Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La dictadura de Pinochet trató de ahogar voces y apagar llamas, pero el fuego de la resistencia, encendido por personas como Jara, nunca se extinguió.
50 años han tenido que pasar para que las y los jueces chilenos emitieran una sentencia definitiva que brinda cierta justicia en el asesinato simbólico del icónico cantautor chileno, Víctor Jara. No solo su voz fue silenciada con «44 balazos, varios dedos rotos, la lengua cortada y quemaduras de cigarrillos», sino que el propio emblema de resistencia fue arrastrado por un régimen que intentó, en vano, borrar las voces disidentes. ¿Qué temía tanto el régimen de Pinochet? No a las armas, sino a las palabras y melodías de aquellos como Jara.
Fue un septiembre negro para Chile, en 1973, cuando los corredores del Estadio Chile se convirtieron en el telón de fondo de la tortura y el exterminio. Ahí, «donde encerraron a más de 5.000 prisioneros», Jara y otros defensores de la libertad se enfrentaron a la cruel realidad de una dictadura que duraría décadas.
Pero no solo el cantautor sufrió ese destino. Littré Quiroga, director del Servicio de Prisiones de la época, también fue capturado y, con 33 años, hallado sin vida cerca del Cementerio Metropolitano. El duo fatal que representaban en muerte, simboliza a miles que enfrentaron un destino similar.
Hoy, al menos siete de esos militares retirados enfrentan una condena de 25 años, después de que «la Corte Suprema de Chile» cerrara el caso. Aunque algunos se preguntan: ¿Puede la justicia ser realmente servida después de medio siglo?
EL LEGADO DE JARA: MÁS ALLÁ DE LAS BALAS
«Los hechos reseñados (…) son reales», afirmó el alto tribunal. Y sí, los hechos son incuestionables. Pero lo que no puede ser juzgado o condenado es el legado imperecedero que dejó Víctor Jara. Aquel referente de la ‘Nueva canción chilena’ que continúa viviendo en las melodías que resuenan en las calles de Chile y más allá.
La dictadura de Pinochet trató de ahogar voces y apagar llamas, pero el fuego de la resistencia, encendido por personas como Jara, nunca se extinguió. Sus canciones siguen siendo un recordatorio de lo que significa luchar, resistir y, sobre todo, esperar.
En el mismo pulso de este asunto, no podemos olvidar la influencia internacional. El golpe de Estado que llevó al poder a Pinochet contó con el respaldo de fuerzas externas, «apoyado por el gobierno de Estados Unidos, por entonces presidido por Richard Nixon». La intromisión de potencias globales en asuntos nacionales sigue siendo una herida abierta en la memoria colectiva latinoamericana.
Ahora, a solo 15 días de conmemorar el medio siglo desde aquel Golpe de Estado, Chile vive momentos de polarización sobre cómo recordar aquellos tiempos oscuros. Sin embargo, las palabras del ministro de Justicia, Luis Cordero, resuenan como un intento de sanar: las sentencias no solo condenan a los culpables, «sino que también cuando se encuentra la historia de las víctimas».
La era de Pinochet dejó una estela de más de 40.000 víctimas. ¿Puede una sentencia de 25 años para siete individuos compensar esa enorme pérdida? Probablemente no. Pero en este capítulo de justicia, aunque tardía, se encuentra un país intentando enfrentar y reconciliarse con su pasado. Por Víctor Jara, por Littré Quiroga y por las miles de voces silenciadas, Chile continúa su lucha por la verdad, la justicia y la memoria.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir