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En medio de la oscuridad que cubre a Ecuador, el presidente Daniel Noboa declara la existencia de un «conflicto armado interno». La nación sudamericana se ve envuelta en una espiral de violencia sin precedentes que ha llevado al mandatario a ordenar a las fuerzas militares que restauraran el orden en sus calles. ¿Qué ha llevado a este punto de crisis? Vamos a analizar las tres claves que arrojan luz sobre esta terrible realidad.
1. Poder de las bandas criminales
Ecuador, en los últimos tres años, ha sido testigo de un dramático aumento en la inseguridad. En 2023, el país alcanzó un récord histórico de homicidios, con un escalofriante total de 7,878 muertes, de las cuales apenas se resolvieron 584 casos. ¿Qué ha contribuido a este auge de la violencia? Ecuador se ha convertido en un centro regional crucial para el almacenamiento, procesamiento y distribución de drogas, un hecho que ha fortalecido a más de 20 bandas criminales que operan en su territorio.
Estas organizaciones, cuyas operaciones tienen como epicentro las cárceles, han establecido sólidos vínculos con los gigantes del narcotráfico en México y Colombia. Los nombres de algunas de estas bandas resuenan en los titulares de los medios: Los Choneros, Los Lobos, Los Lagartos o Los Tiguerones. Estos grupos protagonizan episodios de violencia extrema, ya sea en conflictos internos o enfrentando al gobierno, a las instituciones y a la sociedad ecuatoriana.
Un ejemplo escalofriante de la influencia de estas bandas es el asesinato en agosto del año pasado del candidato presidencial Fernando Villavicencio a manos de sicarios a sueldo. Un crimen aún sin resolver que muchos analistas relacionan directamente con el crecimiento de estas organizaciones criminales.
La presencia omnipresente de estas bandas en la sociedad ecuatoriana se ha ampliado gracias a los fondos generados por el narcotráfico, extendiendo sus tentáculos no solo a la población sino también a las propias instituciones, a través de la corrupción.
Andrés Chiriboga, analista político ecuatoriano, señala que «las bandas buscan poner condiciones al poder político y demostrar que tienen el control en el país». Esta infiltración ha llevado a fugas espectaculares de líderes criminales, como la de Adolfo Macías, conocido como «Fito», quien desapareció de la prisión mientras cumplía una condena de 34 años por delincuencia organizada, narcotráfico y asesinato. Durante su fuga, graves motines estallaron en al menos seis cárceles, con informes de que varios guardias fueron tomados como rehenes por los prisioneros, incluyendo la fuga de otro líder mafioso, Fabricio Colón Pico, alias «El Salvaje», jefe de Los Lobos. Estos acontecimientos llevaron al gobierno de Noboa a declarar un estado de excepción por 60 días.
2. La presidencia de Daniel Noboa
Daniel Noboa asumió la presidencia el 23 de noviembre, hace apenas un mes y medio. Su breve tiempo en el cargo no le ha impedido hacer de la seguridad uno de los pilares fundamentales de su mandato. Sus propuestas se centraron en la economía y, sobre todo, en la seguridad, lo que le valió el apoyo mayoritario de los ecuatorianos en las urnas.
A pesar de su presentación como un político moderado, sus medidas apuntaron directamente a debilitar a las bandas criminales. Propuso reformas profundas en el sistema carcelario, con la creación de un sistema de segmentación que permitiera aislar a los presos más violentos y peligrosos. Además, planteó la instalación de cárceles flotantes en barcazas para internar a delincuentes peligrosos lejos de la costa y evitar que continuaran operando desde prisión.
Noboa también abogó por la penalización del consumo de drogas a pequeña escala, la creación de un sistema de jurados para delitos graves y la inversión en tecnología avanzada, como drones y radares, para neutralizar la delincuencia organizada en las vías y fronteras del país.
Sin embargo, estas medidas y propuestas parecen haber actuado como un detonante para la respuesta de las bandas criminales. Chiriboga sostiene que «las mafias vinculadas al narcotráfico han reaccionado para mostrar que están en capacidad de ponerle un cerco a la democracia». El reciente decreto de estado de excepción emitido por Noboa, en respuesta a la fuga de «Fito» y los posteriores motines, parece haber avivado aún más la respuesta de las bandas, que tomaron un canal de televisión como rehén.
3. El control del narcotráfico
Ecuador se ha convertido en una pieza clave en el negocio del narcotráfico. El Departamento de Estado de EE.UU. estimó en 2019 que aproximadamente un tercio de la cocaína producida en Colombia pasa por Ecuador antes de dirigirse a Norteamérica y Europa. En los últimos años, la nación ha ganado protagonismo en el mercado internacional de drogas, en gran parte debido al aumento en el decomiso de narcóticos, el descubrimiento de laboratorios y el crecimiento alarmante de la violencia.
Las bandas criminales más poderosas, incluyendo Los Lobos, Los Choneros o Los Tiguerones, han establecido sólidos vínculos con los carteles de narcotráfico. Históricamente, estas organizaciones ecuatorianas operaban de manera fragmentada, actuando como subcontratistas de organizaciones criminales extranjeras, pero la desmovilización de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y otros grupos vinculados al narcotráfico en Colombia condujo a una descentralización de las cadenas de producción y distribución de cocaína.
Grupos disidentes de las FARC y otras organizaciones relacionadas con el narcotráfico se establecieron en la frontera ecuatoriana, en los departamentos colombianos de Nariño y Putumayo, y se asociaron con carteles mexicanos y organizaciones europeas, principalmente de los Balcan
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