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El Parlamento Europeo más derechista desde la Segunda Guerra Mundial deja un futuro incierto en derechos y libertades.
El 9 de junio de 2024 quedó marcado como un día oscuro en la historia política de Europa. Los resultados de las elecciones europeas consolidaron un Parlamento donde la derecha y la extrema derecha dominan la narrativa política con una hegemonía inédita. 375 de los 705 escaños pertenecen ahora a formaciones conservadoras, radicales y ultras, frente a los escasos 235 de las fuerzas de izquierda y ecologistas. El equilibrio de poder se inclina peligrosamente hacia una Europa que legitima y normaliza discursos xenófobos, misóginos y ultraconservadores.
Italia, Francia, Austria y la República Checa ejemplifican este giro. En Italia, Giorgia Meloni, líder de Fratelli d’Italia, ha consolidado su posición como primera ministra con un discurso que mezcla pragmatismo político y tintes autoritarios. En Francia, Marine Le Pen y su Rassemblement National han desplazado a la derecha moderada, transformándose en la principal fuerza conservadora del país. Solo tres Estados —Irlanda, Malta y Eslovenia— resistieron el avance ultra, quedándose sin representación de estas fuerzas extremistas.
Los analistas coinciden: Europa no había sido tan de derechas desde los años previos a la Segunda Guerra Mundial. La retirada de los cordones sanitarios que separaban a las derechas tradicionales de los extremistas ha resultado ser un catalizador clave. Este proceso no solo ha fortalecido a la ultraderecha, sino que también ha radicalizado a partidos moderados, como se evidencia en el giro de los populares españoles y alemanes hacia posiciones cada vez más restrictivas en temas como la migración o los derechos sociales.
MELONI Y LE PEN: LAS NUEVAS LIDERES DEL BLOQUE ULTRA
Giorgia Meloni se presenta como el rostro aceptable de una extrema derecha en ascenso. Su estrategia para desvincularse del pasado neofascista de Fratelli d’Italia ha resultado efectiva, atrayendo a votantes desencantados con la política tradicional y normalizando su discurso en la Unión Europea. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, avaló públicamente a Meloni, calificándola como una líder pragmática y fiable. Este apoyo no solo consolidó a Meloni en Italia, sino que también marcó un giro en la política migratoria de la UE hacia posiciones más restrictivas, inspiradas en el modelo italiano.
El Pacto Migratorio, aprobado este año, es un ejemplo claro de esta influencia. De los valores de acogida de Merkel se ha pasado a una “Europa fortaleza”, con políticas que priorizan la deportación y externalización del control fronterizo. Meloni no solo ha inspirado estas políticas; su propuesta de centros de deportación en Albania ha sido objeto de estudio en Bruselas. Incluso líderes socialdemócratas como Olaf Scholz han adoptado discursos duros sobre migración, poniendo en peligro pilares fundamentales como el espacio Schengen.
En Francia, Marine Le Pen continúa su ascenso imparable. Su estrategia de absorción de Los Republicanos, la derecha tradicional francesa, la ha colocado como una figura central en la política nacional. El pacto fallido del líder republicano Éric Ciotti con el RN para las legislativas de 2024 fue el clavo final en el ataúd de la derecha moderada francesa, dejando a Le Pen como la principal opción conservadora del país.
EL COSTE DEL SILENCIO: ¿DÓNDE ESTÁ LA IZQUIERDA?
Mientras la derecha y la extrema derecha ocupan el centro del escenario político europeo, la socialdemocracia está en retirada. Si las elecciones en Alemania confirman la derrota de Olaf Scholz, Pedro Sánchez será el único líder socialdemócrata de un gran país europeo. Solo Dinamarca y Malta permanecerán bajo gobiernos de izquierda, una minoría incapaz de contrarrestar la agenda reaccionaria de la derecha.
Sin embargo, los analistas no culpan a la izquierda del auge ultra, sino a una derecha moderada que ha adoptado el lenguaje y las políticas extremistas. Aun así, las izquierdas tienen retos urgentes. Pablo Simón señala cuatro frentes clave: la necesidad de vincular igualdad con crecimiento económico, abordar la precariedad laboral, priorizar la vivienda y liderar el debate migratorio. En este último punto, la izquierda ha cedido el terreno, permitiendo que la derecha monopolice la narrativa con mensajes de miedo y exclusión.
El Reino Unido, bajo el liderazgo del laborista Keir Starmer, muestra los peligros de una socialdemocracia que abraza recetas neoliberales. Las políticas de recortes a pensionistas y la falta de alternativas claras han generado desencanto, permitiendo a la extrema derecha, representada por Nigel Farage, ganar terreno. El espacio que deja el silencio de la izquierda lo ocupan quienes prometen soluciones rápidas, aunque basadas en el odio y la exclusión.
La Europa que normaliza a Meloni y Le Pen abre la puerta a un futuro incierto, donde los derechos conquistados durante décadas se erosionan ante el avance de la intolerancia y el autoritarismo.
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