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El coste de una adopción a través de una empresa privada puede llegar a triplicar la media nacional para un proceso de este tipo
Se estima que aproximadamente un millón de familias están buscando adoptar actualmente en EEUU y la mayoría de ellas prefieren adoptar bebés, pero como el sistema público de adopción no alcanza para satisfacer la demanda, muchos estadounidenses pagan miles de dólares para cumplir su sueño de ser papás y, en muchos casos, lo hacen a través de agencias privadas de adopción.
Maureen Flatley, experta en supervisión y reforma en el sistema de adopciones y bienestar familiar, ha explicado a la BBC que «la adopción privada se da cuando una persona embarazada que no puede o no quiere ser madre de su hijo toma la decisión de trabajar con una agencia o un tercero para poner a la criatura en otra familia, pero de manera absolutamente voluntaria».
Flatley añade que a diferencia de lo que pasa en el sistema público, en el que hay agencias federales que supervisan los procesos de adopción, el sector privado sufre de una falta seria de regulaciones.

Además, indica que lo que existe en el país es un panorama crecientemente preocupante en el que a los padres se les presiona para que entreguen a sus hijos. «Vemos muchas veces que todo termina siendo una decisión económica».
Las agencias privadas asesoran a los posibles padres adoptivos, como a los niños (si están en edad de comprender) e incluso a los padres biológicos del niño y facilitan la transición a la nueva familia.
Sin embargo, entre las desventajas con las que cuentan estas agencias se encuentran que son entidades muy selectivas ya que exigen información muy específica sobre el estado civil, nivel de ingresos, condiciones de salud, religión que practica, orientación sexual… Además, cobran unas sumas de dinero mucho mayores que las agencias públicas.
El caso de Shyanne Klupp
BBC ha relatado el caso de Shyanne Klupp, una estadounidense que tomó la decisión de dar a su bebé en adopción en 2009, solo unas semanas después de enterarse de que su esposo en aquel momento era un «criminal peligroso» y contactó con un servicio privado de adopción.
Al llegar a la semana 35 de su embarazo, Shyanne cambió de opinión y contactó a la agencia privada de adopciones para saber qué opciones tenía para poder quedarse con su bebé. La agente del servicio privado de adopción le dijo que los padres adoptivos habían invertido tanto dinero en ello que la demandarían para recuperarlo y le recomendó entregar a su bebé para evitar la demanda.
La agencia le escondió deliberadamente a la mujer, como a otras muchas con situaciones similares, que podía recibir algún tipo de ayuda gubernamental. Al escuchar a otras mujeres que van a grupos de apoyo a compartir sus experiencias con agencias privadas de adopción, Shyanne se dio cuenta de que estas agencias se aprovechaban de mujeres vulnerables.
Después de casi perder la vida durante el parto de tres días y una cesárea, lo primero que hizo Shyanne al despertar de la anestesia fue pedir ver a su bebé. Con el bebé vinieron también un trabajador social y a los padres adoptivos con los papeles que la mujer debía firmar para que los dejasen ir del hospital.
«Yo todavía estaba extremadamente confundida y estaba con muchos medicamentos del hospital. Sin embargo firmé», dijo Shyanne recordando que fue la primera y última vez que vio a su hijo.
Después de su experiencia Shyanne Klupp se ha convertido en una activista en favor de una reforma de las adopciones. Hoy tiene tres hijos y además es madre adoptiva temporal en el estado de California. Muchas veces piensa en su primogénito y se pregunta si va a tener la oportunidad de conocerlo algún día.
«Trataré de contactarme con él en cuanto pueda, pero quisiera que él tomara la iniciativa porque al final, a pesar de que me presionaron, tomé una mala decisión y no es culpa de él cómo terminó todo», señala Shyanne. «Solo quiero que sepa que sí lo amé y que amaría tenerlo nuevamente en mi vida», añade.
Otra adopción a través de una empresa privada
Mary y su esposo John (nombres ficticios), que viven en Ohio, adoptaron a su hija en 2013 a través de una empresa privada y dicen querer volverlo a hacer, pero esta vez de una manera distinta, básicamente porque el coste total de su primera adopción alcanzó los 70.000 dólares, cuando el promedio nacional para un proceso de estos es de 25.000 dólares.
Ahora han puesto su perfil en su cuenta de Instagram y también han probado con un par de agencias de publicidad online. Facebook e Instagram se han convertido en una nueva opción para que las personas interesadas en adoptar o en dar un niño en adopción puedan conectarse.
«Hay grupos que te permiten publicar una descripción corta propia una vez al mes, para cualquiera que esté interesado en encontrar una familia adoptiva, y se puede revisar si hay familias que quieran hablar contigo más profundamente», cuenta Mary de su experiencia con las redes.
Pero la falta de regulación se extiende. «Recibimos una gran cantidad de correos electrónicos de adultos de distintos países del mundo, preguntando si los podemos adoptar», añade Mary.
Maureen Flatly dice que este tipo de interacciones directas entre personas interesadas en adoptar y personas interesadas en dar un niño en adopción a través de las redes sociales es «una preocupación seria» ya que «estos niños no son autos, no son aviones, son seres humanos. Y la manera en la que están siendo casi intercambiados es una locura».
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