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El sistema tributario, ese complejo entramado que debería garantizar la equidad y la justicia fiscal, parece tener un sesgo que favorece a los más acaudalados. Las cifras hablan por sí solas: 24.000 personas con altos ingresos reciben una ayuda anual de Hacienda para pagar sus viviendas, con un total de 25 millones de euros. ¿Cómo es posible que un sistema que debería ser progresivo y equitativo termine beneficiando a quienes más tienen?
Carlos Sánchez Mato, economista, no duda en señalar la ironía de la situación en un artículo de Eduardo Bayona en Público: «Enlace: Artículo 31 de la Constitución se retuerce hasta que dice lo que algunos quieren que diga». Este artículo establece que todas las personas contribuyentes deben aportar al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica. Sin embargo, la realidad muestra que las rentas más altas son las principales beneficiarias de las rebajas fiscales.
LOS IMPUESTOS INDIRECTOS: ¿UNA CARGA PARA LAS MASAS?
El 40% de los ingresos tributarios estatales proviene de impuestos indirectos como el IVA. Estos gravan el consumo de bienes y servicios sin considerar el nivel económico de quien consume. Además, se incluyen rebajas fiscales que, sorprendentemente, benefician en su mayoría a quienes tienen las rentas más elevadas. Por ejemplo, las exenciones para servicios de sanidad y enseñanza superan los 5.000 millones de euros anuales, mientras que las vinculadas a servicios sociales y promoción personal apenas alcanzan los 843 millones.
El IRPF, que representa más del 40% de los ingresos impositivos del Estado, también presenta distorsiones. Las personas con rentas más altas obtienen deducciones significativas, superando en número y cuantía a su representación entre el total de contribuyentes. Datos de 2021 revelan que el 0,62% de las personas contribuyentes, aquellas que ingresan más de 150.000 euros al año, recibieron el 14% de las principales deducciones.
DEDUCCIONES: ¿UNA AYUDA PARA QUIÉN?
Es alarmante que 24.265 personas que declaran ingresos superiores a 150.000 euros al año puedan aplicar deducciones por valor de 25,6 millones de euros para aliviar las cargas hipotecarias. Esta ayuda, cerrada desde 2013, sigue siendo disfrutada por quienes accedieron antes de esa fecha. Además, 76.945 declarantes de ese nivel económico obtuvieron descuentos fiscales por donativos a fundaciones y ONG, representando el 7,2% del total.
Sánchez Mato critica esta situación: «Se debería financiar a estas organizaciones por otros medios. Al final, quienes realmente se benefician son las grandes fundaciones y las personas con mayores ingresos».
UNA BRECHA QUE CRECE
El sistema tributario español muestra claras desigualdades. Las deducciones fiscales parecen favorecer a las rentas más altas, mientras que las más bajas apenas se benefician. Las estadísticas de la Agencia Tributaria revelan que los tramos de renta más bajos tienen participaciones inferiores en beneficios fiscales, mientras que los más altos acceden a paquetes superiores.
Las ayudas a las que acceden estas rentas altas suelen ser las más cuantiosas. En el caso de la adquisición de vivienda, el beneficio fiscal de quienes obtienen rentas superiores a 150.000 euros supera con creces la media. Esta brecha se amplía aún más en deducciones por donativos o incentivos a la inversión.
UN LLAMADO A LA REFLEXIÓN
El sistema tributario, lejos de ser un instrumento de justicia y equidad, parece favorecer a las rentas más altas. Las cifras no mienten y muestran una realidad preocupante. Es esencial que se revisen y modifiquen estas políticas para garantizar un sistema verdaderamente progresivo y justo para todas y todos. Como señala Sánchez Mato, «las políticas que benefician a las rentas altas pasan desapercibidas, pero son verdaderamente perjudiciales». Es hora de un cambio.
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