras militares. Desde entonces, más de 1.000 personas han sido desplazadas de sus hogares. La Corte Suprema de Israel dictaminó en 2022 que el ejército podía continuar con las expulsiones, consolidando así la política de limpieza étnica con un barniz legal.
Los responsables de No other land documentaron este proceso con rigor y valentía, exponiendo no solo las demoliciones y las expulsiones, sino también la resistencia de las comunidades palestinas que intentan sobrevivir en medio de la ocupación. El documental se estrenó en la Berlinale, donde recibió una ovación y fue premiado, antes de alzarse con el Oscar al Mejor Documental en 2025.
EL SILENCIO CÓMPLICE DE OCCIDENTE
La agresión a Hamdan Ballal no es solo un ataque a una persona o a una obra cinematográfica, sino un mensaje de poder: quien ose documentar la realidad de la ocupación será perseguido. La impunidad con la que actúan los colonos y el ejército israelí solo es posible porque Estados Unidos y Europa miran hacia otro lado.
Joe Biden, que aplaudió la victoria de No other land en los Oscar como «un ejemplo de diálogo y entendimiento», guarda ahora silencio. El Departamento de Estado ha evitado pronunciarse sobre el ataque a Ballal y la detención por parte de las fuerzas israelíes. La narrativa oficial de Washington sigue sosteniendo el derecho de Israel a «defenderse», aunque la realidad sobre el terreno es la de una ocupación militar y una política de apartheid.
Mientras tanto, Hamdan Ballal sigue desaparecido. El ejército israelí no ha ofrecido ninguna explicación sobre su paradero ni sobre las circunstancias de su detención. La maquinaria del Estado colonial israelí avanza, respaldada por el silencio de sus aliados occidentales.
No other land demostró que la resistencia no solo se libra en las calles de Cisjordania, sino también en las pantallas de los cines. Pero esa resistencia tiene un precio. Hamdan Ballal lo está pagando ahora mismo.
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