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Alberto Núñez Feijóo ha protagonizado un fallido espectáculo en su afán de erigirse presidente del Gobierno. Parecía que Galiza le quedaba pequeña, y en su ambición, se aventuró a un terreno donde el moderado ‘barón’ gallego nunca debió poner un pie.
Arrastrando consigo los votos de Vox, UPN y CC, el resultado ha sido un tango frustrado de 178 noes frente a 172 síes, una danza que ha dejado al PP en un festín de sombras. ¿Podía esperar Feijóo un destino diferente al aliarse con la extrema derecha? Tal compromiso no ha traído más que desdén y una posición más aislada para el PP. Un moderado, dicen, nunca debería danzar con el lobo.
Este juego ha revelado un Congreso fragmentado, una derecha dividida y un Feijóo, resignado pero batallante, expuesto a los caprichos de Abascal. Sus diatribas contra las fuerzas independentistas dibujan un escenario desolador para su partido, marcado por el menosprecio de Vox al Estado de las Autonomías.
La moderación que un día predicó se disuelve en un cuadro de extremismo y desencuentro, dejándonos preguntándonos si el líder gallego, finalmente, no debería haberse quedado en su tierra
Parece que la ambición de Feijóo le ha llevado a un callejón sin salida, entre la polarización exacerbada y un teatro político repleto de sarcasmo e ironía. La dicotomía entre sus pretensiones moderadas y su coqueteo con la ultraderecha, lo pintan como un actor desencajado en un escenario de contradicciones y confrontaciones.
Este viernes, el repiquetear de la votación de investidura volverá a llenar el Congreso, y el PP, enredado en sus contradicciones, se debatirá entre sombras y luces. La mirada de Feijóo, dividida entre la esperanza y la resignación, es el reflejo de una España que, como él, busca su identidad y su destino.
En su imprudente baile con la extrema derecha, Feijóo ha tejido una narrativa de incoherencia y desencuentros. La moderación que un día predicó se disuelve en un cuadro de extremismo y desencuentro, dejándonos preguntándonos si el líder gallego, finalmente, no debería haberse quedado en su tierra, lejos de un teatro donde la coherencia y el consenso son solo actores secundarios en una tragicomedia de desencuentros.
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