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Este es un llamado para organizar una movilización internacional a gran escala el 18 de enero de 2025, combinando las luchas antifascista, ecologista y por la liberación de Palestina.
Nos rodean injusticias y barbaries nuevas y ya conocidas. La continuación del genocidio en Palestina por más de un año, la mayor incidencia de fenómenos climáticos extremos evidenciada por el desastre de la DANA en Valencia y el auge de la extrema derecha, reforzada por la elección de Donald Trump, no son fenómenos aislados: todos ellos ponen en relieve la crisis profunda de un capitalismo global depredador, cada vez más cansado e incierto y menos capaz de prometer futuro.
El retorno del fascismo nos coloca en pie de guerras civiles, nacionales, regionales y globales. Este retorno se alimenta de la falta de respuestas de nuestros gobiernos a las crisis sociales, políticas, económicas y energéticas de nuestro tiempo. Los nuevos partidos de extrema derecha aprovechan el fracaso de los gobiernos a la hora de afrontar estas crisis para introducir discursos de odio: odio contra las personas migrantes, contra las personas que desafían la norma cisheteropatriarcal, contra toda persona que cuestione los privilegios del hombre blanco sostenidos por la quema de petróleo. Ven en todos esos sujetos disidentes a los culpables de que se tambalee su modo de vida, ocultando o negando a los verdaderos responsables: el capitalismo, la avaricia de las minorías ricas, el imperialismo, el crecimiento desenfrenado.
Las guerras están matando a miles de personas en todo el mundo. El genocidio en Palestina, la invasión de Ucrania, los conflictos del Congo y Sudán del Sur son evidencia de la ambición de las élites por acceder a los recursos: tierra, agua, minerales, combustible. Todos ellos son reforzados por el ascenso del fascismo y reviven la nostalgia imperialista de ampliar fronteras y dominar al otro, de arrancarlo de su tierra y destruir su historia, como continúa haciendo sin escrúpulos el estado genocida de Israel. Todos tienen que ver con el tipo de lógica que nos ha llevado directas a la crisis ecosocial.
Mientras tanto, la crisis climática avanza cada día, volviendo la Tierra más cálida, más extrema, más peligrosa e inhóspita. En el Mediterráneo, una de las regiones del mundo que más rápidamente se calienta, la sequía, los incendios y las olas de calor se alternarán con fenómenos climáticos extremos cada vez más frecuentes, como la DANA, que a su paso por la provincia de Valencia ha dejado cientos de muertos y daños materiales incalculables. La complicidad de los gobiernos con la industria fósil que exacerba estos desastres se mezcla con su incompetencia para darles respuesta cuando ocurren, como se ha visto con la gestión de Mazón y el gobierno valenciano del PP y Vox. Y se mezcla, también, con la intervención corporativa y la proliferación de soluciones falsas que buscan sacar provecho de la crisis y no cuestionan los axiomas del crecimiento ilimitado y la acumulación capitalista. No habrá transición ni economía «verdes» sin democracia radical, sin lucha de clases, sin poner fin a la lógica extractivista que perfora la tierra y especula con ella aquí y más allá de nuestras fronteras, sin solidaridad internacional, sin impugnar y llevar mucho más allá las promesas vacías de los centros políticos, sin feminismo, sin antirracismo, y, sobre todo, sin combatir el fascismo.
No podemos cerrar los ojos. El fascismo, la guerra y la crisis ecológica se retroalimentan. Los fenómenos climáticos extremos y el expolio neocolonial de los recursos generarán cada vez más conflictos y personas desplazadas, que se agolparán contra las fronteras de muerte del Occidente-fortaleza. Esto alimentará discursos de odio cargados de racismo y el rechazo frontal a cuestionar el privilegio del hombre blanco cis, que aparece amenazado y hay que «blindar» a toda costa. Y, cerrando el ciclo, los partidos de derecha que lideran estos discursos continuarán agravando la crisia ecológica y las guerras con su negacionismo sistemático y su afán de apropiarse hasta del último pedazo de tierra.
En los últimos años, hemos visto grandes movilizaciones en torno a estas cuestiones. También contra el racismo, el feminicidio y la mercantilización de nuestros cuerpos y territorios, que en el estado español se siente especialmente en el régimen de turistificación neoliberal que nos expulsa de nuestras casas. Pero estas luchas no pueden seguir desconectadas, aisladas. Es momento de tratarlas como diferentes facetas de la misma crisis.
Tenemos que mirar al futuro con los ojos abiertos. Estamos en un momento de confluencia de catástrofes, pero también, por eso mismo, en un momento en que la organización y la unión entre luchas son más necesarias que nunca. Tenemos que responder. Tenemos que hacerlos retroceder. Y tenemos que hacerlo ahora.
El sábado, 18 de enero, salimos a las calles de nuestras ciudades para alzar nuestras voces contra el fascismo, la crisis ecológica, el genocidio y la guerra, y para demostrar que estamos organizadas, que estamos aliadas, y que esto no se quedará en una mera manifestación. No estaremos solas. Nuestras compañeras también saldrán a las calles en sus territorios en una oleada de movilizaciones internacionales.
Más información: https://thesurgeinternational.net/#castellano
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