Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
¿Qué papel jugó Isabel Díaz Ayuso en las decisiones que llevaron a miles de muertes? ¿Por qué no se trasladaba a los ancianos a los hospitales si no tenían seguro privado?
Durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19, uno de los capítulos más oscuros se vivió en las residencias de mayores de la Comunidad de Madrid. La gestión de estos centros, bajo la dirección de Isabel Díaz Ayuso, ha sido duramente criticada desde entonces, pero recientemente nuevas revelaciones han encendido aún más la polémica. Las actas publicadas en exclusiva por El Diario han sacado a la luz un entramado de decisiones y protocolos que, en lugar de proteger a los ancianos, parecían condenarlos a una muerte segura.
Las actas que lo cambian todo
Las actas reveladas detallan cómo durante los primeros meses de la pandemia, en la primavera de 2020, la Comunidad de Madrid estableció criterios que impedían el traslado de los residentes enfermos de COVID-19 a los hospitales, a menos que tuvieran un seguro privado. Esta distinción cruel y desigual no solo subrayó las diferencias socioeconómicas en el acceso a la salud, sino que, según los documentos, miles de personas murieron en las residencias sin recibir los cuidados necesarios o paliativos.
Estos documentos desmienten la versión oficial sostenida durante meses por Ayuso, quien ha defendido que no existieron protocolos discriminatorios y que la mortalidad en las residencias fue una consecuencia inevitable de la pandemia. Sin embargo, las actas muestran una realidad mucho más cruda: no fue el virus el único culpable, sino las decisiones políticas que marcaron quién tenía derecho a ser atendido y quién no.
Decisiones políticas y negligencia
Uno de los aspectos más alarmantes que se desprende de las actas es la falta de asistencia hospitalaria a los residentes. En muchos casos, se documentan situaciones en las que las ambulancias se negaban a trasladar a los enfermos porque no cumplían con los “criterios” impuestos por la Consejería de Políticas Sociales de Madrid. Estos criterios, en la práctica, negaban el derecho a ser tratado en un hospital a muchos ancianos, condenándolos a morir en condiciones de abandono en las residencias.
Además, las actas también reflejan cómo los centros estaban desbordados, con personal insuficiente y agotado, incapaz de hacer frente a la magnitud de la crisis. Mientras tanto, Ayuso mantenía un discurso público que minimizaba las críticas y desviaba responsabilidades, asegurando que se había hecho todo lo posible. Las cifras de más de 6.000 fallecidos en las residencias madrileñas cuentan una historia diferente.
La respuesta de Ayuso
Isabel Díaz Ayuso ha intentado, desde el inicio de la crisis, distanciarse de las acusaciones, asegurando que las muertes en las residencias fueron una tragedia inevitable y no el resultado de malas decisiones. Sin embargo, la publicación de las actas ha puesto en entredicho esa versión. Los documentos dejan claro que hubo protocolos discriminatorios y que la falta de acción fue una decisión política, no una imposición del contexto sanitario.
Ayuso, en más de una ocasión, ha llegado a decir que «los ancianos se iban a morir igual», un comentario que ha sido ampliamente criticado y que, a la luz de las nuevas revelaciones, suena aún más deshumanizador. La realidad es que muchos de esos ancianos podrían haber tenido una oportunidad de sobrevivir si hubieran recibido atención hospitalaria o, al menos, cuidados paliativos dignos.
La justicia que nunca llega
A pesar de la gravedad de los hechos, las posibilidades de que se depuren responsabilidades parecen lejanas. Los familiares de los fallecidos han luchado incansablemente por justicia, y aunque las actas publicadas por El Diario han dado un nuevo impulso a su causa, el Gobierno de Ayuso sigue evitando reconocer cualquier tipo de error o responsabilidad. La presidenta de la Comunidad de Madrid continúa en su estrategia de defensa, protegiéndose tras el argumento de que las decisiones fueron tomadas en un contexto de emergencia sanitaria.
Lo que queda claro con las actas es que no fue solo el virus lo que mató a miles de ancianos en las residencias de Madrid. Fue también una gestión política que priorizó criterios económicos y privatizadores sobre el cuidado y la protección de los más vulnerables. El escándalo de las residencias madrileñas será recordado como uno de los episodios más vergonzosos de la gestión de la pandemia en España, y aunque Ayuso siga sin asumir responsabilidades, la memoria de lo sucedido queda registrada en cada una de esas actas.
¿Qué será lo siguiente?
El impacto de estas revelaciones está lejos de terminar. El debate sobre la gestión de las residencias y la falta de atención hospitalaria durante los momentos más críticos de la pandemia continuará resonando en la sociedad española. Las actas publicadas son solo el comienzo de lo que puede ser una larga lucha por justicia, y aunque Ayuso siga firme en su estrategia de negación, la presión de los medios y de los familiares de las víctimas no dejará que esta historia caiga en el olvido.
El episodio de las residencias de Madrid es un triste recordatorio de cómo las decisiones políticas pueden tener consecuencias fatales, especialmente cuando se trata de los más vulnerables. Mientras las actas sigan siendo analizadas, el papel de Isabel Díaz Ayuso quedará cada vez más claro, y con él, la pregunta de si alguna vez se hará justicia.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
1 Comment
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
Tenemos oppusticia nasizional,dudo que acabe en prisión;en china,hacen pagar la bala,al ejecutar,a un corrupto..